Los errores del régimen han hecho que el discurso opositor claro y consistente de Andrés Manuel López Obrador cobre factura en forma de encuestas cada vez más favorables al presidente de Morena; y de una “cargada”, al viejo estilo de los tapados y destapados del Priato, a su favor.

En la antesala de la elección presidencial de 2018, nos encontramos ante un escenario que pinta muy favorecedor para el cambio de régimen; comenzando con la parada previa del Estado de México, en donde la candidata de Morena, Delfina Gómez Álvarez, es quien tiene las mejores condiciones para derrotar al prototípico candidato de la generación de mirreyes priistas: Alfredo del Mazo III.

De confirmarse ese resultado en junio próximo, las buenas posibilidades de Andrés Manuel, serán aún mejores. Y los opositores a su triunfo lo tienen muy claro.

Ante ello, unos y otros, moderados y radicales, imaginan alternativas “audaces” para evitar el arribo de Morena a la Presidencia de la República.

Dentro de los radicales se menciona la desaparición física como única solución; que los Estados Unidos (un ente hoy mas que nunca pulverizado y confrontado en varios aspectos) impidan (no sé cómo) que gane; y otros, menos radicales, como Javier Lozano (sí, menos radical aunque suene raro, pero no menos claro de la fuerza política de Andrés Manuel) que sugieren la segunda vuelta electoral en México.

En este caso, en el que en la cancha legislativa no existe viabilidad de aprobar el balotaje para ser aplicado el año próximo, Lozano se atreve a hablar de una segunda vuelta desde la primera elección. Es decir, que todos quienes no quieren el cambio, se alíen para evitarlo mediante una alianza electoral que lo enfrente con toda la fuerza de lo que AMLO ha definido muy bien como PRIAN.

Lo que una vez nació, cuando Lozano era priista, como una alternativa a finales de los años 90 para evitar la continuidad del PRI y agrupar a la oposición (la de entonces) contra el régimen, ahora es resuelto, por ése mismo régimen, como la única vía para evitar su caída real.

La idea es inmejorable, ya que brinda la posibilidad de poner énfasis en el discurso que socialmente está permeando entre los mexicanos: todos los partidos políticos, salvo Morena, son iguales.

Si a la invitación del panista acuden también otros partidos, además del PRI y el PAN, mejor aún. La mesa estará puesta y se trata de que esté divida justo por la mitad, una para ellos (todos los partidos políticos y grupos fácticos) y la otra para nosotros (Morena).

Lo cual nos ahorra dos problemas que resultarán en un gobierno que pueda alcanzar con menor dificultad los cambios sustanciales que el país requiere:

1) No ganar con una mayoría calificada la presidencia, hará que todo el tiempo estén con la perorata de que Andrés no es legitimo (mayoría que desde Zedillo, ningún presidente ha tenido, por cierto).

2) Una mejor conformación legislativa, ya que clarificar al electorado, sin matices, hará que López Obrador se distinga mejor del PRIAN, pero también los candidatos a diputados y senadores que Morena postule.

La mejor señal de un escenario así, en el que Morena gane por más del 50 por ciento de lo votos en caso de que todos se alían en su contra, la tenemos en el estúpido ataque que tanto panistas como priistas buscan descargarle a Morena con la detención de Javier Duarte.

En su desesperación, olvidan que una imagen dice más que mil palabras, y que las múltiples fotos que circulan por las redes sociales en las que con carcajada abierta sale Javier Duarte con Peña Nieto, Calderón, Margarita Zavala, Enrique Ochoa o Alfredo del Mazo, son mucho más esclarecedoras de su complicidad, que la patraña que buscan regar, sin aportar ningún elemento, sobre que Duarte financió en Veracruz a Morena.

Cada paso que dan para buscar restar el avance de Andrés Manuel les resulta en un escupitajo hacia el cielo que cae en horas o días, no más. Y así seguiremos, pues la confiabilidad que existe en la congruencia del presidente de Morena se sustenta con la falta de hechos que prueben lo contrario.

Ello sin obviar el mayor factor de desequilibrio para el PRIAN que esa alianza les traería: ¿quién pondrá al candidato?

Incluso manejando una carta auténticamente prianista como José Antonio Meade, quien tendrá que comenzar por pasar de uno a dos puntos en las mediciones, ambos partidos tiene a mucha caballada encarrerada, no sólo para la presidencia, sino para el resto de las posiciones, en las cuales habrá nueve gubernaturas y los 628 cargos legislativos federales más congresos locales y municipios.

De tal forma que se enfrentarían a una auténtica cena de negros en cada mesa de negociación, que sólo haría dejar a muchos heridos dispuestos apoyar, incluso sin nada a cambio, la única posición contraria: Morena.

Dicho lo cual, me gustaría ver el ejercicio de tratar de detener lo inevitable, que generalmente resulta en que salga el tiro por la culata.

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Conferencista, participante y delegado en múltiples eventos internacionales en Azerbaiyán, Francia, Argentina, Cuba, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Perú y Brasil. Escribo en Milenio Diario y asesoré a los secretarios de gobierno de Puebla y de la Ciudad de México. Soy el único mexicano que ha presidido la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, en su apartado juvenil (COPPPAL-Juvenil). Egresé de la Facultad de Derecho de la UNAM y me he especializado en derecho electoral. A los 27 años competí por una diputación local en Puebla. Actualmente estoy convencido de la regeneración nacional en MORENA, y trabajo para ello, en Huauchinango, Puebla, donde nací.

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