“Os vamos a meter un Ulster, que os vais a cagar”. Cuando Jordi Cañas pronunciaba estas palabras, nos hacía saber que él y su partido iban a jugar sucio. De hecho, tenía muy claro que el movimiento republicano catalán se lo ponía muy difícil a su partido y a sus aliados para llevar a cabo sus aspiraciones de recentralización. Si es verdad que una Cataluña independiente representaría el peor escenario, también lo era que, teniendo en cuenta las mayorías catalanas, lo único que el estado podría conseguir seria una Cataluña dentro, pero con mucho más poder autonómico o incluso en forma de estado confederado. Algo que para ellos era y es inaceptable.

Al ver que sus argumentos de centralización iban a desmigajarse por culpa del debate republicano catalán, en un momento de desesperación y a sabiendas que les sería imposible convencer a los ciudadanos catalanes sobre su proyecto, el bloque Ibex empezó una estrategia que pretendía dividir. Si, dividir. Y es que “Divide y vencerás”. Es paradojal el hecho que, en realidad, como más centralizado está el Estado Español, más divididas están sus gentes. Es decir, la única forma de mantener sometida a la gente de un estado tan diverso y plurinacional como el español es por medio del control absoluto de la información y de los recursos para crear un sistema deliberado de enemistad. ¡No es de extrañar que Albert Rivera pida limitar el uso de las redes sociales! Tienen mucho miedo que la información corra sin pasar por su filtro manipulador y que la verdad salga a la luz.

Y es que lo más triste de todo esto es ver que, para conseguir la legitimidad de los españoles para reconcentrar el poder, las cúpulas del PP, Cs y sorprendentemente PSOE, han necesitado, por un lado, crear una identidad española en concreto ligada a una idea de nación muy limitada y, por otro, inventar una realidad de persecución hacia todo lo que es español en Cataluña. ¿Pero todo esto, por qué? Pues porqué el objetivo real de estos partidos es instaurar una especie de feudalismo económico disfrazado de liberalismo, cargándose toda libertad de mercado y competencia y repartirse el pastel entre los suyos. Y claro, solo es posible si el pueblo se entrega perdiendo todo su poder sin darse cuenta. Vamos, lo de siempre. Saben que la única manera de implementar lo que quieren pasa por buscar un enemigo nacional mientras se empobrece a la población y se le quita sus derechos, creando jerarquías, estratos y muros imposibles. Son conscientes de que para ello necesitan dividir a las personas, de aquí que apelen a la identidad, a la lengua, a los ancestros y a los apellidos, inventando una narrativa para hacer creer en el resto de España que el movimiento republicano catalán tiene raíces étnicas y supremacistas. Y, eh, si de paso convencen también a un número considerable de catalanes, pues mejor. Esto ha llegado hasta el punto de que en Cataluña hemos visto manifestaciones en las que la misma Policía Nacional se manifestaba a favor de esa identidad deliberada en las que asistían Arrimadas, Iceta y Albiol, juntamente con grupos que se consideran fascistas abiertamente y que falsamente acusan a los catalanes de discriminarles por su condición de españoles. Así pues, la manipulación está servida y el “Ulster” preparado para explotar.

Lo más doloroso de todo esto, sabiendo que de poco les sirve este discurso para manipular a la mayoría de la sociedad catalana, es que hayan ideado una venganza similar a la pataleta de aquél que defiende una posición militar y, al verse seriamente amenazado, prefiere quemarlo todo a su alrededor y dejarle claro al enemigo que, al fin y al cabo, ya no merece la pena luchar.

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Debido a su historia familiar, rápidamente se apasionó por la política, lo que le llevó a estudiar Ciéncias Políticas en la Universidad de Barcelona y posteriormente un postgrado en Sciences Po Grenoble en Relaciones Internacionales. Allí empezó a interesarse por los conflictos internacionales y en 2015 terminó en la Universidad Hebrea de Jerusalén, dónde estudió el conflicto entre Israel y Palestina mientras cooperaba activamente con diferentes organizaciones en Palestina. Después de trabajar desarrollando proyectos europeos en Bruselas, decidió mudarse a Inglaterra, dónde actualmente estudia un Máster en Género, Violencia y Conflicto. Su principal interés es entender como la construcción de género influye en las estructuras de poder y justifica la violencia y el privilegio.

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