Recientemente he cometido un acto de absoluta temeridad. Inspirada por los que, antes que yo, habían cambiado sus vidas después de haber sufrido un desgarrador revés vital, decidí lanzarme a contar cómo había pasado de actriz a empresaria, y de empresaria a sentirme el ser menos valioso del universo.

Todo empezó a principios de año, con un deseo. Deseé poder explicar a otros mis nuevos conocimientos y capacidades obtenidas como consultora financiera. Conocedora de que la mayoría de las personas no saben ni de dónde viene la economía, ni tienen un concepto claro del dinero, decidí comenzar una serie de vídeos por Youtube para poner al alcance de todos conocimientos financieros complejos. Mi proyecto, “Economía Inteligente para Todos”.

Mientras me pegaba con el montaje de mi primer vídeo mi hijo llegó un día de casa de mi padre diciéndome que me había visto en la tele. Su voz dulce y risueña me decía: “Mamá, cuando vuelvas a salir en la tele, yo quiero ser el que se sienta en la silla”.

Sí, lo sé, ¿desde cuándo salgo yo en la tele?

Lo que ocurrió es que mi padre había enseñado a mi pequeño una grabación antigua de cuando me dieron la responsabilidad de dirigir, presentar y producir un programa infantil de una hora de duración en una televisión local de Madrid tras haber pasado dos meses en otro programa de la misma cadena habiendo conseguido subir la audiencia y la inversión de marcas en publicidad. En ese momento, mi predecesora, que dejaba el programa para entrar a trabajar en TVE me animó con cariño contándome cómo lo había hecho ella. Y yo, después de un pequeñísimo período de duda, decidí arriesgarme.

En ese momento de mi vida, yo me sentía muy capaz y este tipo de acciones son emocionantes: dirigir, decorar, producir, escribir los guiones de un programa infantil… era mucho más de lo que hubiera podido imaginar. Pero tenía libertad absoluta y un público: “niños”.

¡¡Y yo no sabía nada de niños!!

Es que ni me interesaban. Pero sí sabía investigar y sacar información. Y a pesar de que la Wikipedia no estaba en la mente de ningún ser vivo, en las bibliotecas se podían aprender muchas cosas muy interesantes. Mi curiosidad nunca ha tenido fin. Con lo que desarrollé el que sería mi primer trabajo de emprendimiento profesional.

A diario llevaba actores, payasos, niños, juguetes, patrocinadores y todo lo que se me ocurría al plató. Aprendí que la atención de un niño no dura mucho. Así que ideé coloridas fórmulas para jugar con el público que llamaba desde su casa. Me aprendí canciones infantiles y me armé de mi mejor humor y disposición para una hora diaria en riguroso directo.

Cuatro minutos de muestra sobre lo que hacía:

La experiencia hizo que me sintiera capaz de afrontar muchos más retos y me dieron la responsabilidad de codirigir un programa en TVE y un papel de protagonista en una película independiente. Estaba en racha.

Pero interrumpí mi carrera abruptamente.

Tras dos años y medio sin rumbo, volví a emprender. Esta vez como empresaria del audiovisual. Creé un modelo de empresa única en su momento y muy copiada a día de hoy: “Lolita Peliculitas”. Durante nueve años mi empresa fue mi vida y me dediqué a ayudar a otros a que se viera su talento.

Llegado este punto, voy a hacer una confesión: soy autodidacta. Mejor lo expreso con datos:

Hasta la fecha he trabajado de relaciones públicas, dependienta, modelo, secretaria, recepcionista, actriz, presentadora, camarera, emprendedora, empresaria, representante de actores, mistery shopper y consultora financiera. De todas estas profesiones, sólo he estudiado para trabajar de secretaria, actriz y consultora financiera. ¡¡Y la única vez que he estudiado en una Universidad fue porque me dio por investigar la basura!! Pero esto te lo cuento otro día porque es muy interesante y no me quiero ir por las ramas.

Espera, algo pasa, ¿no? ¿Qué le ocurrió a mi empresa? Y, ¿qué me ocurrió para que dejara de actuar?

El día 25 de noviembre yo celebro estar hoy aquí escribiendo estas líneas y sentirme capaz de hacerlo. He vivido bajo el control de los que amaba y actualmente soy lo que se denomina una víctima de violencia de género. Y mis renuncias profesionales han sido por amor y han marcado un antes y un después no sólo en mi trayectoria profesional, sino también en mi persona y en mi percepción de mis capacidades personales. Pero yo ya no me siento una víctima y por eso puedo contártelo desde aquí.

Me gustaría retomar la historia cuando la dejamos, antes de que llegara mi peque de casa de mi padre; en ese montaje para mis vídeos.

Mis primeros dos vídeos vieron la luz el pasado 31 de octubre. Y algo muy especial ha pasado con “00.Presentación”.

“00.Presentación” es la explicación de mi trayectoria profesional y lo que yo pensaba que era un mensaje positivo e inspirador: Los cambios por renuncias son oportunidades y yo los uso para aprender, crecer y mejorar.

Como para mí era un mensaje importante y positivo, lo fui enviando a mis contactos uno a uno, saludando y consultando si me podían decir cómo veían mi nueva iniciativa. No he sido capaz de pasar de la “J” de mi agenda porque lo que ha pasado con mi vídeo de presentación es de auténtico estudio sociológico. Básicamente, el revelar mi versión de mi cambio ha recibido las más curiosas críticas e interpretaciones. Algunas de ellas muy positivas, maravillosas, vibrantes, llenas de amor. Otras, muy frías, molestas, descolocadas, necesitadas de entendimiento y carentes de comprensión… Algunas, simplemente demoledoras… Incluso, a día de hoy siguen las ausencias, las faltas de respuestas de algunos amigos. Todas las respuestas y omisiones han sido sumamente interesantes. Absolutamente todas.

Y aquí llega la parte bella, esa que reconforta de verdad, te pone una sonrisa en la boca y te hace pensar que, a pesar de todo, lo hecho, bien está.

Una de esas personas consultadas, llamémosla “A”, me dio la enhorabuena por mi valentía. Con mi agradecimiento a sus palabras nos pusimos a chatear. Había dejado su trabajo como guionista porque no conseguía hacerse un hueco y se estaba preparando unas oposiciones para policía. Me apenó la noticia y le insistí para que no lo dejara. Pero ella tenía una bolsa llena de fantásticas excusas… Me despedí alegrándome de la conversación y de saber de ella.

Dos semanas me envía un enlace acompañado de un breve texto: “He publicado el primer capítulo de una de mis novelas en el foro de la web…” Al saberlo sonreí primero por dentro. Y después por fuera, me sentí responsable en algún modo, con orgullo, la felicité por su iniciativa. Su contestación es el título de este artículo.

Mi siguiente deseo: Deseo que este espacio te sirva de inspiración. Ojalá te ayude a crecer o a ver las cosas de otro modo. ¿Lo hacemos?

Dedicado a mi inspiración de los últimos dos años, Laura García Encina.

¡Gracias compañera!

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