El anuncio del anuncio de la presentación a las primarias del PSOE el próximo mayo ha servido para que quede en evidencia que Susana Díaz no lo controla todo en el partido como desearía. Ya se sabe que no le gusta perder ni a las canicas, pero para ganar también hay que jugar. Y trabajo le ha costado después de ver cómo está el patio de alterado.

Es más, el adelanto de la candidatura de la baronesa socialista andaluza en un mes sobre el anuncio oficial previsto para abril, tras el pistoletazo que la gestora dará al proceso interno de elección de nuevo secretario general, evidencia que el nerviosismo cunde en sus filas, pese a tener a prácticamente todo el aparato a su favor, sin contar con la amplia mayoría de los barones territoriales y la fuerza incontestable del granero socialista por excelencia, el andaluz.

Tampoco sus contrincantes, Patxi López y Pedro Sánchez, caminan sin piedras en las alforjas en este proceloso paseo, con las expectativas de voto del partido por los suelos. Ninguno de ellos es una cara nueva en estas lides, y el pasado está ahí bien cerca para sacar unas primeras conclusiones de aproximación, aunque todos, los tres compañeros socialistas y ahora adversarios por un puesto por el que han pasado dos ex presidentes del Gobierno tras la reinstauración de la democracia, querrán dar ante la opinión pública su mejor imagen y obligarán a sus fieles a mirar al futuro y dejar el pasado solo para los historiadores y cronistas políticos del reino.

PATXI LÓPEZ

 

A favor

Probablemente la principal baza de la candidatura del dirigente vasco es que fue el primero que comenzó la carrera de forma oficial. Tras la reunión del comité federal del pasado enero, el ex lehendakari dio el paso adelante pese a que aún tenía cinco largos meses por delante hasta la celebración de las primarias. Sabía que debía darse a conocer pese a que en absoluto es un desconocido en la política nacional.

Hasta unos meses atrás del anuncio de su candidatura, López era uno de los más firmes defensores del “no es no” del secretario general, Pedro Sánchez, a la investidura de Mariano Rajoy. Nunca podrá desprenderse de ese estigma y lo sabe. Pero también era consciente de que su imagen tolerante y abierta, firme impulsor del fin del terrorismo etarra durante su mandato como lehendakari, debía ser una baza a explotar.

Nunca podrá desprenderse del estigma de haber sido uno de los más firmes defensores del “no es no” a Rajoy

A esto se debe unir una gestión solvente y por momentos brillante al frente de la presidencia del Congreso de los Diputados durante la legislatura más corta y convulsa de la democracia. Ocupó entre el 13 de enero del pasado 2016 y el 19 de julio de ese año el tercer cargo más importante del país, y lo hizo con una mano izquierda que sorprendió incluso a muchos compañeros de bancada por su templanza y buen hacer.

 

En contra

Precisamente fue presidente del Congreso de los Diputados gracias al impulso que el propio Pedro Sánchez, entonces secretario general de su partido y hoy adversario por el liderazgo del PSOE, le dio para que ocupara este sillón. Su clara afinidad con la línea seguida por Sánchez durante su oposición férrea a la derecha que representa Mariano Rajoy y el PP se mantuvo firme en todo momento.

Hasta que algo cambió en su opinión aquel convulso y bochornoso comité federal del 1 de octubre. A partir de entonces, la afinidad entre ambos se distanció, hasta el punto de que la propia secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendia, también ha ido poniendo tierra de por medio respecto a la línea marcada por Sánchez.

Recientemente, en una entrevista radiofónica en Onda Cero, Mendia sacó a relucir una palabra clave en todo este proceso, como también lo fue en la asamblea de Podemos en Vistalegre II: la palabra mágica no es otra que “unidad”. La secretaria general de los socialistas vascos aseguró que Patxi López es el candidato que “mejor puede representar la unidad” en el partido y también para que el PSOE recupere el espacio político perdido a raudales y sin cesar en los últimos años. “Es conciliador y reivindica el espacio socialista, el orgullo de ser socialista, de lo que hemos sido y de lo que podemos ofrecer en el futuro”. También Mendia le echa un cable a su colega Patxi asegurando que en la misión de recuperar la unidad del partido, hoy por hoy completamente rota, “Patxi tiene acreditada una buena hoja de servicios, por lo que hizo en el PSE (ocupó la dirección tras la crisis por la salida del anterior secretario Nicolás Redondo) y por su talante personal”.

