Probablemente, el presente artículo no sea muy original –es más, quizá ya se hayan escrito otros similares–, pero me siento obligado a escribirlo y posicionarme. Hace escasamente unos días, cuatro para ser exactos, Campofrío hacía pública su campaña de Navidad para este año: Hijos del entendimiento. El anuncio muestra cómo una serie de parejas de ideología opuesta pueden llegar a entenderse y, en definitiva, amarse. Hasta aquí, sin haberlo visto, todo el mundo estaría a favor de la moraleja que intenta transmitir: hay que respetar y superar las diferencias. Sin embargo, la empresa no ha conseguido acercarse a su objetivo. Nada más lejos de la realidad, pues lo único que ha logrado ha sido dividir la opinión pública en dos sectores, y las redes sociales son buen ejemplo de ello.

Hay quienes defienden la campaña a ultranza porque, según dicen, ha sacado a la luz temas cotidianos con los que se sienten identificados. Es entendible, ¿quién no tiene un amigo que vota a un partido político con intereses contrarios a los suyos, o una amiga que simpatiza con el equipo rival? Todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas nos hemos encontrado en una situación similar alguna vez, lo que despierta cierta pasión y empatía. No obstante, antes de posicionarse a favor o en contra, conviene analizar sosegadamente las imágenes. Nadie, ni siquiera el sector más crítico con el anuncio, duda de que una persona de derechas pueda convivir con una de izquierdas, o de que una creyente pueda hacerlo con una atea. Quien piense que la cosa va por ahí tiene que volver a ver el anuncio y reflexionar sobre todo lo que acontece.

Nuestra sociedad es un ejemplo de entendimiento –salvo en el Congreso de los Diputados, allí no ocurre–. No hay más que acudir a un aula de primaria, donde el alumnado, independientemente de su procedencia, juega y comparte amistosamente, para darse cuenta de hasta dónde podemos llegar en esto de entendernos. Las nuevas generaciones hemos heredado la importancia de la tolerancia y el respeto a las diferencias, sabiendo que la diversidad enriquece y nos ayuda a mejorar como seres humanos. Ya lo decía Hegel unos siglos atrás, del choque entre una tesis y una antítesis surge una nueva síntesis mejorada. Es evidente que hablar con alguien que tiene una forma de pensar y vivir diferente, desde una posición tolerante, ayuda al crecimiento humanístico de toda persona.

Ahora bien, ni todo se puede tolerar ni se puede llegar a un acuerdo con todo el mundo. Cualquier opinión, actitud o forma de vida que atente contra la Declaración Universal de derechos Humanos o del Animal, aprobadas ambas por organizaciones internacionales, no puede respetarse. Quien dijo la famosa frase de “todas las opiniones son respetables” se equivocó. Todas las personas han de ser respetadas, no así sus opiniones o actos, que pueden llegar a ser perversos; y la perversión o la barbarie no pueden tolerarse jamás. Si se hubieran respetado las opiniones y actos de Hitler, el régimen nazi todavía camparía a sus anchas. Por poner un ejemplo cercano, el hecho de que el machismo esté aceptado y tolerado a nivel social hace que esta lacra todavía perviva en la sociedad contemporánea. Solo la intolerancia puede acabar con ello. Nunca hay que faltar al respeto a una persona, pero toda cosa que diga o haga que atente contra la justicia social ha de ser reprobada.

Tolerar y llegar a acuerdos con ideologías que atentan contra el bienestar social han arrastrado a España a la injusticia durante muchos años

