Es preocupante que todavía haya mucha gente que crea que las guerras son como en los videojuegos y en las películas. El problema se agrava cuando quien piensa así tiene en su poder el maletín con el botón nuclear y preside los Estados Unidos de América.

“Tenemos que empezar a ganar guerras otra vez” o “Antes decíamos que Estados Unidos jamás perdía una guerra, ahora no ganamos ninguna. Es inaceptable”. Con estas palabras, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha iniciado una nueva carrera armamentística, con el anuncio de una subida de 54.000 millones de dólares en el presupuesto de defensa.

Un incremento del 9,3 por ciento del presupuesto que, rompe la tendencia de disminución de la última década y, vaticina tiempos de conflictos a nivel mundial, al ir acompañado de la disminución del presupuesto del Departamento de Estado y de la ayuda exterior.

Frases, pronunciadas por Trump en la Conferencia de la Acción Política Conservadora, como: “Nadie nos volverá a desafiar. Nadie. No soy el presidente del orbe, sino de Estados Unidos”; su declaración de tener una defensa “mayor, mejor y más poderosa que nunca antes”; su deseo de ampliar el arsenal atómico “Soy el primero que querría ver al mundo sin armas, pero no podemos quedarnos por detrás de ningún país, aunque sea amigo. Nosotros tenemos que estar a la cabeza de la manada”; ratifican la irresponsabilidad de un presidente que en lugar de unir a la sociedad americana, la divide cada día más. Incluso, en un tema tan simbólico para Estados Unidos como es el militar.

Como ejemplo de la profundidad de la división que está provocando el nuevo presidente, hay que resaltar la carta enviada por 120 generales y almirantes retirados, a los líderes del Congreso y a los principales secretarios gubernamentales, donde critican los recortes que Trump ha ordenado realizar para pagar su incremento del presupuesto militar.

En ella, estas personas, con gran experiencia y que nadie podrá calificar de traidores o poco patriotas, alertan del riesgo que supone reducir el gasto del Departamento de Estado y sus programas de ayuda exterior: “Sabemos por nuestro servicio de armas que muchas de las crisis que nuestra nación enfrenta no tienen solo una solución militar. Y esto incluye desde hacer frente a la violencia extremista de grupos como ISIS en el norte de África u Oriente Próximo hasta prevenir pandemias como el Ébola o estabilizar Estados débiles y frágiles que pueden detonar la inestabilidad”.

Para ellos, la labor diplomática y la ayuda de cooperación “son críticas para prevenir el conflicto y reducir la necesidad de enviar a nuestros hombres y mujeres al frente”. Así, afirman que “los militares pueden dirigir la lucha contra el terrorismo en el campo de batalla; pero necesitan de socios civiles fuertes en el combate contra los inductores del extremismo”. Y concluyen, que “no es tiempo de una retirada”.

La sensatez de esa carta, contrasta con las palabras y las decisiones de un Comandante en Jefe para el que es muy fácil, desde la arrogancia del poder, decir a otros que vayan a morir a los conflictos que el genere, cuando está cómodamente instalado y no sabe ni quiere conocer lo atroz de la guerra. Sería importante que este nuevo presidente escuchara a los que tienen experiencia.

Sería importante que tomara conciencia de lo que supone la guerra. Y en este punto, escuchando a Trump, recordé el otro día el documental KORENGAL, donde se profundiza en la vivencia de la guerra y el impacto que ha tenido para las tropas que están en el frente. Y pensé, que ya que Trump es un presidente que dice que no lee, al menos que vea este documental que transcurre en valle de Korengal, denominado valle de la muerte, porque es uno de los lugares de Afganistán donde las tropas estadounidenses han sufrido mayor número de bajas.

En ese lugar, hay un número reducidos de tropas americanas en un campamento de dimensiones tan pequeñas, que los soldados lo describen diciendo que “estábamos en medio de un valle, en chozas de sacos de arena, sin agua potable. Sin vida. No teníamos nada. Era un zulo”. Estremece como estas personas describen su experiencia. Destaco algunas declaraciones:

  • “Nos disparaban los 365 días”. “Lo más duro es que nunca sabias cuando iban a empezar a disparar”.
  • “No estoy aquí por el reconocimiento de mi país. No estoy aquí para que alguien diga: ”vaya, qué gente tan patriótica, que gente tan valiente”. La verdad es que me importa una mierda lo que piense la gente, excepto los tipos a mi izquierda y a mi derecha, porque de eso se trata. Se trata solo de esos tipos… lo valiente es que la gente se una y haga su trabajo, porque saben que el tipo de al lado necesita que hagas el tuyo para que todos volvamos a casa.”
  • “Eso es lo terrible de la guerra. Que haces cosas terribles y luego tienes que vivir con ello. Pero si volvieras atrás harías exactamente lo mismo… Todos te dicen que hiciste algo honorable. Lo has hecho bien… hiciste lo que tenías que hacer. Y odio ese comentario. Porque no tenía por qué hacer nada de eso. Y ese es el problema. Es muy duro enfrentarse a eso. No tenía por qué hacer esa mierda. No tenía que alistarme en el ejército. No tenía que ser infantería aerotransportada. No tenía que hacer nada de eso. . Pero lo hice ¿sabes?”
  • “Me ha afectado mucho la perdida de nuestros hermanos…Y hubo un tiempo en que no me importaba nada. Me daba igual que me dispararan o que muriera allí. Fue así de serio, hicieron falta unos cuantos para animarme. A veces disparaba y no me agachaba después. No hacia lo que sabía que tenía que hacer… me exponía completamente…Me daba igual si moría. Empecé a hacer lo que tenía que hacer cuando uno de los tipos me dijo: “si te dan, tienes que verlo con perspectiva” Si vienen a por mí y no hay cobertura, podrían disparar a otro. Y eso me hizo reflexionar. Empecé a prestar más atención. Y a hacer lo correcto, lo hacía por ellos”. Quien así habla recibió la medalla estrella de bronce por sus actos excepcionales y valerosos durante la operación Libertad Duradera.

Ellos, como los generales y almirantes retirados, no frivolizan con la guerra. Como tampoco lo han hecho otros Presidentes de Estados Unidos. Frente a esta nueva amenaza para el mundo que suponen los planteamientos de Trump, podemos recordar la vigencia de unas declaraciones de John Fitzgerald Kennedy, en la inauguración del curso en la American University, el 10 de junio de 1963.

Ese presidente, que supo lo terrible que es la guerra en sus propias carnes en 1943, cuando su embarcación fue abordada y destruida por un destructor japonés, dijo aquel día:

“Cada ciudadano que piense y que se desespere ante la guerra y desee la paz, debe empezar por mirar en su interior, por revisar su propia actitud respecto de las posibilidades de la paz, respecto de la Unión Soviética, respecto del curso de la Guerra Fría y respecto de la libertad y la paz aquí, en nuestro país…La paz mundial, como la paz en la sociedad, no requiere que cada hombre ame a su vecino, sino solamente que vivan juntos tolerándose mutuamente, y que diriman sus controversias de forma justa y pacífica. La historia nos enseña que las enemistades entre naciones, al igual que entre personas, no duran para siempre.”

Ese es el camino. No decir que tenemos que empezar a ganar guerras otra vez.

 

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