Truman Capote, aquel veinteañero genial

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Nunca un escritor tan grande estuvo casi escondido en una figura tan pequeña, tan tierna y frágil aparentemente. Nunca un escritor con tan torrencial personalidad y estilo literario tan marcadamente personal interiorizó desde sus comienzos el paisaje sureño que le tocó vivir, que mamó en sus comienzos como escritor. Anagrama rescata en Relatos tempranos un conjunto de catorce historias en las que ya se vislumbra al genio que perfiló uno de los libros más determinantes de las letras universales durante el pasado siglo XX, A sangre fría. El periodismo ya nunca fue igual desde su publicación. Ni la literatura.

El sur estadounidense siempre presente de un modo u otro ocupa en estas primerizas historias un papel protagonista, ya sea en el relato en el que una joven espera a su amor en una pequeña población o ese otro en el que una mujer negra emprende un viaje a Nueva York para empezar a trabajar como cocinera… Historias sencillas, cercanas, en apariencia simples que ocultan un trasfondo complejo y misterioso.

Este puñado de relatos han sido rescatados del Archivo Truman Capote depositado en la Biblioteca Pública de Nueva York y en los trabajos originales se nota esa obsesiva búsqueda de un estilo directo y personal, tan liviano que parece que flota por su sencillez pero que tiene una estructura perfectamente meditada y trabajada.

La mujer como protagonista se vislumbra ya en plenitud en estos primeros cuentos. De hecho, nunca perdió la importancia de su presencia en el resto de su literatura posterior. Cuando en 1948, con tan solo 24 años publicó su mítico libro Otras voces, otros ámbitos, su editor, Robert Linscott dijo de él, según cuenta la editora Anuschka Roshani en el epílogo para esta edición, que era un hombre “muy seguro de sí mismo como artista, como artesano”, pero tremendamente inseguro como persona y “con todos los estigmas del genio”.

Así vivió, así murió un hombre de contrastes en permanente contradicción hasta sus últimos días. Pero queda su literatura, esa que ya brillaba desde bien temprano. Y sirvan estas pequeñas joyas de muestra.

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