Yo tenía, bueno, tengo, una hermana mayor muy guapa. Los días de San Valentín volvía del colegio cargada de regalos. Me parecía algo normal y que también me ocurriría cuando llegara a su edad. Para mi decepción, nunca me regalaron nada en San Valentín. Y entonces decidí que eso del día de los enamorados era una bobada ñoña. Igual o más que la tonta de mi hermanita mayor. En este mundo cruel hay que sobrevivir como se pueda ¿no te parece Valentín?

(…)

El día de San Valentín se conocieron. Estaban en una aburrida conferencia y se escabulleron al mismo tiempo, tan preocupados por disimular que casi tropiezan el uno con el otro. Siempre bromeaban sobre la premonición que fue conocerse precisamente ese día, porque ya nunca más se separaron.

Catalina sabía que se iba a agarrar a él como a un clavo ardiendo. Sus ya treinta y cinco años sin pareja estable conocida, la hacían pensar que cada vez iba a ser más difícil tener a alguien a su lado. Convertirse en una solterona la espantaba. Por eso cuando tropezó con Tomás no lo dudó un instante. Sería el hombre de su vida. Y Tomás, era de esos que van ofreciendo el cuello para que alguien les clave los colmillos. Tampoco le fue tan mal con Catalina.

(…)

Él nunca se olvida de traerme una rosa por San Valentín. Y a mí me da un poco de vergüenza ajena. A veces la pone sobre la cama, de mi lado y sé que tengo que hacer una exclamación de sorpresa y sonreír y darle un abrazo, como si me sintiera emocionada. Pero esas cosas me salen bastante mal. La exclamación suena a falsete y la sonrisa es forzada. No sé si se da cuenta o no. Debe ser que no, porque lo repite cada año. No puedo soportar la cara de satisfacción que se le pone.

No sé cómo decirle que me gustaría que me mirara más y me entendiera. Que fuera realmente un compañero, un cómplice, para lo bueno y para lo malo. Que fuera incondicional. Que me hiciera sentir de verdad que no podía vivir sin mí. Que no me dejara a veces la sensación de que piensa que soy un lastre en su vida. Que fuera más seductor. Y que se deje de rosas, mejor aun, que se las meta por donde le quepan.

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