Cuando se presentó a las primarias, pocos daban por descontado que López llegaría hasta el final de la campaña. En sus últimos encuentros con militantes ha incidido en esta idea, ante la sospecha de que su candidatura solo haya servido de táctica de distracción y despiste.

Pero todas estas bazas supuestamente positivas para su candidatura también le van a la contra, ya que es precisamente este vaivén en sus decisiones el que resta solidez a su proyecto “conciliador”. Nadie sabe a día de hoy por qué motivo concreto pasó del “no es no” a Rajoy a secundar una abstención histórica al PP, pese a que de este modo se sometía simplemente al designio democrático de lo decidido en el máximo órgano entre congresos del partido que es su comité federal.

PEDRO SÁNCHEZ

 

A favor

A estas alturas, y sobre todo desde que decidió anunciar públicamente el pasado 28 de enero su candidatura en el multitudinario mitin en la ciudad sevillana de Dos Hermanas, ya nadie le podrá arrebatar el hecho de que su discurso es el de referencia de la izquierda en el PSOE.

Todos fuera y dentro del partido saben que Pedro Sánchez no es hoy ya secretario general de los socialistas no porque buscara presuntamente una investidura a la presidencia del Gobierno con el apoyo de los independentistas catalanes –supuesto nunca probado–, sino porque su mensaje de un PSOE verdaderamente de izquierdas que le hable al emergente Podemos de tú a tú ha calado con furor en una militancia que prefiere quedarse en casa y abstenerse antes que mirar a su izquierda y votar a los de la formación morada.

Esta es su gran baza y es aquí donde más sustancioso rédito le está sacando a su campaña electoral, que se contabiliza por unánimes éxitos de convocatoria. Sirva como ejemplo la cita de este pasado domingo 12 de marzo en Cádiz, histórico feudo del socialismo andaluz, con apoyo expreso de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.

Su hoja de servicios viene marcada por los peores resultados electorales del partido, coincidiendo con la aparición de Podemos

Como los mejores toreros del cartel, Sánchez no deja un asiento sin vender allí donde torea, sea en plazas como Madrid, Ceuta o cualquier punto de Andalucía, territorio supuestamente vetado por el poderío de Susana Díaz y del aparato oficial del PSOE de Andalucía. El aforo es siempre multitudinario y no es raro ver a simpatizantes esperando fuera del recinto por no tener cabida dentro.

La militancia es su gran baza, a grandes rasgos, porque también tendrá que explotar y sondear cuánta de esta militancia está en Andalucía. Los aproximadamente 45.000 afiliados del PSOE andaluz determinarán probablemente las primarias de mayo en un censo aproximado de 180.000 militantes con sus cuotas y requisitos al día.

Sánchez no deja de mirar al sur porque es consciente de que sin atraer a votantes del ‘granero’ andaluz no podrá conseguir su objetivo de batir a su gran rival, la andaluza Susana Díaz.

 

En contra

Si la militancia y un discurso inequívoco de izquierdas son sus grandes banderas, el respaldo perdido entre los cargos más influyentes del partido es su principal china en el zapato, sin contar con los resultados electorales cosechados durante sus dos años de mandato al frente del partido, que sí es cierto que han coincidido de lleno con el nacimiento y aterrizaje de Podemos en la escena política española.

En estos momentos cabe afirmar sin excesivo margen a errar que el PSOE ha dejado de ser el partido de referencia en la izquierda española, aunque el cacareado ‘sorpasso’ de Podemos al PSOE no se produjera tras las últimas elecciones generales del 26-J.

Pedro Sánchez, desde que accedió en el verano de 2014 a la secretaría general del partido hasta su dimisión el 1 de octubre de 2016, ha ido sumando los peores resultados electorales del PSOE desde la llegada de la democracia. Bien es cierto que no ha sido él en exclusiva el protagonista de una tendencia decreciente que ya han experimentado otros dirigentes en sus carnes como el propio José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba, sin contar con la “ganadora” nata Susana Díaz en Andalucía, que sigue perdiendo votantes en su tierra a decenas de miles desde que ella es la cara visible del partido en el sur.

