Estoy sentada en el banco de cambio de turno.

Cuando se termina con la ultima llamada del turno, hay que levantar la mano, entonces la supervisora hace una anotación en el ordenador e indica el numero de puesto que queda libre, rápidamente hay que llegar hasta el.

Mi compañera ya se ha ido, tomo asiento, introduzco en el teclado mi tarjeta de control y me pongo los cascos. Ya estoy en mi submundo: lo primero que veo en la pantalla son los relojes de control; control de tiempo real de trabajo, de llamadas diarias, semanales, tiempo de llamada actual y llamadas en espera. Ya estoy conversando con mi primer cliente. En las tres horas que hablo y hablo, intento solucionar problemas, ser amable a la vez que efectiva (la valoración que se hace al término de la llamada cuenta, claro que cuenta, pues si durante un mes las valoraciones medias están por debajo de cinco, date por despedida).

Tengo cinco llamadas en espera, son muchas. El turno de las nueve de la mañana suele empezar bien y acabar mal. Hay que dejar el marcador igual o inferior a como te lo han dejado, porque si no, la sanción económica es segura. Para lograrlo hay que tener una gran concentración y ser muy rápida tecleando.

A las doce estoy con seis llamadas pendientes, ¡tengo que cortar ya!, ¡joder que tío mas pesado!. Está muy cabreado, me insulta, doy al botón de MUTE, respiro hondo, cuento hasta diez y vuelvo a hablar con él. ¡Al fin, se acabó mi primer turno! Levanto la mano, me quito los cascos y oigo la marabunta de conversaciones de mis compañeras, hay vida a mi alrededor, ¿cuantas operadoras seremos?, en hora punta seguro que mas de doscientas.

Tengo dos horas para, como todos los días desde hace ya mas de dos años, ir al súper y comprarme la comida (una barra de pan, una lata de algo -nunca mas de 1,5 €- agua -una botella rellena de casa-), y a comer en el secarral que llaman parque cercano a la nave. No hay nadie, solo yo. Allí sentada en un bordillo pienso en lo insignificante que soy, en la soledad, en la tristeza, y sobretodo en mis miedos: miedo a llegar un minuto tarde, a dejar el contador con llamadas en espera, a que me escuchen una conversación y consideren que no he sido lo suficientemente convincente, a tener valoraciones bajas, al despido, al hambre, a la locura, me levanto y vuelvo al banco de cambio de turno.

El segundo turno ha sido difícil, todo iba bien hasta que contacté con un gracioso (últimamente hay clientes que te aseguran estar muy interesados por las propuestas que les hacemos, te dicen que en un segundo te atienden y dejan descolgado el teléfono minutos y minutos). El que me ha tocado hoy de vez el cuando coge el teléfono y me dice “señorita por favor no cuelgue que ahora mismo estoy con usted”, hasta que cansado de la gracia, cobardemente cuelga. La llamada ha durado veintidós minutos, a partir de ahí las prisas por atender a las dieciséis llamadas pendientes, los nervios, la ansiedad hasta que me he metido la pastilla. He terminado algo mas tranquila pero con tres llamadas más pendientes que cuando comencé mi turno. Punto negro el mi pantalla (menos mal que este mes voy bien y sólo tengo dos, cinco te pueden suponer la no renovación del contrato).

Una nueva hora de descanso, voy a los servicios (¡dios me estoy meando!). Hay otras tres trabajadoras, no las conozco, nadie conoce a nadie, nadie habla, nadie piensa, las cuerdas vocales y el cerebro tienen que descansar, todo es silencio.

Salgo a estirar las piernas, no hay nadie. La nuestra es la única nave con luz de un polígono industrial que prometía. Me dan ganas de gritar, pero no puedo, lloro amargamente, antes de que el pánico se apodere de mí. Vuelvo al banco a esperar mi ultimo turno.

De siete a diez somos menos, quedamos sólo las que tenemos contrato a jornada completa. Hay menos llamadas, menos presión. En este turno tenemos que dejar el contador a cero, nunca se acaba antes de las diez y cuarto.

