Los primeros días de Donald Trump en la Casa Blanca han sacudido Estados Unidos más aún de lo que lo hizo su victoria electoral frente a Hillary Clinton el pasado noviembre. La firma de un decreto presidencial para impedir la entrada al país de personas con pasaporte de siete países con mayoría musulmana, ha intensificado la sacudida, elevando al estado de shock la magnitud del terremoto para muchos estadounidenses.

“En momentos de crisis la gente está dispuesta a entregar el poder a cualquiera que diga tener una cura mágica”, dice la escritora y analista Naomi Klein en su último best seller. No por casualidad su título es La doctrina del shock. A tenor de las acciones de protesta y las manifestaciones contra el nuevo presidente que se han multiplicado por gran parte de Estados Unidos en los últimos días, lejos de paralizar, el shock está movilizando a una parte significativa de la sociedad estadounidense. América vive una auténtica sacudida.

 

Caos calculado

El caos administrativo generado por la polémica medida migratoria aprobada el pasado sábado ha echado todavía más leña al incendio político en el que parece haberse instalado Estados Unidos. Numeros juristas han declarado la inconstitucionalidad del decreto, mientras en aviones y aeropuertos se han vivido escenas dantescas debido a lo confuso de una medida que ha provocado ya la detención y deportación de viajeros provenientes de los países penalizados. Algunas voces están empezando a señalar que el aparente carácter caótico de los primeros días de la administración Trump remite en realidad a una táctica política calculada.

El equipo del nuevo presidente puede estar tensando la cuerda para medir los límites de los diferentes poderes del estado. Al mismo tiempo, las supuestas dimisiones de altos cargos desatadas en los últimos días en lugares claves como el Departamento de Estado, presentadas por el periódico británico The Guardian como una auténtica purga, formarían parte de una estrategia rápida para dar carta blanca al nuevo ejecutivo.

El aparente carácter caótico de los primeros días de la administración Trump es una táctica política calculada

Según el ingeniero directivo de Google Yonatan Zunger, “el principal objetivo organizativo del nuevo gobierno es transferir todo el poder efectivo a un pequeño círculo cerrado de colaboradores, eliminando cualquier posible barrera del Congreso, el poder judicial o la burocracia de la administración federal. Ese círculo reducido está midiendo su capacidad para hacerse con todo el poder. La medida aprobada el sábado hay que interpretarla en ese sentido”. Las teorías conspirativas y los ecos digitales acerca de un posible golpe de estado en marcha se han multiplicado en las redes durante los últimos días.

Estén o no en lo cierto esas opiniones, otras voces enfatizan el carácter racista de una medida migratoria que, en palabras del periodista Ben Mathis Lilley, “ha sido diseñada por dos tipos que conciben a todo aquel que no sea blanco, especialmente a los musulmanes, como una amenaza para Estados Unidos”, en referencia a Steve Bannon y a Stephen Miller, auténticos lugartenientes de Trump en la Casa Blanca y reconocidos extremistas xenófobos.

Amén de la naturaleza islamófoba del controvertido decreto, algunos analistas y políticos estadounidenses han apuntado lo irresponsable de una medida que “alimenta la narrativa islamista militante”, según Michael Hayden, antiguo director de la CIA. El senador republicano John McCain, rival de Obama en la carrera por la presidencia en 2008, se ha manifestado en el mismo sentido al señalar que la orden ejecutiva dada por Trump “es una herida de guerra autoinflingida que puede ayudar a reclutar más terroristas, en vez de mejorar la seguridad nacional”. McCain también ha concidido con numerosos políticos, tanto demócratas como repúblicanos, en señalar el carácter antiamericano del nuevo presidente, quien demostrando un talante poco respetuoso de las instituciones, está vulnerando los valores fundamentales de la nación estadounidense.

Muchos demócratas y republicanos consideran a Trump antiamericano al vulnerar los valores fundamentals de EEUU

Contrario a este discurso, el politólogo Corey Robin, quien predijo en 2012 la llegada de un personaje como Trump a la Casa Blanca en su libro La mentalidad reaccionaria, ha replicado recordando que en Estados Unidos las mayores vulneraciones de los derechos humanos por parte de las autoridades se han cometido siempre en el más estricto respeto al orden institucional. Motivo por el cual, para Robin, Trump es un presidente plenamente americano.

 

Los españoles, preocupados

Lo cierto es que el decreto migratorio aprobado por la nueva administración ha sembrado la preocupación entre los millones de inmigrantes que viven en Estados Unidos. De ellos, más de 125.000 son españoles. “En el clima que se ha creado hay mucha incertidumbre, uno nunca sabe qué puede pasar”, nos dice Vicente Rubio-Pueyo, un aragonés que trabaja como profesor en la neoyorquina Fordham University y que lleva más de diez años residiendo en el país de las barras y las estrellas.

Una estudiante graduada de su universidad, de nacionalidad iraní, estuvo a punto de ser deportada el pasado fin de semana. “Tocan a gente que conoces y eso impresiona”, nos dice Vicente, quien reside en el país con una Green Card y, pese a no estar preocupado por su situación legal, sí manifiesta una intranquilidad que se agudiza por ser padre de un bebé recién nacido. “Eso te hace sentir más vulnerable”, apunta.

Felipe Vara de Rey es otro de los españoles que reside en Nueva York. Llegado a la gran manzana hace seis años, Felipe se declara “preocupado y muy asustado con la fractura que Trump está provocando en el país”.

Según este cineasta madrileño de 37 años, “Trump está haciendo muy vulnerables a muchos grupos, incluidos nosotros, los migrantes”. Por eso el pasado domingo no lo dudó un instante y participó en una de las numerosas movilizaciones que se organizaron por todo el país para protestar contra la polémica medida migratoria aprobada por el nuevo ejecutivo. Lo hizo “por la necesidad de verme arropado con otra gente y ser parte de una protesta que, entre otras cosas, hace de mi incertidumbre un problema colectivo”, nos dice.

“Trump está haciendo muy vulnerables a muchos grupos, incluidos nosotros, los migrantes”, dice el cineasta Felipe Vara de Rey

“Como europeo me preocupa lo que está pasando por el efecto contagio, por la posible onda expansiva que pueda desatar en otros países”, añade. Cuando Felipe nos habla de la manifestación del pasado domingo, su rostro pierde el aire sombrío. “Había una energía increíble”, nos dice.

De manera espontánea y a través de convocatorias en las redes sociales, miles de personas se movilizaron a lo largo del fin de semana en gran parte del país. “Sobre todo personas no politizadas, familias con sus hijos… En fin, gente normal con sus carteles hechos a mano”, señala Felipe en relación a la manifestación neoyorquina.

Algo que recuerda al 15M español, a la llamada primavera árabe o al movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos. Como si la energía de esa nueva subjetividad política no hubiera desaparecido. Tal vez la única esperanza ante lo oscuro y sombío de los tiempos que corren no sólo en Estados Unidos.

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