LA DUQUESA DE BENAMEJÍ 1.948, de Luis Lucia. Un intento de abordar los conflictos de clase desde la óptica de conflictos de amores y desengaños. Una historia de pasión, de una gitana y una mujer de la nobleza por un hombre que acepta el camino de la ley. Un film de traiciones y venganzas, de la vida miserable de los hombres de la sierra, de una partida de bandoleros arrepentidos, de la justicia que aplica la ley a los más débiles…

Pero el solar no es más que el suelo donde se construye la casa y los hombres                                    quedan libres para edificar una nueva Andalucía para todos los andaluces.                                                                                                                          MICHEL DRAIN

 

Desde el punto de vista geográfico Andalucía es un territorio definido y su acotación como entidad geográfica no es discutible. Aunque entendemos que los territorios dependen tanto del marco físico, como de la evolución política y social que experimentan a lo largo de su historia. En este sentido pocos pueblos tienen, como Andalucía, unas características tan singulares y exóticas, dentro del continente europeo. La realidad física de este territorio contiene diferencias importantes, siendo más propensa a la africanización que a la continentalidad de pertenencia. Otra cuestión es la sociedad andaluza como pueblo que tiene rasgos distintos del resto de las que forman el Estado forjado en la Edad Media. El carácter que distingue a los andaluces es debido a su evolución histórica multicultural, incluso multirracial, lo específico andaluz parte de una cultura de mestizaje. No cabe duda sobre el carácter original de las manifestaciones culturales andaluzas, el pueblo andaluz presenta unas diferencias originarias y definitivas, con el resto de los pueblos peninsulares. Para hablar de las peculiaridades de lo andaluz, con relativa frecuencia se ha hecho uso del patrimonio y de su rico legado histórico. Aunque el tópico siempre estuvo presente en la valoración y en algunas definiciones pretendidamente científicas, con el tiempo, el análisis racional dejó paso a la imagen pintoresca y alegremente colorista festiva.

La sociedad y la cultura andaluza no han sido muy bien tratadas por la literatura y los medios de comunicación, siendo más fácil adoptar una postura de complacencia conservadora o renegar de todo desde una posición progresista. La situación de la sociedad andaluza ha dado para todos los extremos, el propio origen de Andalucía estuvo envuelto en el mito y la leyenda. La Andalucía actual surge en la Edad Moderna, a raíz de la dominación de la cultura musulmana, aunque se tardaría doscientos años en reestructurar el territorio y la sociedad multicultural que la componía entre los siglos XIII al XV. Durante este tiempo, la negativa a permitir la coexistencia partía de los castellanos y a los que poblaban el territorio no les quedaba otro remedio que rebelarse o aceptar pacíficamente la expulsión. La historia de la sociedad andaluza es convulsa, llena de momentos desesperados, protestas y fracasos. A partir del siglo XIX se crea la leyenda sobre lo andaluz como prototipo del subdesarrollo y el arquetipo del andaluz considerado como poco trabajador y falto de iniciativas empresariales, en una tierra con unas fuentes de riqueza inagotables. Sin embargo, entendemos que no basta cerciorarse del tipo de riqueza en el conjunto nacional o internacional, sino de las condiciones de reparto de la riqueza que desde principio estuvieron concentradas en pocas manos. Este arbitrario sistema ha contribuido a la formación de una sociedad rebelde que dio muestras de su carácter revolucionario durante los siglos XIX y XX. No olvidemos que el pensamiento anarquista estuvo arraigado entre los andaluces, de ahí que la lucha revolucionaria campesina formara parte de los movimientos sociales de estos siglos. Huelgas, cortijos quemados y protestas contra las máquinas por la siembra del algodón, por citar ejemplos tan dispares como precisos. Igualmente, es necesario recordar que mientras algunos andaluces se embelesaban con los amores de la gitana Trinidad en el melodrama Gracia y justicia (1.940), de Julián Torremocha, seguían produciéndose detenciones y fusilamientos de republicanos en amplias zonas de la Andalucía profunda. Tampoco cesaban las minuciosas y terribles operaciones de castigo, que habían comenzado en 1.937, a medida que se consolidaba por las comarcas andaluzas el poder de los nacionales. La lucha de resistencia del movimiento antifranquista del “maquis” tuvo una presencia importante en Andalucía, sobre todo, en las zonas montañosas, como en otras regiones del país. El estudio de la identidad andaluza muestra un territorio y una sociedad que ha vivido una forzosa dependencia económica. Decenios de miseria y de incertidumbre le obligaron a evolucionar de acuerdo con los intereses de una minoría, tanto externa como interna, pero otro tanto les ocurrió a muchos pueblos peninsulares.

En la historia de la cultura los gustos populares son los más resistentes a los cambios, por este motivo permanecen fieles a los géneros estéticos tradicionales. Esta es una de las razones de la supervivencia y de la constancia del cine sobre lo andaluz. Los progresos económicos que se produjeron en España a partir de los años cincuenta favorecieron las producciones con temas andaluces. En el nuevo tiempo la clase trabajadora podía permitirse el lujo de frecuentar los cines. Son los tiempos de Juanita Reina, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Lola Flores, Marujita Díaz y Antonio Molina, con incursiones de Angelillo, Joselito, Marisol, El Príncipe Gitano y Valderrama, entre otros. Las películas tuvieron un público incondicional y numeroso en todo el país.