Vuelta a casa. Hay que correr un par de kilómetros para pillar el autobús de las diez y media. La carrera me viene bien; hace que la sangre circule mas rápida por mis venas, que me sienta mas viva. Sólo vamos teleoperadoras. El silencio es sepulcral; intento no pensar, no soporto pensar, no tenemos ni ganas ni fuerzas para hablar (a lo largo del día ya hemos hablado mucho sin decir nada). Llegamos a Madrid (después de siete estaciones de metro y dos horas llego a casa). Hago la cuenta: diecisiete horas desde que salí de casa, diez horas con los auriculares. Así seis días a la semana. Mi día libre, que casi nunca es festivo, lo necesito para descansar y para seguir buscando en internet ofertas de empleo para una licenciada en derecho.

Cuando entro en casa todo esta en silencio. Mis padres están acostados: mi padre desde hace tres años no tiene trabajo. Hasta ahora mi madre se ha encargado de la casa pero últimamente está perdiendo la memoria  (tenemos cita para el especialista en dos meses, aunque sabemos lo que nos van a decir, nos da pánico). Todo el dinero que entra en casa es mi sueldo 755,5 euros al mes, mas una tarjeta de transporte (como llevo trabajando más de dos años en breve me despedirán; en la empresa solo los supervisores tienen una antigüedad superior), después, la miseria del paro y en unos meses vuelta a empezar de operadora a media jornada.

Ceno una sopa de sobre, dos manzanas y un vaso de leche (antes, mi madre me dejaba preparada la cena y en una tartera la comida para el día siguiente; ahora ya no).  Rápidamente me voy a acostar: dentro de seis horas tengo que volver al metro, al autobús y al banco de cambio de turno.

En la pantalla sale

 

“AVISO URGENTE”

¡HAY VISITA DE INSPECCIÓN!.

IMPORTANTE,

¡EL HORARIO DE LA MEDIA JORNADA ES DE VEINTE HORAS.

EL DE LA COMPLETA ES DE CUARENTA HORAS SEMANALES!

 

En el tablón de anuncios figura un cuadrante, falso e incomprensible, lo despegan y vemos que se lo dan al inspector. Después pasan despacio por nuestras mesas, nos miran, a alguna la preguntan, si está hablando no contesta, si no, finge que está hablando. Nos hacen fotos; comentan, observan cómo trabajamos, ¡que sabrán ellos cómo trabajan nuestras cabezas!.

Días después nos cambian todas las sillas (al parecer los inspectores los han obligado): tienen mas ruedas, no son mas cómodas que las antiguas. Nos ponen unas alfombrillas para el ratón con reposa muñecas (parecen usados, hay un dibujo de una obra y pone “Andamios Escobar”). Nos vienen bien.

Cada día el trabajo se complica mas: ha habido bajas, siempre hay bajas. En el segundo descanso, en la calle, me encuentro a tres compañeras charlando. Están tristes, las pregunto y compungidas con lagrimas en los ojos, me dicen: “Loli, la rubia alta, la que casi nunca te dejaba llamadas en espera, se ha matado. Dicen que ayer cuando llegó a su casa, abrió la ventana y se tiró desde un sexto piso.” 

Otra mas…

*Solo en el año 2010, 312 suicidios podrían ser atribuidos a las condiciones de trabajo, estos se traducen en 5.972 Años Potenciales de Vida Laboral Perdidos.


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30 Comentarios

  1. Un historia muy dura. A partir de ahora, intentaré ser más amable con mis interlocutores. E intentaré no perder la paciencia.

  2. Así es la triste realidad en este sector, hablo como cliente y a la vez trabajador. Esta todo sobre explotado con turnos terribles y la gente se piensa que por que estés sentado vives bien, a muchos de los que así hablan me gustaría verles coger llamadas durante un tiempo para que sientan está presión de primera mano y se den cuenta de lo que vivimos día tras día. Demasiada carga psicóloga y poco apoyo por parte del empresario que para ellos somos números sentados en una silla…

    • Efectivamente, es un trabajo con mucho desgaste psicológico y poco valorado, existen varios sectores que prestan este servicio de Teleoperador/a, es poco conocido y entre ellos está el sector de la teleasistencia, un sector que gestiona emergencias sanitarias y emergencias sociales, son las teleoperadoras/es quienes realizan la primera valoración de un usuario/a para que sea activada una ambulancia, médico del ambulatorio, derivación a servicios sociales o bien a un compañero/a para que acuda al domicilio de los mismos….Las empresas no ven otras cosas que números sin importar las condiciones de trabajo, que trabajan con personas y que son personas las que están ahí día a día sacando el trabajo por unos salarios de miseria para que ellos se llenen los bolsillos cada vez más…

