En el Centro de Adultos La oreja verde hemos tenido una visita importante, nada menos que un ministro. Y de Educación, que es lo nuestro. Quien ha venido ha sido Ángel Gabilondo, grande en todos los sentidos, y más aún en persona. Catedrático de Filosofía, Rector de la Autónoma, Presidente de la Conferencia de Rectores del Estado Español, Ministro de Educación, Portavoz en la Asamblea de Madrid, apabulla sin pretenderlo con este historial. Por eso sorprende y se agradece sobremanera el trato tan humano que nos dispensa desde que entra por la puerta.

Sin entretenerse. Porque enseguida coge el micro, se pone de pie, y va a lo suyo, es decir, toma la palabra. A partir de ese instante, como un prestidigitador, comienza a embelesar a las cien personas que componen su auditorio. Habla del esfuerzo que se transmite de padres a hijos sin necesidad de palabras, por imitación. De que el profesor ha de ser generoso con sus discípulos. Que tiene que buscar en ellos sus virtudes y no los defectos. De la necesidad de querer a los alumnos, en el sentido de marcar un camino para recorrer con ellos, el que les conducirá a aprender juntos.

Con él ha traído a más gente principal. A Aristóteles, que no encuentra el pobre una Facultad en la que matricularse pues a él le interesa desde la Ética a la Biología, pasando, por supuesto, por la Filosofía. A Camus, al ácido Ciorán, al prusiano Kant para invitarnos a pensar, a atrevernos a razonar.

Nos recuerda que los lugares se llenan también con palabras. Con el tiempo, poco a poco. Así nos vamos identificando con ellos, nos vamos encariñando. Con la casa familiar, o la de los abuelos, por ejemplo. Esto explica el apego que tenemos a la Biblioteca en la que escuchamos esta conferencia, la de nuestra Oreja Verde. En ella hemos aprendido antes con otros personajes ilustres como Ramón Irigoyen, o Javier Puebla, hemos disfrutado de la música de Javier Bergia y  Begoña Olavide, nos ha sorprendido la magia de Luis Boyano, y por supuesto, hemos impartido y recibido cientos de clases de Literatura, de Historia, de Arte.

Conceptos como el de respeto, democracia o enseñanza cobran un sentido especialmente vigoroso cuando los trata alguien como este Catedrático de Metafísica. Profesor ante todo, dignifica la profesión, y ensalza la tarea de los docentes.

“He salido con un orgullo enorme por ejercer mi oficio” comenta con agradecimiento a la salida uno de los directores que han asistido a la conferencia.

Porque ha sido una reflexión sobre lo que implica la tarea de enseñar en nuestros días. No se trata ya, sin más, de que el profesor explique, de que hable a los alumnos. Tampoco de que estos se encuentren solos en la búsqueda de la información. Lo que tiene que suceder es que el maestro ha de marcar un camino hacia el conocimiento que tiene que recorrer de la mano de sus discípulos incentivando, ayudando a que surja la curiosidad, buscando en ellos no sus defectos, sino sus virtudes con el fin de potenciarlas.

Cuando termina, Ángel, tremendamente amable, habla con todos, se fotografía con quien se lo pide: los  representantes de la Asociación de Alumnos, los Directores de los CEPAs de la zona, profesores, amigos. Y aún consigue un minuto de tranquilidad para escribir en nuestro libro de la Biblioteca, el cuaderno en el que todo el que ha querido ha ido anotando lo que le ha sugerido cada acto de los que hemos desarrollado aquí durante años.

Gracias por vuestro esfuerzo y vuestra labor, por el compromiso con la palabra justa… Que este espacio de cultura y de educación siga vivo y activo, y permanezca en su ubicación querida y sentida en “La oreja verde” de Galapagar. Un fuerte abrazo amigos y amigas. Ángel Gabilondo.

Nuestro agradecimiento para ti, por tu respaldo, por tu visita a esta pequeña escuela, y sobre todo, por tu lección magistral. Porque nos has demostrado que para ser un buen maestro hay que preocuparse por los que te acompañan en la búsqueda del conocimiento.

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