Teatro. Lo real no sabemos dónde quedó. Todo lo que ha pasado esta mañana en la Asamblea de Madrid con la comparecencia de Cristina Cifuentes ha sido teatro. Teatro de la presidenta que, como método de contrarrestar la pena de pasillo, ha contado con todo su grupo parlamentario y altos cargos acompañándola. Minutos antes de su entrada ya lo había advertido Ángel Garrido. Si Podemos y Ciudadanos no quieren saber la verdad, en el PP iban a demostrar que saben jugar a esto.

Teatro porque la cantidad de medios acreditados en el día de hoy superaba el triple de lo habitual un jueves cuando hay pleno. Teatro de Podemos, que como bien ha recordado Alfonso Serrano, había recuperado después de un año a Ramón Espinar. Teatro de la presidenta al asumir el papel de víctima de una confabulación judeo-masónica de la oposición. Teatro porque allí nadie se ha enterado de qué iba la función. Teatro político y del malo. Hay jueves en los que en los plenos se ve más sangre mediática. Pero lo importante al final no se sabrá. Pan et circenses.

Todo se trataba de verificar si Cifuentes participó de manera interesada en la adjudicación a Arturo Cantoblanco en la concesión de la cafetería de la Asamblea. Pues no sabemos si a los diputados y diputadas les ha quedado claro, al resto no. Porque curiosamente, de no haberse concedido al grupo de Arturo Fernández, lo hubiese ganado Clece, de Florentino Pérez y hubiésemos estado en la misma situación. También han investigado en la operación Lezo a ACS. Por cierto, esto último le ha pasado desapercibido a los investigadores de la UCO en su informe.

El informe de UCO dice que se cometieron irregularidades en la contratación. Irregularidades administrativas, habría que advertir como ha hecho la presidenta, y no penales. César Zafra ha comenzado preguntándole a Cifuentes casi por la constitución del Imperio Romano conservador. Pero rápidamente, y como no dejaba contestar a la compareciente, se ha provocado un altercado verbal donde se ha podido ver al diputado naranja con cara de pocos amigos. Intentaba demostrar el diputado si había vinculación entre campañas electorales y concesión del servicio de cafetería. Recordando en este sentido a las fórmulas kantianas aquellas de si A es B por tanto C y demás.

Comienzo del primer acto

El PP naranja no ha salido hoy bien parado porque se les ha visto el doble juego. Justificando el apoyo a Cifuentes en el gobierno de la CAM y, por otro lado, el deseo de ser puros y justos. Los porqués de Cifuentes han sido más convincentes que los paraqués de Zafra. Es sabido por todas y todos que el servicio de comida anterior a Arturo era malo de solemnidad y que existen tradiciones políticas de uso que carecen de justificación lógica a lo largo de los años. Y por eso se la nombró miembro de la comisión de expertos. “A ustedes lo que les molesta es que en mi gobierno no hay ningún caso de corrupción y quieren echarme encima todo lo anterior” le ha dicho tajantemente Cifuentes. No triunfa en amor. Baja el telón y cambio de escenario.

Segundo acto

Sube el telón. El siguiente en preguntar a la presidenta ha sido Ramón Espinar de Podemos. En un tono pausado ha intentado averiguar si Cifuentes era consciente o no de lo que aprobaba en la Comisión de Expertos. Ha acusado a la presidenta de incurrir en duplicidad en el contrato de 2011. No podía estar en mesa de contratación y en comité de expertos. Ha sido el momento más farragoso de la mañana porque ambos podían tener razón y no tenerla. La cuestión clave saber qué órgano era el proponente de la contratación. Si lo era la mesa de la Asamblea o la Dirección de Gestión Administrativa. Informes hay a favor y en contra, así como la jurisprudencia existente en la materia que ha recordado Espinar.

