Susana Díaz bebe agua durante la intervención del líder de su partido.

En Sevilla tuvo que ser. Ocho meses después de aquella noche histórica para un partido centenario, el milagro se ha obrado en la capital andaluza. Susana Díaz y Pedro Sánchez, cara a cara, compartiendo sonrisas, besos y compañeros de una y otra sensibilidad socialista, como la lideresa de la provincia con más afiliados de toda España, Sevilla, la que durante otro día tan histórico como aciago para el partido se convirtiera en la “única autoridad” durante 24 horas, Verónica Pérez, que no ha querido perderse el periplo del líder del PSOE por la capital andaluza, en un intento, con muchas costuras aún por coser, por hacer del PSOE una formación lo más alejada posible de lo que aún es a día de hoy con la enésima escenificación pública de “unidad” entre Sánchez y Díaz en Sevilla: un trono de dos patas con una cojera ostensible y evidente. Llegan tiempos de elecciones y la maquinaría debe estar bien engrasada a toda costa y cueste lo que cueste, aunque para ello haya que sacrificar hojas de ruta otrora inquebrantables. “El socialismo andaluz y español queremos lo mismo: gobernar”, sentencia Sánchez en Sevilla. A partir de aquí, un sinfín de matices.

El reencuentro en Sevilla de los dos líderes socialistas evidencia que el acercamiento es sólo estrategia electoral

Esta y no cualquier otra excusa oficial que se intente ensamblar ha posibilitado el encuentro en Sevilla de los dos líderes que aún mantiene el PSOE, el oficial, después de las primarias del pasado 21 de mayo, y la persistente, que alarga su sombra cada vez que puede, la andaluza Susana Díaz, que sabe que cuenta con el respaldo “a la búlgara” de la federación más numerosa de afiliados (más de 45.000 de 187.000) y verdadero granero de votos para los socialistas desde la reinstauración de la democracia. Por algo el PSOE no ha dejado de gobernar nunca en Andalucía, una de las comunidades que lideran el furgón de cola en tasas de desempleo de toda la Unión Europea.

Mientras parte de la historia reciente de este partido salda cuentas con la justicia en casos relacionados con la prevaricación y la malversación de caudales públicos durante una larga década, entre ellos dos ex presidentes andaluces y varios ex consejeros y una docena de ex altos cargos, a escasos metros del lugar elegido para el reencuentro entre Sánchez y Díaz, el PSOE cree que ha llegado el momento definitivo para escenificar la reunificación, para emprender un deshielo que aún mantiene rostros petrificados desde aquella noche del 21 de mayo de 2017 en que se supo que una abrumadora mayoría de militantes había otorgado con sus votos de nuevo el liderazgo del partido al madrileño en detrimento de la sevillana.

Susana Díaz retrasó más de una hora el Consejo de Gobierno para oír la intervención de Pedro Sánchez.

Ella no es persona de arrugarse, y desde entonces encajó como pudo la soberana derrota y replegó sus naves a su tierra, donde puede manejarse a su antojo y sin escollos en el camino, ni siquiera procedentes de compañeros del bando del líder de Ferraz, que en su momento decidieron que era conveniente no continuar el pulso hasta nueva orden.

Y en esas está el PSOE ocho meses después: en escenificar la piña que quiere ser para el duro camino electoral que le espera en los próximos meses, con vaticinios de estancamiento según todos los sondeos. Oficialmente, primero deben llegar las elecciones andaluzas en marzo de 2019. Después llegarían las municipales de mayo. Lo que está claro es que la consigna de Ferraz es no provocar la caída del fruto del árbol sino esperar a que madure y caiga de él por su propio peso. Por eso ha frenado en seco la posibilidad de una moción de censura al Ejecutivo de Mariano Rajoy, que le avalaban los independentistas de ERC sin contraprestación de un referéndum siquiera. Ni por ésas. Pedro Sánchez no tiene prisas.

Algunas más sí evidencia la lideresa andaluza. Con todas las encuestas a favor y con los datos del desempleo sin repuntar hacia abajo en absoluto, el ambiente preelectoral en Andalucía es una realidad más allá de que ella y su equipo de la calle San Vicente (sede del PSOE de Andalucía) nieguen la mayor. El PP no esconde que está ya en precampaña –con visita incluida del presidente Rajoy a la capital andaluza–, Podemos e IU manejan con tino sus cuitas internas para acudir finalmente unidos a una cita electoral que se prevé más cercana de lo establecida y Ciudadanos sigue limpiando la alfombra roja a unos y otros (PSOE y PP), sabiéndose conocedor de que será la bisagra a bruñir si quieren gobernar tranquilos otros cuatro años.

Pero el espinoso y fundamental tema de la financiación autonómica será la verdadera batalla a librar internamente. Parece claro que Sánchez y Díaz buscan un mismo objetivo, aunque las estrategias de ambos no ocultan disparidad a todas luces. Desde el PSOE andaluz, su número dos, Juan Cornejo, avisa: son las comunidades las que deben rubricar un posible acuerdo con el Gobierno central y no el líder del partido en sus contactos con Rajoy. Por eso, por mucho que Pedro Sánchez tenga unas intenciones en su agenda, será finalmente lo que diga su compañera Susana Díaz. Al menos en este asunto.

Antes del desayuno informativo que el líder del PSOE ha ofrecido en Sevilla, organizado por el Grupo Joly, se ha reunido con la presidenta andaluza durante poco más de un cuarto de hora en el hotel donde se aloja, ubicado a apenas 20 minutos andando de los juzgados donde se sienta la cúpula socialista andaluza durante décadas. En el acto informativo, Díaz se quedó hasta el final y ello ha motivado el retraso de más de una hora del inicio del Consejo de Gobierno habitual de cada martes, previsto inicialmente para las 10 horas. Pedro Sánchez no terminó su intervención hasta pasadas las 11 de la mañana. Y Susana Díaz estaba allí con él.

Poco antes de finalizar, Sánchez le brindó a la andaluza uno de los titulares que buscaba: “Trabajaré para que Andalucía tenga el mejor modelo de financiación de su historia”. El líder socialista no se cansó en todo momento de resaltar que los puentes entre Madrid y Sevilla a nivel interno de partido están tendidos porque “el objetivo es compartido”, reconoce Sánchez, que no es otro que ganar elecciones. “Lo que es bueno para España es bueno para Andalucía”. Y por si quedaban dudas de que el matrimonio Sánchez-Díaz no va más allá de un contrato de conveniencia donde se hace imperativo aparcar las desavenencias personales, allá va el piropo en clave electoral de líder a lideresa: “El voto para el que se lo trabaja, y Susana Díaz se lo está trabajando mucho y muy bien”. Y viceversa, de la lideresa al líder: “Es evidente que este país necesita cuanto antes una alternativa, y la alternativa tenemos que ser los socialistas para aplicar políticas de izquierda, como estamos haciendo en Andalucía. Nosotros lo vamos a ayudar siempre en lo que sea necesario”.

Como diría un mediador legal, haya paz, que se atisban elecciones en lontananza.

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