      • Seis años estuve en un servicio de teleasistencia, asistiendo a las personas mayores en sus necesidades al tiempo que mis condiciones laborales empeoraban, sufrí tanto estrés laboral que tuve un problema de espalda y luego un ictus. No fui la única: otras compañeras acarrean problemas de vista graves, cefaleas y migrañas que antes no existían, además de los típicos de úlceras y malas digestiones. Lo único bueno era el público al que nos dirigíamos, que siempre eran de lo más amables. Aunque es difícil mantener la cordura cuando solo hablas con personas mayores enfermas, deprimidas y solitarias. Todo para no ganar más que 800€ al mes en jornadas y turnos que te hacen imposible tener vida social. Además de que lo único que quieres en tus ratos libres es silencio.

  3. He trabajado en sitios parecidos pero JAMÁS he vivido algo como esto. Entiendo que es un testimonio real, ahora estoy de teleoperadora en una financiera con buenas condiciones. Por favor, hay alguna manera de contactar con esta persona??

  4. Aquí tenéis una muestra de nuestras condiciones de trabajo, y de vida. Angustia, ansiedad, depresiones, stress, cambios de humor..Así trabajamos día a día miles de personas. Me gustaría que tú, cuando haces una gestión telefónica y me gritas, insultas y menosprecias, pensaras un poco en la persona al borde del colapso que tienes al otro lado. Y que, a pesar de recibir constantemente gritos y amenazas para que trabaje más rápido, y mejor, te sigo atendiendo con infinita paciencia . Tu cero en la encuesta de satisfacción hace que mi mísero sueldo se recorte aún más. Por suerte, y alejada totalmente de la realidad que ilustra esta compañera, mis compañeros son mi apoyo, y mi única alegría. Gracias a todos.

    • la culpa de tu explotación laboral se debe a unos sindicatos ausentes y un gobierno q trabaja para la patronal… no creo q sea la mala educación de la gente, aunq eso siempre es criticable x supuesto… hay q exigir una legislación laboral para los teleoperadores digna, pero no discutir entre trabajadores y gente q muchas veces es acosada x su compañía telefónica u otras cosas.. deberían regular tanto una cosa como la otra… contra los abusos, regulación…

      • La culpa es de la gente que no piensa en el grupo. Si las 200 o 300 personas que trabajan ahí de operadoras se plantan y le dicen a la empresa que no trabajan hasta que mejoren las condiciones el problema se acaba rápido.

  5. Trabajé como teleoperador de Orange durante menos de 1 mes por no llegar a los números (al igual que gran parte de mis compañeros), y suscribo punto por punto esto. Trabajamos en condiciones casi infrahumanas, y controlan cada segundo de nuestro trabajo, es una ansiedad y una presión constante. Para ellos no somos personas; somos un simple número de login sentado en una silla. Es uno de los trabajos más alienantes y más deshumanizadores que existen.

  6. Yo trabajo de teleoperadora para Orange y todos estamos de puta madre en la empresa ni muchisimo menos lo que cuenta, no pongo en duda que sea real, pero vaya peliculon…

  7. Es una exageración total yo también conozco el gremio estuve 3 años y me gustaba empezé como teleoperadora y terminé como analista de calidad, lo q pasa es q quien se queja es gente q ningún trabajo le va bien yo aún hoy día tengo amigas y familiares en este sector y están felices con su trabajo porque saben el verdadero significado de la palabra TRABAJO

    • ¿Una “analista de calidad” no sabe que “empezé” se escribe con C?

      Tela con los trolls… a todos os salta el fallo por el mismo sitio.

  8. Yo trabajé de teleoperadora durante unos cuantos años, y si bien está un poco dramatizado, no es tan irreal.
    Matilde, no te creas, no es tan exagerado como parece, sólo lo justo para que los ajenos al mundo del telemarketing tomen conciencia de que las personas que atienden son personas, y que cada grito, cada insulto, cada bromita pesada, se acumulan en el trabajador.
    No creo que haya tantas teleoperadoras felices con su trabajo…. No es un trabajo que sea llevadero. Y te asegura que las compañeras que tuve conocían el significado de la palabra trabajo, al igual que lo conozco yo.
    Por cierto, me alegro que acabaras de analista de calidad. Y si es dentro del mundo del telemarketing, espero que seas humana y escuches las quejas de tus compañeras

  9. Quien siembra lechugas recoge (muchas o pocas) lechugas, quien siembra patatas nunca recoge zanahorias y quien no siembra no recolecta. nunca voy a dar un 10 por lastima ni un 0 para fastidiar a nadie. vosotros tenéis que ganaros las condiciones de trabajo dignas y nosotros valorar con equidad en función de la atención recibida.