Aunque la vida de los españoles y de los andaluces transcurría en un medio que no daba para alegrías y el proverbial entusiasmo festivo y comunicativo de los andaluces atravesaba sus peores momentos, la población necesitaba seguir viviendo o soñando. En la pantalla las historias terminaban de acuerdo con las apetencias del público, ero es difícil contar la historia al revés, porque de toda narración con implicaciones reales se desprenden jirones del pasado, marcas y huellas que sirven de señuelo o de guía para encontrar el camino aparentemente perdido. El cine como toda obra de arte jalona el camino de referencias históricas aunque no lo pretenda, una película es semejante al niño del cuento tradicional que “dejaba caer piedrecitas mientras caminaba, para encontrar el sendero a su regreso y no perderse”. Lo importante consiste en reconstruir la historia, aunque sea con los restos apreciados en las imágenes. Dice Álvaro del Amo:

“La circunscripción de lo externo en una imagen ya lleva consigo una cierta dosis de concreción, de aislamiento, de fijación, referenciada siempre a un sector de realidad y capaz de generar un cierto eco evocativo“. [1]

El cine de los primeros veinte años fue punto de referencia obligado para gran parte de la sociedad andaluza, porque actos culturales de otra naturaleza había muy pocos. El teatro ha sido siempre una cuestión de ciudades o de pueblos grandes con cierta tradición, el cine, por su parte, llegaba a los sitios más apartados y estaba ligado al espectáculo popular. A pesar de la situación tan especial en la que vivía la sociedad andaluza de los cuarenta y cincuenta, el cine ayudaba a olvidar los problemas comunes. Pero la visión crítica sobre la producción de películas relacionada con la sociedad andaluza tiene un rechazo de cuarenta años. El cine soportó el desprecio de los críticos del régimen, por las implicaciones con la situación social del momento que mostraban las penurias de la época. Por su parte, los intelectuales y los que tenían ciertas referencias cinéfilas las despreciaban por la convivencia ideológica con el régimen. Sin embargo, pese al ataque de la crítica, las películas seguían teniendo un gran éxito, un ejemplo más reciente fue en Las cosas del querer (1989) de Jaime Chávarri. El carácter folklórico de estos filmes fue una de las razones de su éxito, pero coincidiendo con los cambios económicos la clase media y los profesionales se apartan del cine español. El teatro y otros espectáculos ocuparon el lugar del cine folklórico, en los sesenta fue importante la llegada del cine europeo y una cierta apertura cultural. El cine español desde su aparición quedó poblado de producciones regionales, los autores más diversos defendían la necesidad de resaltar los valores regionales, incluso locales, como fundamento de la cultura popular, la sociedad rural encontraba pocas ocasiones para identificarse con las cosas de la tierra. De siempre, novelas, sainetes, revistas y el cine tuvieron la acogida y el éxito de público, la aceptación de estas obras fuera de su propio ámbito ha sido importante, aunque pocas habían igualado a la andaluza. Esta utilización ha popularizado los usos, las costumbres, la música, las canciones y las fiestas con pretensiones artísticas o comercial. La defensa del localismo y lo cotidiano servía para resaltar los valores de la madre patria y de la patria chica. Los autores regionalistas, escritores de folletines por entregas, poetas y saineteros del costumbrismo, eran admirados por su labor en defensa de las raíces, la mayoría emparentadas con el conservadurismo y lo religioso, la imagen tópica de “charanga y pandereta” para no registrar la vida desgraciada de la gente. Pese a todo, entendemos que el cine folklórico desde sus comienzos tuvo ciertos elementos en sintonía con la realidad andaluza y es que la imagen procede de una situación sociocultural y, además, es reflejo de la mentalidad de la época. La obra de arte pertenece al espacio creativo que refleja “el territorio, real o simbólico, de valores compartidos, normas a seguir y comportamientos esperados”. Arte y artista son de su tiempo, la obra tiene un valor de producto cultural.

Si entendemos la obra como un producto cultural, a veces, lo importante es el análisis de los contenidos. En muchas películas encontramos la estructura del cortijo, el amo, los criados, las faenas del campo, la fidelidad, los celos, la honra y la mujer andaluza como arquetipo de la querida, la monja, la madre o la sirvienta. Cuestiones que han perdurado en el tiempo y que los andaluces vivían como suyas, no eran inventadas. La cuestión es hablar de cosas relacionadas con la sociedad andaluza, tomar la sociedad como objeto que consiste en observar y analizar las imágenes que hablan o introducen temas de su forma de vivir, porque la cultura es el resultado de la práctica cotidiana. La conducta social está en las costumbres y las ideas por las que se rigen. Los hechos son objetivos e independientes del sujeto, el análisis dependerá de los fundamentos filosóficos del sujeto y de su posición racional ante los hechos con los que se enfrenta. El cine habla de algo preestablecido como la obra de arte, es un acto de purificación, un acto de contrición compartido entre los espectadores y los personajes ficticios del film. De hecho, la comunicación ejerce una influencia y un poder sobre las clases populares que necesitan consumirla. Nos dice Armand Mattelart:

“Vivir la historia de los demás para no tener tiempo de preocuparse de la propia, vivir por procuración identificándose con cuanto supera a uno, en una palabra, convertir el tiempo histórico en un objeto de consumo como cualquier producto, son los lemas que vertebran la operatoria de desplazamiento que realiza el medio masivo”. [2]

 

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Maestro de Primera Enseñanza. Licenciado en Filosofía y Letras (Historia del Arte) Doctor en Comunicación Audiovisual. Tesis: La Imagen de Andalucía en el Cine Español (1940-1960) Diplomado por la Universidad de Valladolid. Historia y Estética Cinematográfica. Colaborador varios años del Periódico Comarcal, "El Condado".

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