Eso sí, ha enseñado Cifuentes la medalla que lleva como madrina de la Benemérita de la zona 1. Un cuerpo al que ha manifestado sentirse muy unida. Pero en los informes se han equivocado por errare humanum est. Espinar ha pasado de lo puramente administrativista a lo político atacando a Cifuentes por su pertenencia a Fundescam, que se vio favorecido por dineros de Arturo Fernández, y luego la casualidad de su contrato. Ha intentado despersonalizar personalizando en la institución que representa Cifuentes cuando ha afirmado: “No quiero que la presidenta de mi Comunidad esté en cosas de fontanería y de financiación ilegal”. Y la rubia de la coleta (aunque hoy iba con el pelo suelto) ha respondido que todo esto no es más que “una película que han montado donde fallan las fechas”. Cuando se le da la concesión de esos contratos no estaba en Fundescam afirmó la presidenta. El caso es que Cifuentes aprobó el dictamen técnico pero no se sabe qué dijo. Todo esto lo determinará, al final, el juez García Castellón que vuelve a su plaza. Tensión sexual no resuelta. Se baja el telón.

Descanso

Tiempo para pasear por el ambigú mientras Encarnación Moya del PSOE ha intentado descifrar si Cifuentes sabía o consintió que los pliegos llegaban del gabinete de presidencia de la asamblea. Difícil papeleta la de la socialista porque su compañero Francisco Cabaco ha venido manifestando que todo se llevó correctamente. El conocimiento de años de ambas mujeres ha propiciado una rebaja de la tensión. Un descanso que ha aprovechado Cifuentes para reiterar que son los propios grupos parlamentarios los que han vetado la comparecencia de los técnicos y de los diputados socialistas Cabaco y Juan Barranco.

Se levanta el telón. Comparece el amigo de la protagonista, Alfonso Serrano, que más que defender a la dama en apuros, se dedica a atizar duro a los miembros de la oposición. Recuerda el pasado de abogado sin serlo de Zafra y el pisisto de Espinar. De esta forma da la oportunidad a la presidenta de manifestar el discurso que llevan trabajando desde hace semanas: “Aquí lo que se ha hecho es un relato de ficción que nada tiene que ver con la realidad. Se ha tratado de embarrar el terreno de juego y manchar a un equipo de gobierno que está limpio”. En parte, desde una perspectiva lógica, tiene razón Cifuentes cuando se queja que la oposición se niega a la comparecencia de técnicos y políticos. Y también que debían estar conchabadas más de 15 personas en cada contrato.

Final

En la ronda de preguntas final, poco o nada se ha podido sacar en claro. Salvo la pregunta de Espinar, clara y al pie: “¿Qué va a hacer cuando la imputen?”. Cifuentes se ha ido por las ramas al manifestar que el juez no ha dictado providencia y ha hablado con los medios, los cuales han construido un relato. Lo fácil habría sido contestar no se preocupe que no tendré que hacer nada porque eso no pasará al estar limpia. Pero como venimos diciendo todo era teatro por todas las partes y cada uno ha acudido a contar su relato (en esta ocasión sí encaja la palabra por la ficción que conlleva).

Teatro para los medios de comunicación. Teatro para reforzar cada grupo político su discurso. Teatro que nada importa a la ciudadanía precaria, a los que pierden sus casas, a los que pasan hambre, a los que no encuentran trabajo, a los que ven cómo lo público cada día está más lejos de ellos. Teatro político que sirve para tertulias de café. Teatro bufo de la política española.

Post scriptum

Inaudito y vergonzosa ha sido la actitud de Miguel Ongil, de Podemos, con Antero Ruíz de Izquierda Unida. Las descalificaciones que ha sufrido el ex-diputado por parte del podemita deberían hacer pensar que para ser la nueva izquierda no hace falta acuchillar a la vieja. Antero Ruíz se jugó el cuello, literalmente, en los años del franquismo en defensa de unas ideas y de un partido comunista, que bien podían estar erradas, pero la lucha en favor de la democracia que, bien que mal disfrutamos, merece un poco más de respeto. Es fácil ser de izquierdas ahora. En aquellos años suponía jugarse el cuello.

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