Se nos están yendo de las manos cosas que siempre dimos por seguras: la familia, el contrato fijo, la pareja estable.

Buscamos con ansiedad la seguridad a todos los niveles. Afectivamente una pareja que nos quiera, que nos aguante, que nos haga compañía. ¿Por el miedo a estar solos? ¡No! Por el miedo a quedarnos solos, a no tener con quién ir al cine, a que lleguen las vacaciones y te tengas que inventar eso del movimiento single, las excursiones donde vas solo(de soledad) a conocer gente imponiendo tus gustos y a conocer lugares que no te gustan porque nadie ha pensado en ti para los días estivales. Que nos quiera nuestra madre, nuestro sobrino, nuestro cuñao. También nuestro cuñao, sí. Que tengamos zona de confort, paños calientes, gente a la que pedir dinero sabiendo que no lo devolverás jamás o dentro de 20 años, que es lo mismo: es una deuda permanente revisable.

Se nos están yendo de las manos cosas que siempre dimos por seguras: las fronteras, las oposiciones a Correos, los castillos hinchables.

Hasta hace bien poco los críos se subían en cualquier atracción de feria con el miedo contenido y placentero de que se podían caer pero no se iban a caer. Ahora no sólo te puedes caer: te matas, con lo que la premisa de la superación del miedo y el placer pueden llegar a desaparecer y con ello las atracciones de feria. Sería como ver una peli de terror y luego ir por el pasillo con miedo a que aparezca el asesino psicópata y que finalmente aparezca. No verías más pelis, tanto si es tu final, como si sales de ésta.

Se nos están yendo de las manos cosas que siempre dimos por seguras: que beber agua es bueno, que invertir en vivienda es rentable, que es bueno estar informado.

Ahora informarse consiste en ver a Ferreras, tertulianos varios y algún político reciclado montar un circo lleno de ritmo e intensidad dramática: que si Pedro Sánchez y Susana Díaz empatan casi a avales, que atención Audiencia Nacional última hora, que atención Mónica Oltra que la acaban de insultar, que si conversaciones, whatsapps, que si no consta, que si ya van a votar en el Congreso algo que todo el mundo sabe lo que va a salir pero lo vendo como que puede haber sorpresa, que si sí me consta, que si yo defiendo a tal, que si yo paro la información de cual…y a todo esto Marhuenda que sabe que le pagan para decir: “Oye mira si quieres hacer el payaso…” o “No me dejáis hablar”.

Se nos están yendo de las manos cosas que siempre dimos por seguras: los seguros, la sanidad pública, el suelo de los ascensores.

Ahora quieres ir al oftalmólogo porque llevas gafas desde los 5 años y cada cierto tiempo te haces una revisión y el médico de cabecera te manda a la óptica, porque hay un convenio. Y el de la óptica te dice que la revisión que ellos hacen y que luego pasan a la Seguridad Social no contempla el “fondo de ojo”, una prueba que sirve para detectar muchas enfermedades, según te cuenta, que de otra forma no se pueden diagnosticar. Y que esa prueba te la puedes hacer por 30€. ¡Toma ya! Lo que antes te hacía el oftalmólogo ahora te lo hacen si pasas por caja, pero la médica lo llama convenio. Así que ahora un vendedor de gafas me dice cómo tengo la vista y, previo pago, si tengo algún mal que atajar.

Y claro, normal que se caigan los suelos de los ascensores. La pesadilla de cualquier currito, asalariado, clase baja, obrera, media-baja, aspirante a media, ciudadano de metrobús, ración de bravas y chuletón de buey de mentira el día de la comunión de tu Unai (que antes era un nombre vasco) es que el suelo desaparezca bajo sus pies. Que según los expertos es una pesadilla relacionada con el estrés con que nos vamos a la cama.

Porque nos vamos a la cama inseguros, con miedo, con presión, con obsesión por lo malo que me sucederá mañana. Sin saber que lo malo, siempre, se encierra en castillos hinchables.

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