    • Estas de coña???? No siempre se recoge lo que se siembra. El cliente muchas veces valora por la experiencia general que tiene con la compañía y, aunque tú le hayas tratado bien y hayas hecho todo lo humanamente posible por resolver su situación… valora por la experiencia general, revienta tus datos y da motivos para que te sientas un poquito peor porque ya no sabes qué hacer para evitar situaciones similares. Eso… va minando poquito a poco tu positividad e intentas compensarlo con frases bonitas que algunos clientes te dicen, pero no todos los días consigues tener la moral alta y eso suma…

    • Aquí el hortelano es de los que se piensa que llama a esclavos, más tarde o más temprano llegará San Martín.

  10. Joaquín, lo que describes es una realidad pero habría que añadir más basura todavía que he llegado a vivir. Me identifico con las llamadas en espera (les llamábamos las colas), la amargura de los supervisores, el no poder ir al cuarto de baño, el sentimiento de cosificación como trabajadora, la mala educación y falta de empatía de las personas que llamaban, las penalizaciones ajenas a tu buen hacer como trabajadora, los cambios en los horarios de un día para el otro,…Tengo dos carreras y un master y durante un año trabajé como teleoperadora en una compañía aseguradora. De mi experiencia sólo puedo destacar dos cosas buenas. En primer lugar mi horario era de 8 horas seguidas de 06:00 a 14:00 horas, lo cual me permitía dedicarles mucho tiempo a mis hijas que entonces eran bebés, y eso era básicamente lo que me movía cada mañana a ir a trabajar. Es una pena que para que una madre pueda compatibilizar maternidad y vida laboral tenga que aceptar puestos inferiores a su capacitación. Nos queda mucho por luchar al respecto. En segundo lugar, tuve compañeras excepcionales como no he tenido en ningún otro trabajo, muchas de ellas gente preparadísima como yo, algunas madres con el mismo leit motiv de compatibilizar maternidad y vida laboral, gente que estudiaba y trabajaba allí para pagarse los estudios. Sí es cierto que la gente que no tenía ningún objetivo por el cual estar allí era gente muy gris, al borde de la depresión o en ella. No es ninguna exageración que las malas condiciones laborales son motivo de depresión y suicidio, porque el trabajo debe dignificar, y está claro que las condiciones en los contact centers están muy por debajo de los mínimos aceptables en un país del primer mundo.
    No me dejé arrollar por tanta injusticia y di mi opinión varias veces a cosas que no me gustaban, pero el miedo era generalizado. No me echaron, me fui con toda la dignidad. Ahora hablo desde el punto de vista de unas condiciones laborales mejores en otro puesto de trabajo que nada tiene que ver con los contact centers. Si todos alzaran la voz y se negaran a la injusticia de no poder ir al cuarto de baño más que en los minutos establecidos, sería una cosa aceptada levantarse de tu puesto e ir al lavabo. Si todos los trabajadores se negaran a los cambios de horarios de un día para el otro, no se les pasaría por la cabeza hacer esos cambios. Pero hay mucho miedo, y con el miedo no se evoluciona. Dejemos de tener miedo y luchemos por nuestros derechos, por los que hemos perdido ya y por los que aún conservamos. Mucho ánimo a los que trabajan como teleoperadores.

  11. Espero que las amargas personas que tuve de supervisoras hayan evolucionado a seres humanos con empatía. Condiciones laborales de esclavos al criterio de los supervisores. Trabajo a destajo. Ausencia total de solidaridad y afecto en los supervisores, también falta de educación. Falta de higiene en el material de trabajo. Ningún control de riesgos laborales: pitidos en el oído, dolor articular en muñecas, depresión. Y un sueldo mísero pendiente siempre del buen resultado de ventas o clientes atendidos. Un trabajo alienante donde los haya con esclavas al teléfono.

