Creo que habrá pocas personas que a estas horas hablen del primer triunfo del finlandés Bottas en un Gran Premio de Fórmula. Para desgracia del asturiano, Fernando Alonso vuelve a ser noticia con un nuevo fiasco de su McLaren. En esta ocasión el motor se paró antes de que la carrera comenzase. Para hacérselo mirar, la escudería y el piloto.

Si estuviera en la piel de Alonso me plantearía muy seriamente la posibilidad de rescindir el contrato que tiene. Ya parece claro que McLaren no tiene capacidad de reacción para mejorar este año las prestaciones de su coche y lo único que le espera a Alonso es seguir convirtiéndose en el hazmerreír de todo el mundo del automovilismo.

Decía un colega, creo no confundirme si digo que fue Roberto Palomar, que sí, por supuesto, la escudería tiene su parte de culpa, pero Alonso no está exenta de ella. Porque en los últimos años todas las decisiones que ha tomado han resultado desacertadas.

Para mayor inri, ese Ferrari que a sus mandos era una carraca de feria, este domingo consiguió la segunda y tercera plaza en Rusia. Carlos Sainz vivirá por el resto de sus días con esa fama de ser gafe. Alonso va camino de sustituirle. Y de largo. Sus dos mundiales ganados ya quedan muy lejanos y la gente, ocurre en todos los órdenes de esta vida, solo se acuerda del presente. Y no puede ser más negativo para el asturiano.

Por eso no es de extrañar que haya decidido no correr en Mónaco y probar suerte en Indianapolis. A ver si allí le suena la flauta. Ya ha ganado suficiente dinero. Tras el nuevo fiasco en Rusia a Alonso siempre le quedarán los karts.

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