Al igual que un sondeo electoral no puede ir más allá del análisis, más o menos atinado, del clima social que se está viviendo en el momento en que se elabora; un resultado electoral da cuenta de lo sucedido, y no de lo que podría haber sido si…, o de lo que será si no… Pero, a diferencia de lo que algunos parecen haber aprendido tras los reiterados revolcones de los escrutinios a las demoscopias, parece que la mayoría de los opinadores están dispuestos a estrellar sus vaticinios postelectorales contra el destino.

Lo que parecía evidente era que la maquinaria del “sentido común” iba a mantener su rumbo contra viento y marea, y así ha sido; a los editorialistas y columnistas me remito. Pero reconozco que no había llegado a atisbar que la uniformidad de pensamiento estaba tan firmemente consolidada; lo que me lleva a pensar que es mi opinión la equivocada. Ahora bien, como el error sirve básicamente para disuadir a los despistados aprendiendo del mismo, pueden ser útiles estos apuntes que se limitan a describir lo acontecido, sin ningún ánimo prospectivo:

  • La derecha sigue siendo una máquina electoral perfectamente engrasada, básicamente gracias a la uniformidad de su discurso y a la disciplina de sus estructuras. Ni una sola concesión a la discrepancia interna ni en el PP ni en el PNV; un rocoso alineamiento interno de las opciones ideológicas que apadrinan las jerarquías empresariales y eclesiásticas en los respectivos territorios. Así el PP gana en Galicia porque conserva en exclusiva la franquicia conservadora, y el PNV hace lo propio en Euskadi.
  • Quien se limita a ejercer la condición de subalterno del titular de la franquicia, está condenado de antemano a la irrelevancia. Es lo que le ha sucedido en este caso a Ciudadanos respecto al PP (por cierto nadie ha considerado pertinente sugerirle a Rivera su dimisión por un resultado que se traduce en la nada parlamentaria en ambos territorios) y en buena medida lo que le ha sucedido al PSE, en relación con su apoyo al PNV, en este segundo caso teniendo en cuenta además el contorsionismo ideológico que ello ha conllevado.
  • A una fuerza nacionalista sólo puede disputarle su electorado otra fuerza nacionalista. Así el PP es incapaz de hacer mella en el amurallado espacio del PNV, a pesar de sus afinidades que son muchas (la inteligencia de los populares reside en que han renunciado a cualquier veleidad de ese tenor, lo que a su vez les hace acorazados en territorios como Galicia en los que el independentismo es incompatible con la derecha). Mientras que por la izquierda En Marea y Elkarrekin (Podemos no pasa del papel de organización vicaria en estos comicios autonómicos en ambos casos) han definido con claridad un ideario pseudo-soberanista, que les ha permitido pescar con cierto éxito en los caladeros del BNG y de Bildu; siendo así que los flirteos nacionalistas del PSdeG le dejan sin espacio propio.
  • Y la izquierda, entendiendo por ella a todo lo que se posiciona al otro lado de los límites de PP y PNV, sigue viviendo una interminable contienda en la cual los primeros objetivos a batir son los potenciales aliados, antes que los naturales adversarios ideológicos. Esto dibuja un panorama idílico para las fuerzas conservadoras, ya que la fragmentación del voto progresista seguirá allanándoles el camino a la victoria mientras no cometan errores tan absurdos como el que les ha llevado en Cataluña a la disolución. Pero siendo evidente lo anterior, no lo es menos que los conflictos internos son letales (PSOE y Podemos están siendo triturados por sus propias dinámicas orgánicas, sus luchas intestinas y sus juegos de tronos).
  • Por último, se demuestra que un partido no nacionalista puede ser una referencia ganadora para el electorado en territorios con una nada despreciable implantación de tendencias independentistas, siempre y cuando haga visible un proyecto nítido, autónomo y previsible, tal y como venimos viendo en Galicia convocatoria tras convocatoria. Lo que parece condenado al fracaso son las medias tintas.

Post data: la corrupción pasa mayor factura a los que la toleran que a los que la practican.

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