Rodrigo Rato disfruta de vacaciones en un yate. Esa imagen de alguien que estaba siendo investigado dolió mucho a la ciudadanía española. ¿Cómo podía ser que alguien de quien se sabían tantas cosas disfrutase de unas vacaciones confortables? Eso se preguntaban los españoles de a pie. Y tras el último descubrimiento de El Mundo la respuesta es clara, Rato se ha estado riendo de la ciudadanía durante años. Con un sentido patrimonialista de lo público el ex, de tantas cosas, utilizaba su cargo para beneficiar a las empresas de su familia y propias.

30 millones de euros fueron consignados a las empresas de la familia Rato mientras era ministro de Economía y por medio de empresas privatizadas y/o públicas. Las empresas citadas en el informe son Endesa, Repsol, Argentaria-BBV, Azucarera Española, Aldeasa, Retevisión, Logista y Paradores. Desde 1997 hasta 2004 todas estas empresas fueron aportando dineros a las cuentas de los Rato. Empresas que habían sido recientemente privatizadas por el gobierno de José María Aznar bajo el impulso del ministro. Desde Ciudadanos claman por ser una muestra del capitalismo de amiguetes. Pero se equivocan, es directamente un procedimiento mucho más aristocrático y conservador.

Fue Rato el que permitió la unión de BBV con Argentaria para acabar, como así querían él y Aznar, con los banqueros de Neguri. Los banqueros vascos que tan bien se llevaban con los nacionalistas vascos y con los socialistas. Una trama económico política para acabar con el poder del dinero en el País Vasco y situar al frente de un gran banco a amigos. Los casi 300.000 euros que facturó el (ya) BBVA a las empresas de la familia Rato son solamente la prima nocte de la maniobra política. Y lo de Paradores, que dependía ministerialmente de él, supone un caso más de corrupción política. No hay capitalismo de amiguetes sino el pensamiento del Estado es mío y lo sufragan los ciudadanos. La UCO establece que “la facturación con estas entidades ha sido el principal negocio de Cor Comunicación, llegando a suponer el 98% de su facturación total”. Por tanto, la empresa Cor se habría creado ex profeso para delinquir y obtener esos pagos.

Y sabía Rato que no era muy legal lo que estaba haciendo porque, tras conocerse en la comisión de investigación de Gescartera que el banco HSBC había dado un crédito de 3,1 millones de euros a Muinmo (empresa familiar), desvinculó sus dos sociedades personales (Cor Comunicación e Ibermar) de la anterior. Pero no sólo es que facturase a las privatizadas sino que la Guardia Civil ha descubierto que sociedades de Rato han recibido subvenciones del Estado siendo él responsable ministerial. Algo más de un millón de euros. “El uso inapropiado del poder se erige como un elemento principal de la posible conducta delictiva” entienden los investigadores de la UCO la actividad de Rato.

Fraude fiscal y evasión de capitales

En las últimas fechas también se ha conocido que durante su época de ministro Rato poseía cuentas en paraísos fiscales. La Oficina Antifraude ha constatado que Rodrigo rato habría defraudado cerca de 6,8 millones de euros a la Hacienda española entre 2004 y 2015. Según consta Rodrigo Rato habría obtenido unos beneficios de 14 millones de euros por el movimiento de capitales en el extranjero “ganancias de patrimonio sin previa transmisión de rentas; rendimientos de actividades económicas como conferenciante y gastos de actividad empresarial”. Todos ellos gastos no deducibles. Todos estos movimientos fraudulentos se habrían llevado a cabo a través de los despachos de abogados Findsbury Trust, de Gibraltar, y Plazas, de España, y con las empresas Kradonara y Vivaway que aparecen en otros informes.

De esto tuvo constancia el FMI, mientras Rato era director gerente del mismo, pero el ex-ministro afirmó a la consultora Price Waterhouse and Coopers que sólo se referían a actividades en España. Pero lo que no contó es que tenía 7 millones de las actividades de Cor Comunicación en paraísos fiscales. Sí, la empresa de los más de 30 millones de euros facturados a empresas privatizadas. El FMI acabó preguntando a Rodrigo Rato por las inversiones realizadas a través de esas tres empresas en octubre de 2007 y por ello, se entiende, que acabó dimitiendo de dirigente máximo del Fondo Monetario Internacional. Aunque sus amigos le tenían preparado un buen destino al frente de Caja Madrid (Bankia).