  12. Teneis que organizaros para conseguir cosas, con que os pongais tod@s un dia de huelga se cagan las empresas, son mafia .

  13. Yo trabaje haciendo encuestas por telefono. Te descontaban los tiempos de ir al baño. Cobraba una miseria. Unos 600 euros al mes. Y encima las supervisoras te humillaban por no haber sabido convencer a las personas.

  14. Ahora resulta que la culpa va a ser de los “clientes”. No le deseo mal a nadie, mucho menos a un trabajador que tiene que defender su pan, pero en muchos casos esos clientes son personas que fueron molestados, engañados o estafados por quien está al otro lado del hilo telefónico representando a la empresa. Y ese “cliente” está hasta el gorro de falsas encuestas, promociones que no son tal, maleducados que cuelgan cuando las cosas no les vienen como desean, de exigencias, de trato infantil… Reconozcamos que el sector está hipertrofiado, que el vendedor tiene que vender lo que sea y como sea, y que el “cliente” está escaldado y que, como enseña el dicho, huye hasta del agua fría, como el gato.

  15. Trabajé muchos años, más de los que me hubiera gustado, en una empresa de tele marketing, en Atento concretamente, para servicios de Movistar, y salvo lo del banco de cambio de turno, lo suscribo TODO. Todo es así, la presión es BRUTAL, las condiciones una autentica basura, los compañeros … Algunos son buenos, pero la mayoría es gentuza, chusma bajuna de la peor calaña … Me sentí muuuchas veces como describe esta chica, muchas veces llegaba a casa y me derrumbaba llorando del horror que vivía, me obligaron a aceptar una horario ilegal o me iba a la calle … Ahora, si os digo que cuando había que hacer huelga para reclamar lo nuestro y mejorar las condiciones NO LAS HACÍA NI EL TATO, siempre éramos los mismos y muy muy muy pocos … SEÑORES, HAY QUE QUEJARME MENOS Y LUCHAR MÁS
    Por suerte, ya no trabajó allí, me ha costado años recuperarme psicológicamente de aquello 🙁

  16. Seguro que las condiciones económicas y laborales son lamentables, y que tienen muchas presiones. Una muestra clara de que la Inspección de Trabajo y los sindicatos dejan mucho que desear, por no hablar de ‘relaciones’ entre ellos y según qué empresas. Si se tratara de funcionarios seguro que el tema estaría resuelto y controlado.
    Por otra parte, el sistema de teleoperadores/as es lamentable tal y como ‘funciona’ ahora. Es normal que los clientes llamemos cabreados porque primero te enfrentas a una grabación, te hacen esperar muchísimo, tienes que dar un montón de datos para que te pasen a otra persona y te pregunte otra vez exactamente lo mismo. Luego que se corte, que te pasen a otro departamento y tengas que esperar, volver a contar toda la película porque cuando te pasan nadie le dice nada y no sabe de qué va lo tuyo. Amén de que se corte, que ‘todos nuestros operadores están ocupados. Vuelva a llamar en unos minutos’, que ‘¿por qué te han pasado aquí si no nos corresponde?’, que ‘no te puedo pasar con ningún responsable. Es la información que te puedo dar’…
    Hay una falta de respeto total hacia el cliente y hacia los y las teleoperadores/as, además de pérdida de derechos, amenazas, abuso de poder o posición dominante… Una vergüenza en un estado de Derecho.

  17. Si el paro actual de 3.461.128 no fuera tan desastroso, los problemas de empleo y malformación laboral se hubieran paliado considerablemente. Sin embargo, la mayor parte de las empresas tratan a sus empleados despectivamente y controlando cada minuto de su trabajo. En cuanto a las teleoperadoras que son mayoría mujeres, se las trata como números y les permite actuar de esa manera por ese paro de más de 3 millones de personas. Si el paro se hubiera controlado y los políticos hubieran tratado de contratar a este número tan grande de personas, las empresas, incluso estas de teleoperadores, hubieran tratado mejor a este colectivo o hubieran contratado a muchas más para no quedarse sin ellas puesto que tendrían otros trabajos diferentes y no tendrían donde contratar nuevamente porque no existiría “paro”. Es verdad que crea mucho stress. Un stress insoportable que hace estés malhumorada cuando llegas a casa. Y además sin ganas de hablar ni coger el móvil cuando te llaman. Estás harta!!! Y lo digo por experiencia propia. Cuando cambias a otro tipo de empleo diferente, parece que has salido de una carcel y que llegas al “Paraiso”. Es verdad y las personas que controlan a estos colectivos son una “impresentables” dispuestas a llevar los controles que exige la cmpañia a rajatabla y pensando que si no lo llevan a efectos, serían ellas las primeras en echarlas del trabajo. En fin! es un “infierno” donde los salarios son otro”infierno”.