Otro lastre que debe capear Sánchez en esta previsible campaña de primarias a cara de perro es que no debe abusar del victimismo como arma de defensa, sobre todo por lo sucedido el 1 de Octubre, puesto que él mismo ya sabe qué es hacer uso de la purga interna para solventar crisis territoriales. En Madrid, la ejecutiva federal, a instancias del propio Sánchez, destituyó de forma fulminante a Tomás Gómez de la dirección regional del partido en la siempre tumultuosa federación madrileña.

Pedro Sánchez ha entrado en estas primarias lanzando un órdago a todo o nada, incluso ya se le recrimina desde otras candidaturas el anuncio de retirarse de la política si no gana la pugna. Sabe que no cuenta con baronías a su favor, a excepción de la balear Francina Armengol y de un enigmático PSC, al que le han leído la cartilla en Ferraz por su histórico “no” de la investidura a Rajoy contraviniendo lo dictado por la dirección interina. Sus 12.000 votos serán también decisivos para decantar la balanza en las primarias de mayo.

Tampoco cuenta Sánchez con el respaldo de cargos intermedios como alcaldes o concejales, a los que ya se vio en Madrid en el acto que el presidente de la FEMP, Abel Caballero, preparó para mayor gloria de Susana Díaz. Estos cargos municipales y provinciales prefieren apostar por la fuerza del aparato del partido antes que por proyectos verdaderamente con contenidos de izquierdas.

Y pese a todo ello, son los actos de Sánchez los que más entusiasmo están despertando entre los socialistas de base. Eso sí, nunca las bases han decidido nada en este partido, aunque sí sobre el papel.

SUSANA DÍAZ

 

A favor

Conoce las tripas del PSOE mejor que nadie. Aprendió de la vieja escuela del PSOE sevillano y después de paso del andaluz. Ha mamado el hacer de la casa desde que era una adolescente. En la política de pasillos y despachos no tiene rival.

Terminar la carrera de Derecho no fue más que un punto insignificante en un currículo eminentemente político. Desde que a los 17 años se afilió a las Juventudes Socialistas solo ha vivido por, para y del PSOE. Queda todo dicho.

Ese mismo PSOE que ha sido hasta ahora una máquina incontestable de ganar elecciones tras elecciones en Andalucía, una de las regiones más atrasadas de todo el continente europeo y con una tasa histórica de paro siempre muy por encima del 20%. Esta es su gran baza, conocer el partido casi mejor que a la madre que la parió.

Para bien o para mal, su perfil político queda reflejado perfectamente en el balance de su gestión al frente de la Junta de Andalucía, desde que en 2013 sustituyera de forma precipitada a José Antonio Griñán tras su imputación en el caso de los ERE fraudulentos. El coordinador de IU, Antonio Maíllo, le espetó: “Usted no es de fiar”. Se lo decía a sabiendas de que los tiros iban por aquella decisión tomada por sorpresa de adelantar los comicios andaluces en 2015 a marzo y de paso romper el gobierno de coalición con la federación de izquierdas pese al buen resultado que había dado.

Tras su primera victoria electoral de 2015, aun a costa a dejar por el camino decenas de miles de votantes, logró que Ciudadanos le permitiera su investidura como presidenta de Andalucía después de casi tres meses buscándolo sin éxito. Nunca contempló la posibilidad de pedir el respaldo de Podemos, y, como le ocurre a su “tito” Javier Fernández, presidente de la gestora, abomina de todo lo que huela a la formación morada. Siempre mira a ese insondable nicho de votantes más al centro o incluso a la derecha antes que al que aparece dubitativo por su izquierda.

La gestión gris en Andalucía durante tres años y sus guiños a políticas liberales se imponen a su discurso populista

Su política de izquierdas es de efectos prácticos y mucho fuego de artificio de cara a la galería, porque a la hora de la verdad siempre anda buscando el respaldo de las grandes compañías antes que defender de verdad una sanidad pública de calidad o una educación predominantemente pública, ya que mantiene una gran cantidad de conciertos con la enseñanza religiosa antes que apoyar decididamente la construcción de nuevos colegios públicos.

Su Gobierno autonómico no tiene a nadie que brille personalmente ni un cuarto de mitad que ella. Es un mandato no escrito que se cumple a rajatabla desde que ella llegó a San Telmo. Y eso que hay nombres que en otros momentos fueron pesos pesados de la política nacional, como la consejera de Cultura y ex dirigente de IU Rosa Aguilar. ¿Hay alguien más allá de Despeñaperros que sepa que la otrora referente de la federación de izquierdas ocupa hoy un sillón en el consejo de gobierno socialista de Díaz en Andalucía?

