Tengo miedo a los atentados. Sólo los muy necios, sin sentido común, sin “seny”, no lo tienen. Los muy cobardes dicen que no lo tienen, porque les da miedo hasta confesarlo. Y corean a los peores de todos, a los  irresponsables y chulitos que dicen que no tiene miedo  una vez pasado el peligro, y encabezan –a veces incluso falsamente, como el montaje tras el atentado de París- la manifestación del pueblo contra el terror.

De ahí que me parezca coherente, pero fatal, el que las autoridades hayan escogido como lema de la manifestación  antiterrorista ese falso “no tenemos miedo”. Yo les tengo mucho miedo a esos jefes que, sólo en recortes en  Sanidad, han matado a muchos más que los terroristas; por ejemplo, Rajoy,  que ya estuvo en el infame montaje de jefes en París.

Rechacemos, por supuesto, los atropellos con vehículos; pero la única manera de eliminar ese terrorismo es acabar con las muchas más muertes que causan nuestros  bombardeos en Oriente, y  las más silenciosas muertes que ocasionan también aquí los recortes en Sanidad, salarios, etcétera, por no hablar del recorte de nuestras libertades, para “seguridad”  de quienes nos mandan, pero no nos representan.

La tercera guerra mundial, con sus características propias, ha empezado ya, mucho antes del 11S. El terrorismo es hijo natural del imperialismo (P. T. Buchanan).  El mundo real no es de buenos cowboys blancos contra indios salvajes, los antiguos terroristas de cine. “La verdad no habita en una sola casa” (Proverbio africano). Sólo “el respeto al derecho ajeno es la paz” (Juárez).  Hay que renunciar al cebo envenenado que nos ofrecen los jefes del sistema hoy imperante: un consumismo estúpido para una minoría, lo  que está envenenando  las relaciones entre todos  y contaminando, hasta ir haciéndola inhabitable, a la misma Tierra.

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