¿Cómo soportar la alegría de nuestros niños si tantos otros sufren sin esperanza? La sinrazón ha llenado los corazones de unos pocos, 70 personas en el mundo tienen más que el resto 7 mil millones de ciudadanos. Nos ningunean, nos mantienen a todos en vilo.

Es triste no ver la luz de este largo túnel que estamos atravesando. Quienes tenemos determinada edad, siempre mantuvimos la esperanza porqué, algo se vislumbraba a lo lejos pero NO, ahora.

Intentemos que esta Navidad sea diferente, el inicio de una nueva forma de vida compartida, con aquellos que necesitan nuestra ayuda. Aunque “los tiempos” que entre todos hemos configurado nos ahogan a nosotros mismos, nuestro compromiso con “los otros” debería ser firme.

La sociedad en la que nos movemos incita a comprar, a probar determinados productos que, económicos dicen, nos sorprenderán. Ropa a mitad de precio o menos, por exceso de producción. Perfumes de marcas que, “plagiados”, ofrecen a precios que incitan a tenerlos…

Solo quienes tenemos conciencia de lo que todo ello supone, evadimos nuestra presencia. Me horroriza entrar en las grandes áreas, y el movimiento de las personas que, ávidas de salir con carga abundante, creen que les vas a quitar algo de lo que ansían.

Pocos son capaces de sentarse a hacer números, conocer sus posibilidades, calcular lo que es indispensable, so pena de no poder ir a la cesta de la compra obligada, el mes de enero.

¿Cómo intentar que la Navidad sea diferente? Salgan a calles y plazas, no dejen de rondar los contendores de basura, hablen con aquellos jóvenes que hurgan de manera especial en los del papel y cartón. Descubrirán la existencia de unos recién llegados, solo Dios sabe los años que les costó saltar la valla, cómo y donde permanecieron, cuantas detenciones, cuantos días sin comer ni beber, cuantos retenidos en prisiones. Ofrezcámosles nuestra amistad, nuestra ayuda. Intentemos hablarles aunque sea complicado, algunos solo hablan su lengua.

Ayuda que encontraran en los servicios Municipales. Les orientaran en cómo organizarse, cómo NO dejarse caer en manos mafiosas que, les explotaran a cambio de nada. Tal vez duerman bajo un puente, NO lo permitamos. No tengamos miedo de ofrecerles nuestra hospitalidad mientras encuentran donde acomodarse, dónde encontrar un trabajo “limpio” que les permita salir adelante.

Nuestra Navidad debe ser compartida con aquellos que no tienen a nadie a quien recurrir, una mano tendida a la que aliarse. Démosles el abrazo familiar que echan en falta. Solo Dios sabe el tiempo que han tardado en llegar, desde que salieron de sus casas. Esto es ¡AMOR!

 

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