  18. yo trabaje en un hotel como camarera y es una explotación terrible,me hacian trabajar mas horas y nunca me pagaban esas horas,tenia que ir todos los dias con pastillas para el dolor era terrible, cada habitacion que hacia no llegaba ni a 2.40 es posible esto? lo necesitaba vivia un stress terrible primero me fracture el dedo y luego la rodilla, mientras me explotan seguia buscando trabajo gracias a Dios encontre otro trabajo tranquilo y estoy contenta, chicas no pierdan las esperanzas no dejen que les sigan explotando

  19. Antes de llegar al suicidio es preferible coger un cuchillo y no dejar un gaznate de quienes se creen con derecho a llevar a una persona a este límite. Empresario/a, ¿qué harías si mañana 20 despidos se reunen y deciden que van a acabar con la vida de tus hijos, de tu mujer, de tu marido, hasta con tu gato, que van a acabar con la vida de todo aquello que aprecies?

    ¿qué hace pensar a semejantes alimañas que tienen un escudo que impide que alguien se acerque por detrás en el parque y sesgue la vida de uno de sus vástagos?

    Coordinadoras, supervisoras… en femenino para todos porque la mayoría es femenina en los Callcenter ¿cuánto valen las vidas de vuestros padres, hijos, esposos,… mascotas? los 100 € que cobrais de más por llevar al límite a otro ser humano, a sabiendas de que sois muchas quienes disfrutáis haciendo daño, ue os relaméis de placer cuando las lágrimas afloran en las compañeras… ¿os compensará el día que pierdan el norte y arramplen con vuestras vidas?

    Qué fácil es hacer indigna la vida de otro ser humano, igual de sencillo que coger el cuchillo jamonero y clavárselo en el pecho al mismo tiempo que lo/la miras a los ojos y ves como la vida de esa alimaña se apaga.

    Os alimentáis del MIEDO que provocáis a vuestras trabajadoras, MIEDO al despido, a las amenazas, a los gritos, a quedaros sin dinero para pagar la hipoteca o dar de comer a los hijos, pagar sus medicinas, sus estudios,…

    Ya va siendo hora que el MIEDO cambie de dueño…

  20. Yo he sido tele-operadora en varias compañías también así es que para no repetir los comentarios de los cuales me hago eco, señalar que hablando desde el lugar del cliente cuando he llamado a compañías no siempre he sido bien atendida, da la impresión que todos los tele-operadores están muy presionados (cierto) y aun así son muy amables y esto es falso.
    Yo por mi experiencia, el problema siempre ha sido con la gestión de la plataforma y el trato del personal de coordinación, muy muy lamentable. Al final somos números, no buscan calidad de llamada buscan cantidad de llamadas terminadas sin tener en cuenta si han sido bien resueltas.
    Mi ultima experiencia ha sido en una plataforma que ademas se paga el servicio con dinero publico y es de traca el funcionamiento.
    Saludos a tod@s.

  21. Me suena sinceramente a película dramática… lo de la sopa de sobre en plan dar pena máxima! Trabajo de teleoperadora y desde luego no tiene nada que ver en absoluto!!

    Trabajo 5 hora y día y libro fines de semana! 850€, no es un sueldazo pero nada de 755 euros por tirarte ahí 6 días mil horas como dice esta mujer… Que diga la empresa que es porque no me suena nada creible.

    Nosotros somos mas de 1000 personas y el ambiente es genial, amabilidad por todos lados. Compañerismo, risas y ayuda de supervisores. Opciones de promocionar, hasta hacen días temáticos. Regalan moviles, teles, sudaderas, entradas de cine… vamos, nada que ver con lo que he leido.

    Cada hora descanso 5 min y ademas tengo mi descanso de 20 min entre medias… recuerdo que solo trabajo 5 horas y media.

    O yo tengo mucha suerte o el artículo es una película mala de las de sobremesa en la que la protagonista está amargada…

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