La demostración de fuerza de los sindicatos fue contundente, en varios sentidos.

En primer lugar demostraron que la capacidad de logística y movilización para garantizar la concurrencia de trabajadores al evento sigue intacta, incluso los métodos, ya que en privado varios empleadores reconocen ‘peticiones’ de los gremios para liberar el egreso de trabajadores que van a concurrir a la manifestación.

Pero más preocupante que este tipo de ‘aprietes’ y la movilización compulsiva de trabajadores en micros contratados para la ocasión es que una vez más, la violencia entre facciones se hizo presente.

Como en un viaje al pasado, el sindicalismo argentino vuelve a resolver sus diferencias apelando a la violencia y envolviendo en ella, por ahora en parte, al resto de la sociedad argentina. Las imágenes de las grescas tras el escenario, el robo del atril desde el que hablaron los líderes sindicales y las declaraciones posteriores de algunos de los involucrados recrean hechos que los argentinos no queremos volver a vivir.

El líder de Camioneros, Pablo Moyano, manifestó que ‘un grupo de muchachos empañaron la marcha […] Hay 200 muchachos kirchneristas que se hacen los Rambo’ que sin dudas trae como recuerdo parte del discurso de Juan Perón en la misma Plaza, cuando el 1 de mayo de 1974 dirigiéndose a la multitud y tras tildar de estúpidos a los jóvenes de la JP que lo criticaban, manifestó que ‘a través de estos veinte años las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años.’

Las palabras de Moyano fueron en el mismo sentido, ‘marcándole la cancha’ a quienes criticaban a los líderes sindicales exigiéndoles mayor dureza respecto al gobierno y la fijación de una fecha concreta para la realización de un paro nacional.

Como ocurriera años atrás, una vez más una protesta sindical deriva en hechos de violencia. Una vez más, diversos sectores del peronismo pretenden dirimir de manera violenta sus diferencias en público e involucran en dicho proceso al resto de la ciudadanía.

Una vez más la sociedad argentina es empujada al seno de la interna peronista.

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