El ascenso de Vox en las elecciones andaluzas podría ser aún mayor de lo que vaticinan las encuestas más optimistas para la formación de Santiago Abascal. Según estimaciones del equipo de investigación de Diario16 y de su equipo de expertos en sociología y politología desplegados en todas las provincias de Andalucía, hasta 10 escaños podría lograr la formación ultranacionalista en un fenómeno sin precedentes en la historia de la democracia española. En las sedes de los principales partidos se respiraba a media tarde una gran preocupación por el empuje y el grado de organización que está demostrando el partido de Abascal. En todo aquel colegio donde faltan papeletas de Vox siempre hay algún miembro de la formación dispuesto a reemplazarlas y a situarlas en un lugar bien visible para el votante. No solo se muestran muy activos sus apoderados en las mesas electorales, sino que trabajan también en las cabinas. Una organizada logística que hace sospechar que Vox ha movilizado un potente aparato formado por decenas de voluntarios llegados de Madrid y distribuidos por toda Andalucía. De dónde sale el dinero para tal despliegue es algo que aún se desconoce.

La baja participación (un 46,47 por ciento a las seis de la tarde, cinco puntos inferior a las elecciones de 2015) hace presagiar lo peor para partidos como el PSOE. En Sevilla y Jaén, feudos tradicionales de Susana Díaz, la participación ha bajado todavía más: hasta seis puntos. En Mairena del Aljarafe, un municipio que alberga un nutrido censo de funcionarios de la administración autonómica, apenas había una treinta de papeletas en las urnas a mediodía. En Triana, el barrio de Susana Díaz, Vox parece adelantar al PP, según algunas estimaciones no oficiales. En general, la participación está siendo baja en todas las provincias, una mala noticia para la democracia y una noticia magnífica para el populismo de derechas.

La desmovilización del voto de la izquierda en lugares de clase media beneficia a los partidos como Vox, que pretenden hacerse fuertes precisamente en aquellos territorios donde la crisis ha causado estragos entre las clases más humildes y desfavorecidas. Se trata de un fenómeno calcado al que ha llevado al poder a los partidos ultras en toda Europa y similar al que condujo a Donald Trump a ganar las últimas elecciones en Estados Unidos. El magnate norteamericano no alcanzó la Casa Blanca con el voto de las grandes ciudades ni de las clases medias mejor formadas y más pudientes económicamente, sino gracias al apoyo de las poblaciones de la América profunda más empobrecidas y enrabietadas contra el establishment. Habrá que estar atento para ver qué sucede no tanto en barrios como el de Triana, sino en los ayuntamientos más deprimidos de Almería, Cádiz, Granada o Córdoba y también en los barrios obreros de las grandes urbes más castigados por la brecha de la desigualdad, como el de las 3.000 viviendas en Sevilla. Ese es el caldo de cultivo que prefiere Vox.

A la hora de redactarse esta información los grandes partidos contienen la respiración. Si el voto de la izquierda no se moviliza en las últimas horas antes del cierre de los colegios electorales la irrupción de Vox podría ser histórica. Mucho más fulgurante de lo que vaticinaban las encuestas antes de los comicios.

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