No encuentro palabras para calificar los despropósitos que, estos últimos días, se han escuchado sobre la generosa donación que Amancio Ortega, el hombre más rico de España, ha hecho a la sanidad española.

La verdad es que me sorprenden las reacciones de ciertos colectivos. Pero lo que más me ha impresionado ha sido ver como profesionales sanitarios reniegan de estas donaciones y piden a los Gobiernos de sus respectivas Comunidades Autónomas que rechacen la parte proporcional que les corresponde de esos 320 millones de euros donados por el propietario de Inditex.

No logro entender el proceso mental por el que deducen que esa donación es, como se ha dicho, “una manera de limpiar su conciencia”, “una limosna para la sanidad”, “una forma de escurrir el bulto por su evasión de impuestos” o incluso “la respuesta a una presión del Gobierno”… ¿Cómo puede haber gente tan ilusa, de verdad?

Amancio Ortega, a través de su Fundación, dona este dinero porque quiere verdaderamente comprometerse con la lucha contra el cáncer, y tiene perfecto derecho a hacerlo, igual que muchos españoles, en la medida de nuestras posibilidades, colaboramos con la AECC cuando sacan a la calle las huchas para recaudar fondos.

Resulta que hemos llegado a un punto en que tenemos que dar explicaciones de en qué nos gastamos nuestro dinero… Deben ser estas las ventajas asociadas a eso que se llama “el cambio”, pero que debe estar por venir porque como sea esto… vaya decepción.

Pero hay un comentario que una reputada radióloga gallega, portavoz de la Federación de asociaciones de profesionales y ciudadanía interesados en la defensa y mejora de la Sanidad Pública, hacía hace pocos días y que me parece verdaderamente alarmante. La mujer en cuestión, decía:

“Estos equipos que va a comprar Amancio Ortega son tan absolutamente sensibles, que incrementan en un cuarenta y tantos por ciento la detección de lesiones tan pequeñas que no son visibles al ojo humano”

Me resisto a entender que, de sus declaraciones, se deduce que no quiere que se detecten, de manera precoz y anticipada, lesiones que, curadas a tiempo, pueden salvar vidas. Me niego a pensar que quería decir eso… Pero a las pruebas me remito.

Politizar hasta tal punto que empecemos a juzgar si las donaciones particulares se hacen con fines vaya usted a saber de qué tipo me parece excesivo.

Estamos hablando de vidas humanas, pero algunos parece que se han olvidado del verdadero significado de la palabra cáncer.

Es absurdo decir que con estas donaciones estamos privatizando la sanidad, que la defensa de la Sanidad Pública es incompatible con la aceptación de donaciones particulares o llegar a afirmar, incluso, que éstas se producen por presiones políticas para trasladar a este ámbito del debate un tema sanitario.

España posee un Sistema de Salud único en Europa, destina cada año muchos millones de euros a la Sanidad pero, como es lógico, no va a rechazar las donaciones que personas individuales, empresas, fundaciones, entidades sociales… quieran realizar para mejorarla.

No nos engañemos: la donación de Amancio Ortega, como muchas otras, no son un reemplazo a los fondos públicos, sino una ayuda, un empujón para que la Sanidad mejore y sea aún más eficaz de lo que ya es. Solo los necios niegan la evidencia.

Como en todos los aspectos de la vida, quedan muchas cosas por mejorar en este sector, y siempre quedarán, porque la tecnología, la ciencia, avanza más rápido de lo que lo hacemos nosotros, pero eso no es motivo para renegar de nuestro sistema y considerarnos con la superioridad moral de controlarlo nosotros.

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Actualmente me formo en el Colegio San Agustín de Salamanca, donde estoy acabando 2º de Bachillerato, y en mi tiempo libre me dedico a mis dos grandes aficiones: la política y el periodismo. En el primer ámbito, formo parte de las NNGG del Partido Popular de Salamanca y en el segundo colaboro, como es el caso, con todos aquellos medios de comunicación en que tenga oportunidad de expresarme, ya sean digitales o impresos, locales, regionales o nacionales.

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