También apareció Rodrigo Rato en los Papeles de Panamá. A través del despacho gibraltareño Findsbury Trust se contactó con Mossack Fonseca a fin de disolver otras dos empresas fantasma que disponía el ex-presidente de Bankia, Red Rose y Westcastle Corporation. Ambas sociedades habían sido utilizadas por Rato durante más de veinte años para defraudar al fisco español y esconder su fortuna personal. Después de descapitalizarlas, esto es, retirar los más de 3 millones de euros que tenía depositadas en ellas, inició el proceso de cierre de las mismas. Este dinero fue transferido a Vivaway que tampoco tiene residencia fiscal en España.

Eso sí, debía tener mala conciencia Rato, o supo aprovechar la ocasión, cuando se acogió a la amnistía fiscal de Montoro. A fin de no tener que blanquear su fortuna en el extranjero, utilizó el mecanismo dispuesto a sólo el 4% por su ex-compañero Montoro y así legalizar unos cuantos millones de euros. Pensaba que con esto ya se libraría de más investigaciones, pero no. La UCO y la Onif han seguido persiguiendo al ex-ministro.

Condenado por Bankia y disfrutando de la vida

El caso más sangrante, al menos mediáticamente, en la vida política de Rodrigo Rato ha sido Caja Madrid/Bankia. Por un lado, por la gestión que hizo de las preferentes y la salida a bolsa del conglomerado construido con las cajas de ahorro y, por otro, lado por seguir con la utilización de las tarjetas black. La salida a bolsa de Bankia jamás debió producirse tal y como manifiestan los distintos informes del Banco de España. Pedro Comín y Pedro González, en aquella época supervisores del banco central español, ya advirtieron de que una Oferta Pública de Suscripción de acciones (OPS) de Bankia con precio bajo anularía cualquier ventaja y pondría en cuestión la solidez del proyecto financiero mismo. Con la venta de las acciones muchos clientes del banco y otros grandes inversores han perdido grandes cantidades de dinero por haber sido engañados desde el principio, como bien se comprobó con la intervención y nacionalización del propio banco.

Respecto a las tarjetas black, Rato no hizo nada por eliminar la situación fraudulenta que se venía desarrollando en la entidad financiera desde los tiempos de Blesa. Por este motivo tanto él como su antecesor han sido condenados a prisión. Aunque más escandaloso fue conocer que los casi cien mil euros utilizados por Rato no fueron para cuestiones profesionales sino totalmente particulares. Gastó 3.547 euros en bebidas alcohólicas; 2.000 euros en un viaje para ir a esquiar; 1.300 euros en una tienda de lámparas de diseño del madrileño barrio de Salamanca; 800 euros en una marisquería; 700 euros en Loewe; 350 euros comiendo en Casa Lucio; o 2.276 euros bajo el epígrafe de “Club, Salas, Fiesta, Pub, Discoteca”, vamos putas.

El hombre del falso milagro económico, como ya manifestó en 2003 el Fondo Monetario Internacional al avisar de la burbuja inmobiliaria y su efecto en el crecimiento español, el magnífico gestor que colocó a todos los amigos de Aznar en buenas empresas (González, Blesa, Villalonga…) lleva riéndose de los españoles más de veinte años. Por esas cuestiones ocultas y su “excesivo gusto por el dinero” no fue nombrado sucesor por Aznar cuando era la persona más previsible. Algo sabía el presidente de FAES. Como también conocía José Luis Rodríguez Zapatero cuando le apoyó para ser presidente de Caja Madrid o frente a las críticas por su mala gestión en el FMI. Tal y como recuerda Ernesto Ekaizer en su libro Indecentes, Rodríguez Zapatero sabía perfectamente por qué salió escopetado del FMI (sus cuentas en paraísos fiscales). Y si lo sabía y le apoyó para Caja Madrid, sólo demostró su incompetencia.

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