En junio de 2014, en San Vicente de la Cabeza (Zamora), el parricida Raúl Álvarez acabó con la vida de su pareja, Adolfina Puello S., y de su hijastra, Argelys de 9 años; ambas de origen dominicano. Cinco meses después del crimen, sus cuerpos fueron encontrados en un pozo cercano a un río en dicho municipio donde, el asesino confeso las arrojó.

Según relata la sentencia al parecer, Raúl tomó por sorpresa a su mujer y, sin que pudiera defenderse, la asfixió. Seguidamente, y tras escuchar ruidos, su hijastra acudió a ver qué pasaba y fue entonces cuando decidió terminar con la vida de la menos empleando un método similar que no se ha podido determinar con exactitud. Aunque se dice que pudo ser por asfixia y/o sofocación.

Ahora, tres años después de los hechos, se ha sabido que la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado Raúl Álvarez del Río a 37 años de prisión –de los cuáles sólo cumplirá 25 años de condena máxima, según lo establecido en el artículo 76 del Código Penal- por el doble delito de asesinato con el agravante de parentesco, tras de ser juzgado por un Juzgado Popular el pasado mes de febrero. Una resolución ante la que cabe la posibilidad de interponer un recurso de apelación en un plazo límite de diez días.

Aún así, y pese a intentar mostrar su arrepentimiento durante el juicio, “estoy muy arrepentido. Fue un arrebato. No entra en mi moral”, el acusado deberá indemnizar a los familiares de las dos víctimas dominicanas con 60.000 euros por matar a su pareja y 45.000 euros por hacer lo mismo con la hija de esta.

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