Un pueblo de bueyes o ¿un pueblo de bueyes? ¿Queda margen para la duda? Esa tal vez sea la penosa pregunta que debamos hacernos hoy los españoles.

Unamuno afirmaba que los españoles constituían “un pueblo enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia y a soportar la opresión”. Por el contrario, en su célebre Vientos del pueblo me llevan, escrito en 1937, Miguel Hernández se enorgullecía de no pertenecer a un “pueblo de bueyes”. ¿Tenía razón Unamuno? ¿Somos o no somos un pueblo de bueyes? Pues a día de hoy la respuesta que podemos dar es un tanto desoladora. Y es que los ejemplos se agolpan.

En primer lugar vemos cómo la factura de la luz alcanza, ante la pasividad general, su máximo histórico en plena ola de frío. Tenemos una de las energías eléctricas más caras de Europa, y todavía más cuando las ligamos al poder adquisitivo, tal y como ha demostrado ANAE (Asociación Nacional de Ahorro y eficiencia Energética). Ello ha provocado que, según diversos estudios de la Asociación de Ciencias Ambientales, 7.000 españoles mueran cada año fruto de la pobreza energética. Todo esto además en un contexto en el que la propia UE ha apreciado subvenciones públicas excesivas a las eléctricas españolas, eléctricas españolas que no tienen ningún rubor en mantener en nómina a un amplio número de expolíticos con varios expresidentes del gobierno al frente. ¿Y cómo reacciona la ciudadanía española ante esta situación? Silencio.

El mismo silencio que se mantiene ante la pérdida del poder adquisitivo de las pensiones, que al subir, según lo decretado por el gobierno, un 0,25 % anual mientras el IPC ha subido un 1,5 % en 2016, han iniciado el año con una pérdida de más de un punto. Claro que, tal vez sea peor la resignación y la mansedumbre con la que por un lado se comenta por parte de muchos que los “pensionazos” de Zapatero y de Rajoy se traducirán en una pérdida del poder adquisitivo de las pensiones futuras de más de un 40 % en apenas un par de décadas, mientras que por parte de otros se asume directamente que nunca podrán cobrar una pensión. Lamentable.

También podríamos hablar, enlazándolo con lo anterior, con toda esa gente que ya ha renunciado a la posibilidad de cobrar una pensión de jubilación, de que España se ha situado en un paro estructural, según el Banco de España, de un 18 %, y que el propio BBVA dice que se mantendrá en esa cifra muchos años. O de un paro juvenil que supera el 50 %. O de una reforma laboral perpetrada por el PP que precariza el empleo y derrumba los salarios. ¿Qué reacción hay?

¿Cómo afrontan además los españoles la tremenda desigualdad que se ha instalado en nuestro país y que cada día crece más? ¿Se asume como algo normal que las 3 personas más ricas de España acumulen la misma riqueza, según Oxfam Intermón, que el 30 % de nuestros compatriotas menos afortunados, que 14,2 millones de conciudadanos? ¿Se ve lógico que los salarios más bajos se hayan contraído en un 28 % entre el año 2008 y 2014?

Por no hablar, evidentemente, de un sistema fiscal regresivo, de un país donde las élites perpetran a plena luz del día la elusión fiscal y donde el fraude fiscal de los poderosos está a la orden del día. O de una Ley Mordaza que ha supuesto una pérdida enorme de libertades para este país, y que no tiene otra misión que el miedo.

Podríamos seguir poniendo ejemplos así ad nauseam. Y sin ni siquiera tocar la corrupción o los tremendos hachazos que han propinado a nuestro Estado de Bienestar. Podríamos seguir así. Y la respuesta, hoy por hoy, es el silencio de los españoles, la resignación; ¿la mansedumbre? Es por ello por lo que debemos decidir si el título de este artículo es afirmativo o todavía puede dar margen a la duda. Queda poco tiempo para decidir si somos o no un pueblo de bueyes, para ver si Miguel Hernández se equivocaba o no. Y la respuesta de momento, y a los resultados de las elecciones me remito, es desoladora.

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Licenciado en Historia. Profesor de Secundaria en la enseñanza pública. Articulista en diversos medios digitales e impresos de la Comunidad Valenciana.

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