Otro aspecto que tendrá Díaz a favor para lograr la dirección del partido es el cariño y respaldo de los históricos del PSOE, desde un desaparecido Felipe González, pasando por Rodríguez Zapatero, o incluso Pérez Rubalcaba. Ni que decir tiene que también los barones de Extremadura, Asturias, Castilla-La Mancha, Valencia o Aragón estaban deseando que Díaz diera el paso. El poder llama al poder.

Este respaldo se produce más por sentido práctico que por afinidad sentimental, ya que hasta no hace mucho algunos de ellos como Guillermo Fernández Vara o Emiliano García-Page se dejaban querer cuando se especulaba entre sus círculos internos con la posibilidad de que también ellos optaran al liderazgo del partido. Todos ellos tienen claro que Díaz no tiene por qué ser la mejor de entre todos los barones, pero sí la más ambiciosa, y por supuesto la lideresa de la formación más decisiva de todo el PSOE, la andaluza. Sus 45.000 afiliados decantarán finalmente la balanza a un lado u otro.

 

En contra

A pocos escapa dentro y fuera del PSOE que Susana Díaz no transmite buenas vibraciones más allá de Andalucía. Síntoma de ello es que recibe encendidos elogios de algunos dirigentes de Ciudadanos y Partido Popular, que no se cansan de ensalzar su imagen casi de estadista preocupada por los principales problemas del país. Es este sentido de Estado eminentemente español sin una visión de izquierdas que gire hacia un proyecto verdaderamente federal el que echa para atrás a muchos colegas, sobre todo de agrupaciones periféricas históricas, como Galicia, País Vasco, Valencia, Cataluña o Baleares.

El proyecto federal que el PSOE y todos sus barones ratificaron en julio de 2013 para hacer frente al órdago independentista no ha sido nunca del agrado de la baronesa andaluza, quien una y otra vez ha apelado a la equidistancia entre todas y cada una de las comunidades históricas, incluida la andaluza.

Otro punto negro que Díaz no podrá sortear a partir del próximo 26, día oficial del inicio de su carrera a Ferraz, es que la militancia ha sabido interpretar con una pasmosa claridad qué pasó y quiénes fueron los protagonistas de lo sucedido el 1 de octubre en el ya histórico comité federal. Nadie olvidará la presentación de las firmas con la dimisión en bloque de la mayoría de la ejecutiva federal, llevadas bajo el brazo por el sevillano Antonio Pradas, después de unas presiones “brutales” aún no destapadas públicamente por los afectados. O que la “única autoridad” del PSOE a las puertas de Ferraz durante unas horas fue la líder del PSOE sevillano, Verónica Pérez, íntima de Díaz.

A este cúmulo de lastres en la mochila de la andaluza hay que sumar su excesiva y palpable connivencia con la gestora provisional que rige los designios del partido desde entonces. No se trata ya de que el portavoz de la gestora sea su número dos en el Parlamento andaluz, el onubense Mario Jiménez, sino de que su retahíla machacona de que “primero el qué y luego el quién” nunca se ha llevado a cabo, porque ni siquiera en estos momentos está claro que el partido haya aclarado cuál será la línea política y económica sobre la que debe regir sus designios inminentes.

Eduardo Madina le ha “cosido” el programa político a la gestora y el economista de corte neoliberal José Carlos Díez, muy del agrado de la andaluza, ha elaborado la ponencia económica. Con estos mimbres, la gestora ha ido enhebrando un cesto para gusto exclusivo de Susana Díaz.

Es precisamente el uso personal de la línea de conexión directa entre Ferraz y San Telmo (sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía) desde el pasado 1 de octubre el que deberá explicar convincentemente la candidata andaluza a las primarias si pretende que su credibilidad no siga cayendo y su órdago de todo o nada no sufra un inesperado efecto bumerán.

En definitiva, tres caras bien visibles y nada nuevas de lo que es el PSOE hoy, de lo que ha sido en un pasado reciente, y sobre todo los rostros de lo que será en el futuro el partido de referencia en la izquierda de este país. Con Patxi López, Pedro Sánchez y Susana Díaz, entre otros muchos, ha tocado fondo este PSOE. En mayo tendrá que ser también con uno de ellos tres con quien retome el vuelo, si aún están a tiempo de hacerlo después de 138 años de historia.

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