De esta manera, el anuncio de Campofrío –espero que de forma no intencionada– cae en un error garrafal al comparar a un “rojo” con una “fascista”, por ejemplo. El fascismo está condenado porque atenta contra cualquier principio democrático, mientras que ser rojo es una decisión personal que no supone perjuicio alguno para el resto de semejantes. Tolerar y llegar a acuerdos con ideologías que atentan contra el bienestar social han arrastrado a España a la injusticia durante muchos años. ¿O es que alguien se imagina que la ley de matrimonio igualitario hubiera sido aprobada si se hubiera buscado el consenso con aquellas personas que estaban en contra de la igualdad? Ahora nadie duda de esta ley –mejor dicho, casi nadie–, y es un orgullo para la sociedad española, pero si se hubiera respetado la opinión de aquellos colectivos que estaban en contra de la igualdad y libertad de todos los seres humanos, ahora continuaríamos siendo un país legislativamente homófobo, pues socialmente continuamos siéndolo. Si seguimos negociando y tolerando las ideas que atentan contra los derechos humanos y animales, España volverá a vivir un retroceso, como ya lo hizo tras el golpe de Estado y la implantación del fascismo.

El progreso social y la mejora llegarán de la mano de la tolerancia y el entendimiento, por supuesto que sí; pero solo de aquellas ideas que se amparen en la justicia social. En definitiva, el anuncio, sin proponérselo, ha terminado justificando el consenso con ideologías dañinas que no hacen ningún bien a la sociedad. ¿Quién, en su sano juicio, toleraría hoy en día el fascismo? ¿Cómo puede haber gente que tolere el Toro de la Vega? No se puede tolerar lo intolerable. Como decía Thomas Mann, “la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”.

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11 Comentarios

  1. Los que buscan la tolerancia hacia el mal es porque forman parte de él. Gracias por dar voz a tantas personas que pensamos lo mismo sobre el anuncio.

    • Muy cierto. Y ¡Ya está bien de azucararlo todo! La mierda es mierda aunque se embadurne en miel. Algunos estamos ya empachados de tanta estupidez como se ve en los últimos tiempos. Y lo peor es que se haga con “buena voluntad”. Porque si para algunos eso significa “buena voluntad” ¿qué podemos esperar? Ya todo es válido, lo mismo da ser noble que ser indigno…

  2. Esto no lo lee tanta gente como debiera. Nos quieren educar para que toleremos las barbaridades de los opresores, para que cerremos los ojos y los oídos. No todo vale, le pese a quien le pese. Estoy de acuerdo con Escritor Crítico cuando dice que el matrimonio homosexual no se hubiere conseguido nunca si se hubiese escuchado a los opresores. Hay algunos que no quieren reabrir viejas heridas, pensando que alguna vez se cerraron. El pueblo no puede tolerar la opresión jamás.

  3. Banalizar el fascismo. ¿Alguien se imagina a una etarra con capucha frente a un guardia civil en el anuncio? ¿A dónde habrían llegado los gritos y cuánto hubiese tardado un juez en empurar a los responsables? Campofrío empezó a dar bastante asco ya hace tiempo, pero ahora se han coronado.

  4. La publicidad no se libra de la necesidad de necesitar su propia catarsis. Vemos los estertores de la publicidad del siglo XX.

  5. Esa campaña por el entendimiento y amor para e surrealista, proviniendo de una empresa dedicada a convertir animales un embutidos. Tal esquizofrenia ética me resulta descacharrante

  6. Habría que pensar mucho y bien lo que se esconde detrás de esa empresa de matarifes que se regodean en su especismo para triturar sin piedad a otros seres vivos.
    No he visto nunca tanto regocijo en la crueldad que el anuncio propagandístico de la ideología tanatocrática de Campofúnebre.
    Aquellos que se han puesto a colaborar con ese fascismo publicitario son personas obscenas en su sentido más literal. Cuando la obscenidad es lo que está detrás de lo que se enseña, pero no se muestra.

  7. Totalmente de acuerdo con este artículo. No se puede tolerar lo intolerable. Pero qué se puede esperar de una empresa, Campofrío, que se lucra con la explotación y el sufrimiento animal… Hipocresía barata.

  8. Es muy, pero que muy difícil, que un franquista o un taurino (por ejemplo) llegue a entender el artículo. Para eso deberían haberles puesto un cerebro ¿No os parece? Ah y un diez por el artículo, enhorabuena.

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