Hoy, 15 de septiembre, se cumplen diez años de la quiebra de Lehman Brothers y el saldo de la crisis continúa pasando factura a las familias españolas. Un acontecimiento que intensificó y aceleró la crisis, marcando un hito en su desarrollo posterior, dando lugar a una intervención importante de dinero público para salvar el capitalismo, cuyos efectos están pagando desde el comienzo, principalmente, los trabajadores y las familias.

Es el momento de recuperar derechos, salarios y bienestar social

UGT recuerda que nuestro país lleva ya cuatro años y medio de crecimiento de la actividad y ya se han recuperado los niveles de PIB y superado con creces los beneficios empresariales de antes de la crisis. Son los trabajadores los que siguen pagando los efectos de esta. Inexplicablemente, y contrariamente a cualquier lógica económica, no se ha realizado ningún esfuerzo de cara a la consecución de un tejido productivo más estable, que permita aguantar los ciclos depresivos con mayor facilidad y que genere riqueza duradera.

En Europa, la crisis financiera internacional mostró la debilidad de la construcción de la unión monetaria. La pérdida de confianza generada dio lugar a falta de solvencia por las economías más endeudadas, y las ayudas financieras y rescates estaban sujetos a aplicar políticas de austeridad y reformas estructurales que garantizasen el equilibrio presupuestario.

 

España, uno de los principales afectados.

En España, la variación del PIB entra en números negativos en el tercer trimestre de 2008 y junto al efecto de los estabilizadores automáticos (aumento de prestaciones por desempleo y caída de la recaudación impositiva), se produce un incremento del gasto público y una caída en los ingresos, que generan un aumento del déficit público, principio de una crisis fiscal.

Las subidas de impuestos de cara a aumentar, o al menos mantener, el nivel de ingresos fiscales, se han realizado sobre los impuestos indirectos, mientras se reducía la carga impositiva directa para las rentas del ahorro y de las sociedades y las rentas más altas. Y el grueso del ajuste se hizo a través de la reducción del gasto público.

Además, mientras el IVA recauda un 19,22% más que en 2007 y el IRPF recauda un 11,99% más que en ese mismo año, el Impuesto de Sociedades recauda un 37,21% menos, a pesar de que los beneficios han crecido y los salarios han perdido poder adquisitivo.

Diez años después de la caída de Lehman Brothers, según el análisis realizado por UGT, nuestra economía es más débil y está expuesta con mayor facilidad a ciclos depresivos

A las políticas de austeridad tendentes a reducir el gasto público, que supusieron considerables recortes en sanidad, educación, servicios sociales y dependencia, se unió la paralización de inversiones en infraestructuras y la reducción del gasto público en I+D+i, así como la descapitalización de numerosas administraciones públicas. Eso sí, asistimos al rescate de los bancos, que nos ha supuesto un gasto directo de más de 40.000 millones de euros, más el coste de los créditos fiscales a la banca. Una banca que, hay que recordar, está teniendo grandes beneficios.

La crisis, además, supuso, como principal impacto negativo, la destrucción masiva de puestos de trabajo y el crecimiento del paro. Esta situación sirvió de excusa perfecta para la aplicación de una reforma laboral en 2012 claramente lesiva para nuestra economía, que ha dejado un mercado laboral desintegrado, con las mayores cotas de precariedad, desigualdad y pobreza laboral.

 

Una economía más débil que hace diez años

El sindicato UGT viene avisando que diez años después de la quiebra de Lehman Brothers, nos encontramos con una economía más débil y quebradiza que en 2007:

Para el sindicato, “necesitamos un cambio de dirección en las políticas económicas”. En primer lugar, “proceder a actuar en política fiscal por la vía del aumento de los ingresos, en lugar de la reducción de los gastos”, señala el sindicato. Hay margen suficiente: 8,4 puntos de PIB nos separan de la recaudación de la media de la zona euro. Para UGT, “un sistema fiscal más justo es garantía de una sociedad menos desigual”. De este modo “se podrán atender las necesidades de gasto público, recuperando niveles de gasto en los servicios públicos esenciales y los niveles de empleo público suficientes para atender los servicios y para gestionarlos adecuadamente” afirman.

Llevamos cuatro años y medio de crecimiento, hemos recuperado los niveles de PIB y superado los beneficios empresariales de antes de 2007, pero la crisis sigue pasando factura a las familias

UGT también demanda “incrementar las partidas presupuestarias destinadas a inversión en infraestructuras, tanto para el mantenimiento de las existentes, como para la construcción de nuevas para atender las necesidades de la población”.

El sindicato exige “garantizar las pensiones mediante el establecimiento de un mecanismo de ingresos que asegure su prestación, así como asignando los gastos de pensiones al pago de estas y no a otros gastos que no le corresponden”.

También reivindica “derogar la reforma laboral”, modificando la legislación de manera que se equilibre la correlación de fuerzas en la negociación colectiva, se garantice “el respeto a unas condiciones de trabajo dignas, se reduzca el poder unilateral de los empresarios”, para reducir de esta manera “la precariedad derivada de la debilidad del trabajador en las relaciones de trabajo”, señalan desde el sindicato.

UGT exige actuar en materia de empleo y contratación, “reduciendo la precariedad laboral derivada de la descausalización de la contratación temporal y a tiempo parcial y de la permisividad en la utilización fraudulenta de estas modalidades”, poniendo coto a otras formas de relación laboral igualmente precarias (empresas multiservicios, falsos autónomos, plataformas digitales, etc.).

UGT, ve necesario aprender de los tiempos pasados: el fortalecimiento del tejido productivo, un sector público fuerte y eficiente, unos servicios públicos universales y de calidad, un mercado de trabajo estable y con condiciones dignas y un sistema fiscal que recaude más y que mejore la redistribución de la riqueza, son garantías de una sociedad más justa, con menos desigualdad y menos pobreza, e incrementan la capacidad del país para aguantar mejor los periodos de crisis.

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