Daniel Ricciardo tiene toda la sonrisa congelada, la enorme sonrisa que jamás parece abandonar su rostro. Ahora esa sonrisa no está hecha de dientes, sino de trocitos de hielo. Le cuesta moverse, salir del coche, caminar sobre sus propios pies. ¡No se lo puede creer!

“La vida no es justa, Daniel” le decía alguien, como nos lo han dicho a todos alguna vez, cuando aún era un niño en esa lejana ciudad de los antípodas que alguien bautizó con el nombre de Perth.

¿Había hecho mal alguna cosa? Cuando le pasaron de Toro Rosso (alias Red Bull B) al equipo en el que los coches corrían de verdad (Red Bull A), y le tocó medirse con un tal Vettel, que ya tenía cuatro títulos mundiales a su espalda y había maltratado y abusado hasta más allá de lo razonable de su anterior coequipier: Mark Webber, el sonriente Ricciardo puso al teutón en su sitio de modo indiscutible e incontestable. Le ganó por goleada, y esa temporada fue el único piloto capaz de vencer a los ya intratables Mercedes, no una vez, sino tres.

En el Gran Premio de España de 2016 se encontró, como por arte de magia, birli birloque, que volvían a ponerle al lado a alguien a quien el equipo tenía intención de hacer brillar hasta dejar ciegos a todos los espectadores. Max. Max Verstappen. No se amilanó. No se asustó. Sonrió con más fuerza y amplitud que jamás. ¿Me desafían?Pues van a ver. Condujo como el diablo, y aunque Max estaba puesto allí para brillar fue capaz de vencerlo en la jornada de calificación. Gritó brincó y aulló como un Diablo de Tasmania el señor de la Sonrisa Perpetua cuando terminó la prueba cronometrada. ¡Lo había demostrado otra vez! Él era el mejor. Él es el mejor.

Y entonces sucede el golpe de fortuna, a Hammy Hamilton le vencen la soberbia y la estupidez, piensa que Buen Chico Nico no va a tener cojones para no apartarse si le mete el morro por el orto. Pero Buen Chico está hasta “la torre de Pisa” de su compay, y él, al igual que Ricciardo, está demostrando este año, y también al final del pasado, siete unos seguidos, que es capaz de aprovechar su oportunidad. Y Nico Buen Chico no lo duda y cierra la puerta a Collares Hamilton… Los dos se van a dormir el sueño de “has la carrera que viene ya nada se puede hacer”.

Esta Dani Smiley -así lo ha decidido el destino- en primer lugar, comandando la carrera, y detrás tiene al piloto que puso en su sitio en cuando tuvo que medirse con él: Sebastian Vettel. ¿Y entonces qué sucede?

Sucede la verdad sobre el caso Verstappen. Sucede toda la verdad sobre el caso Verstappen. Sería estupendo, piensa el viejo y caprichoso y retorcido señor Marko, que su superprotegido ganase su primera carrera, bailase con la princesa de las hadas en cuanto asentase las nalgas en el interior de un Red -A- Bull.

Era fácil de conseguir. Bastaba hacer entrar primero -para hacer el cambio de neumáticos- al Hombre A Quien Van A Helar La Sonrisa, y no se le deshelará hasta el Gran Premio de Mónaco 2016. Se le cuenta que…. Bah, no se le cuenta nada. A él le hacen parar tres veces y al amado Max sólo dos. Así de simple. Sencillo. Tres menos dos igual a uno. Uno es el número que figura en el cajón donde Verstappen posa los pies al final de la carrera.

¿Que Verstappen junior condujo bien? Sí. Pero no condujo mejor que Ricciardo.

Quien tiene padrino se bautiza, dicen los amantes de las aventuras de los vito corleone que en el mundo han sido y serán. Es raro quien ha llegado al círculo de los elegidos sin que hubiera nadie en el susodicho círculo mirando por él. No voy a ponerme a escribir nombres aquí citando casos concretos, porque esto acabaría pareciendo una guía telefónica.

La historia no recordará la injusticia. “El mundo es injusto” le decía alguien a Dani cuando era un niño en el lejano Perth.

La historia sí recordará, y se escribirá con enormes letras doradas, que Max Verstappen ganó el GP de España con sólo dieciocho años. El mejor piloto del mundo. El que más futuro tiene, porque el futuro -en la Fórmula 1 y en cualquier otro negocio- se puede tejer: por quienes tienen entre las manos las agujas, y el hilo también.

Tigre tigre.

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