La prestigiosa revista científica Lancet, que elabora un ranking de los sistemas sanitarios de los diversos países del mundo, ha situado en su última edición a España, a nuestro sistema sanitario, en el puesto 19 del mundo. Una catástrofe. Sobre todo teniendo en cuenta que siempre nos habíamos movido entre los 10 mejores sistemas sanitarios del mundo, y que hace apenas unos años ocupábamos el séptimo puesto. Ahora bien, este descenso brutal en el ranking no es más que una catástrofe anunciada, que un desmoronamiento que se veía venir. Y es que los recortes en Sanidad, la falta de inversión, el descenso acelerado de recursos destinado a nuestro sistema sanitario público, tienen estas consecuencias.

España invertía en Sanidad en el año 2011 el 6,47 % de su PIB. En el año 2018 ese porcentaje se ha reducido al 5,87 % del PIB. Y lo que es peor; en los sucesivos planes de Estabilidad enviados a Bruselas, y en un acto que perfectamente podría ser calificado como un delito de Alta Traición a España y a los españoles, se contempla que en el 2021 ese porcentaje baje al 5,59 %. España pues, mientras en el resto del viejo continente se mantenían constantes los parámetros de gasto en Sanidad, ha ido reduciendo su inversión, y hoy ocupamos el puesto decimoséptimo, por detrás de Noruega, que invierte un 8,7 % de su PIB en Sanidad, Alemania, Francia o la República Checa.

Estas políticas, estos recortes, van además mucho más allá de las cifras. Y es que se cobran vidas. Así de claro. Tal vez por ello, Amnistía Internacional y otras organizaciones han denunciado que “las políticas de austeridad han deteriorado el acceso a la sanidad a las personas con rentas bajas en España”, y la propia revista Lancet ha señalado en un editorial el deterioro del sistema sanitario español en “accesibilidad y asequibilidad”. ¿Cuántas personas, cuántos españoles han muerto como consecuencia de este retroceso de inversión en Sanidad? Es difícil cuantificarlo, y en España a diferencia de otros países no se ha hecho un estudio serio. Pero si en Gran Bretaña, en el 2013, los propios informes oficiales cifraban en miles de personas los muertos fruto de los recortes sanitarios, en España nos podemos hacer una idea. ¿Y cómo calificar estas políticas que cuestan la vida a compatriotas, a conciudadanos?

Los culpables de esta situación tienen nombres y apellidos. Y van desde el señor Rajoy, hasta los señores Más y Puigdemont, y todos aquellos que se plegaron a los recortes y que no hicieron nada para revertirlos. Y si no hace nada para evitar el techo de gasto, para que la inversión en Sanidad aumente y al menos se recupere y serán igualmente culpables aquellos que callen. Y que conste que, si la situación no se ha deteriorado más, si la catástrofe no ha sido mucho mayor, es merced a los magníficos profesionales, desde los médicos, enfermeros, auxiliares, etc, que trabajan en la sanidad pública española. Y lo mismo podríamos decir de la educación y de los diversos servicios públicos. Pero no se pueden hacer milagros. Por ello, frente a las diversas cortinas de humo a las que son tan aficionados los políticos, sus continuos intentos de centrar los debates en temas estériles y secundarios, es la hora de que los ciudadanos digamos basta. Y es que señores políticos; ¡es la inversión y los recursos, estúpidos!

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