La noche empieza a encajar los primeros golpes que le lanza el amanecer. Pero todavía se resiste y repliega sobre sí misma -la noche- para preservar el poder de la obscuridad. Y en esa aún densa negritud no cualquiera puede ver la silueta grande y silenciosa que se desliza hacia la zona de los garajes del circuito de Albert Park.

Los animales sí, desde el ornitorrinco hasta los diablos de Tasmania pasando por los dingos, echidnas o wómbats; los animales sí son consciente de la silueta que con tanta facilidad se camufla en la obscuridad, pero ninguno parece experimentar el menor recelo o temor.

La noche ya está cediendo, claudicando ante los golpes y zarpazos de la luz. Pierde fuerza y autoridad la noche, adelgaza a cada instante que pasa a mayor velocidad. Han llegado -con luces, músicas y retazos de conversación- los primeros vehículos transportando a los inteligentísimos seres humanos hasta el circuito cuyo corazón es un lago artificial. Es hora de comenzar a trabajar.

-¿Qué es eso?

-Yo no he visto nada.

-Pues yo sí. Una sombra.

-Bah, sería un dingo.

-Era demasiado grande para ser un dingo.

-Pues un canguro, joder, ya sabes que aquí hay cantidad de bichos raros. Mientras no sea un maldito cocodrilo.

La sombra se ha pegado a la pared del garaje de la escudería Mercedes. Está agachada, la sombra, a cuatro patas, la sombra sigilosa, lamiendo con su larga lengua rosa las manchas de agua, gasolina y aceite que hay sobre el suelo.

-¡Joder! ¡Es un tigre!

-¡Un tigre!

Y se enciende primero una linterna y luego otra y otra.

Los humanos retroceden espantados, aterrados. ¿Desde cuando hay tigres en Australia?

-¿Qué pasa aquí?

Es Niki quien habla, el gran capo y gran madrugador. Ese gesto indomable y característico en sus ojos: cerebro, entrañas y valor. Con la mano diestra enciende los interruptores que despiertan la luz eléctrica y con la siniestra engarfia una barra de hierro. Será un espía. O algún loco. Quizá un ladrón.

Se hace la luz. El tigre, los bigotes manchados de aceite y gasolina, retrocede, se pega a la pared apoyado únicamente sobre las patas traseras, y sucede la transformación. Ahora el tigre es un hombre, un hombre con un mono de piloto, aunque no es de tela blanca, sino amarilla y negra, por eso, se tranquiliza Niki, lo han confundido con el rey de los felinos.

-¿Quién eres?

Aún no es consciente el hombre de la cara amasada por el fuego que él es el único que puede verlo, que quienes le rodean se han mirado extrañados los unos a los otros al escucharle hacer la pregunta, incapaces de entender lo que sucede, preocupados por si el gran capo ha perdido la razón.

Entonces el hombre que era un tigre, o lo parecía, se acerca con pasos pausados hasta quien le ha preguntado. Lleva el pelo recogido en una coleta, barba de varios días y huele de modo extraño, quizá a aceite o quizá a burbon: gasolina es el alcohol.

Se acerca a Niki mucho, muchísimo, hasta el punto de que le basta con un susurro para desvelar su identidad:

-Soy el piloto número 21.

Traga saliva el campeón, pero asiente y comprende, barre con los ojos los rostros que tiene alrededor, ya consciente de que nadie más puede ver al hombre que le acaba de hablar, porque es un fantasma. El piloto 21…; durante muchos años lo estuvo viendo, y hasta hablaba con él, después de Nurburgring 1976. Si ahora le respondiese le tomarían por loco, así que se limita a hacer un gesto de complicidad al fantasma; gesto que oculta, con gran cuidado, a los demás.

El hombre que era un tigre que bebía del suelo: agua, gasolina y aceite, sonríe dejando al descubierto unos colmillos exageradamente afilados, amarillentos, antes de pegar los labios al oído del único humano que puede verlo y volver a susurrar:

-Soy el mismo, pero no soy el mismo, aunque por supuesto sí que soy yo. Y desde luego voy a correr este año, en todos y cada uno de los grandes premios. Y llegará un momento, te lo prometo, en que no sólo podrás verme tú.

La luz vence definitivamente a la noche. El hombre con traje de piloto amarillo con rayas negras sigue allí y comienza a caminar con pasos largos en dirección al lugar donde duermen los animales naranja mclaren. Nadie le va a detener ni preguntar. Es un fantasma. Es un alma pura en un mundo donde en apariencia todo es materia, metal, plástico, caucho y rugido de motor.

 

(continuará)

 

Otro burbon, por favor.

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