Completando la trilogía de notas sobre Corea, que iniciáramos con ‘Corea ya ganó’ y continuada con ‘La política del pajarito’ nos enfrentamos hoy a una nueva realidad en esta zona del mundo.

Por primera vez en la historia, se reunieron frente a frente el Presidente de los Estados Unidos de América y el Presidente de República Democrática de Corea. Algo que era impensado hace un año atrás y que parecía difícil cuando Corea del Norte acordó la participación en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang y comenzó a tomar forma tras el encuentro entre el presidente norcoreano Kim Yo-Jong y su homólogo surcoreano Moon Jae-in, finalmente se hizo realidad.

El encuentro en sí mismo ya tiene una trascendencia importantísima, no hay que olvidar que iniciamos este año con la amenaza norcoreana ‘Todo EE.UU. está al alcance de nuestras armas nucleares y tengo un botón nuclear en mi escritorio. Es una realidad, no una amenaza’ y la respuesta, doblando la apuesta, de Trump que afirmó que ‘Alguien de su régimen hambriento y empobrecido por favor infórmele que yo también tengo un botón nuclear, pero es mucho más grande y más poderoso que el suyo, ¡y mi botón funciona!’.

Todo parecía encaminarse a un conflicto bélico, tanto por las declaraciones públicas como por quienes las proferían, y sin embargo todo cambió repentinamente cuando, tal como solicitaba John Lennon, se le dio ‘una oportunidad a la paz’, y la diplomacia ganó terreno.

Hay que esperar su aplicación, pero el hecho que hayan firmado una declaración conjunta, aunque genérica, es un buen augurio. Corea del Norte se compromete al desarme nuclear y Estados Unidos a parar sus ejercicios militares con Corea del Sur. Esa es la clave del acuerdo y no hay muchas precisiones al respecto más que lo que estipula el acuerdo, en el que Estados Unidos no se involucra por escrito, aunque ya se comprometió a suspender los ejercicios militares en el sur de la península, que el propio Trump denominó ‘juegos de guerra’.

Esta situación geopolítica que 6 meses atrás era impensada hoy es una realidad. Es poco el avance real y mucho el avance simbólico. Y aunque muchos detractores del régimen norcoreano afirman que Estados Unidos ha sido muy benévolo con Kim Yo-Jong, Trump ganó mucho en el frente interno, puesto que ha logrado sentar a la mesa de negociación a un líder norcoreano por primera vez tras la guerra de Corea, y como primer consecuencia de ello, reducir drásticamente esta amenaza, puesto que Kim ya había anunciado que su ejército había desarrollado armamento para poder atacar territorio estadounidense.

Cuando todos lo esperaban, pero pocos lo creían, Donald Trump se metió en la historia y como en un diálogo con el pasado escuchó a John y Yoko, quienes decían ‘todo lo que pedimos es que le des una oportunidad a la paz’, el tiempo dirá si fue sólo una mise-en-scène o realmente es un cambio de época.

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