Los datos suelen ser la mejor forma de saber si se tiene, o no, justificación para sumarse a una huelga, como la que hay convocada este 8 de marzo que, por primera vez, insta a todas las mujeres a dejar lo hacer lo que tenían previsto durante media hora, sólo de 12.00 a 12.30. Un breve intervalo de tiempo suficiente para saber en qué se ocupan el resto del año. ¿Y qué hacen?

Basta con remitirse a uno de sus quehaceres diarios: cuidar. Europa tendrá en el año 2017, 73,4 millones de jubilados que en el 2025 alcanzará la cifra de 134,5 millones. Es preciso sumar a esto el número de años de vida por pensionista, en el caso de hubiera cotizado, así como el grado asistencial que se requiere al aumentar la esperanza de vida, nos lleva directamente a pensar con qué estructuras contamos a escala nacional. Es un hecho que nuestro país no invierte lo suficiente en Políticas Sociales; es más el capítulo de bienestar social está considerado dentro de los Presupuestos Generales del Estados como un gasto y no como una inversión. La contabilidad nacional no contempla que incentivar las políticas sociales sería una fuente de empleo considerable. Se calcula que más de 500.000 puestos de trabajo podrían crearse dentro de lo que se ha llamado la economía de los cuidados, sólo aquel destinado a cubrir las necesidades de las personas mayores.

Pero la crisis, más una fiscalidad profundamente regresiva, ha situado al Estado de Bienestar como el principal rehén de las políticas de ajuste. Es importante aclarar que el gasto social, incluye las prestaciones por desempleo, a partir del cual España ha crecido hasta un 26,8% del PIB, estando en 2017 por encima de Alemania y Francia. Sin embargo, todos los países miembros de la UE se empeñan en desplazar el cuidado a las familias que, a la vez, carecen de acceso a servicios públicos; o bien tienen graves restricciones salariales para adquirirlos en el mercado, como verificamos en el mapa de cotizaciones a la Seguridad Social. Las soluciones por parte de los expertos son muchas y por citar las más innovadoras, pienso en Vicenc Navarro que insiste en la necesidad de aumentar el empleo femenino para reforzar un sistema de Seguridad Social que afronte prestaciones y el incremento de pensionistas. Otra solución parte de la economista María Angeles Durán sobre el trabajo no remunerado, sería contabilizar los trabajos domésticos, incluido el cuidado en el PIB, pero no se computa como riqueza, como tampoco aquellos trabajos relacionados con el voluntariado. De esta manera, los gobiernos siguen sin reflexionar que estimular la natalidad depende del grado de implantación de servicios públicos (en especial el tramo de 0-3 años) y lo que acuerdan es inercial y conservador: esperar a que las mujeres se hagan cargo de lo que debería ser responsabilidad de las Administraciones Públicas. Así se puede observar cómo las mujeres dejan el mercado de trabajo. En España, según datos de la EPA 2016, Encuesta de Población Activa, un 83% lo abandonan por motivos famliares. Otros datos les debería hacer pensar: un 75% de mujeres holandesas y un 66% alemanas “eligen” un contrato a tiempo parcial, lo que implica comprometer sus derechos a futuro, es decir, sus pensiones, como sucede en nuestro país. Porque sería preciso abordar que todas las personas hayan, o no, cotizado, habrían de disfrutar de una vida digna. En las pensiones también hay sombras, me refiero a las no contributivas, concretamente a las pensiones de viudedad, las cuales representan unos ingresos obscenos para el 89% de sus destinatarios, que son viudas, según datos de la Seguridad Social, cuya cuantía media no supera los 700 €. Es decir, por debajo del salario mínimo.

La convocatoria de esta singular huelga surge de una movilización argentina contra los asesinatos de mujeres, con el slogan Ni una menos. En un país como el nuestro, donde aún no se investiga que fallado la cadena de protección cuando una mujer que denunció, o que tiene una orden de protección ha sido presa de su asesino, es preciso conocer qué ha fallado, pero por supuesto, sin el ánimo de buscar culpables, sino con la finalidad de saber qué se requiere para optimizar resultados en la prevención de estos terribles homicidios. En otras palabras, evaluar que medidas son urgentes: como la necesaria formación para cuerpos y fuerzas de seguridad, o bien, la creación de equipos especializados en el área de servicios sociales, o el esperado incremento de informes de peritaje en los juzgados, sin olvidarnos de revisar por qué razones existe un número de sobreseimientos, o dicho de otro modo, de suspensión de la sentencia por falta de pruebas, lo que evidencia una falta de preparación por parte de la judicatura. Si la violencia ejercida contra las mujeres ya es, en sí misma, una buena razón para sumarse a esta iniciativa, hacerlo para reconocer lo que aportan las mujeres en términos de cuidado y atención a los demás, es un verdadero incentivo para apoyarla, porque nadie, absolutamente nadie puede decir que no se ha beneficiado del trabajo doméstico procurado, por madres, hermanas, esposas, o compañeras. Por eso, también están convocados cuantos hombres quieran hacer de la igualdad una forma de relación donde todo se comparta.

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