Y al final hay recompensa…

Estas líneas, que cantaba Gustavo Cerati en su ‘Zona de promesas’, es quizás la mejor síntesis para definir lo que ocurrió esta madrugada en el Senado argentino.

Tal como preveíamos en el inicio del debate del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo (LIVE) el ámbito más complejo para alcanzar consensos que permitieran la aprobación del proyecto sería la Cámara de Senadores. Y lamentablemente no nos equivocamos en nuestro análisis cuando presagiamos una exigua mayoría en la Cámara de Diputados y una fuerte oposición en la Cámara Alta.

Pero sin embargo ‘aún perdiendo, quienes creemos que el aborto en Argentina debe ser legal, seguro y gratuito, ganamos. Hoy estamos mejor que ayer’ dado que el tema se instaló en la sociedad. Ya no es una cuestión de interés de ciertos colectivos movilizados tras intereses comunes sino que el total de la sociedad tomó conocimiento del debate y sin dudas será uno de los temas de consulta a los candidatos en la próxima renovación parlamentaria de 2019, y allí podrán generarse nuevas mayorías que posibiliten una nueva discusión de este u otro proyecto de interrupción voluntaria del embarazo.

Pero este triunfo cultural no debe hacernos perder de vista lo triste, y retrógrado en muchos casos, que fue el debate entre los legisladores. Porque en el Senado no se discutió qué hacer ante la realidad de los abortos en Argentina, sino que la única disputa era si se aprobaba o no el proyecto remitido por la Cámara Baja, en síntesis y de manera concreta, se discutía si el aborto pasaba a ser legal o si continuaba siendo clandestino. Porque pese a que muchos Senadores pretendieron cambiar el eje de la discusión, en ningún momento estaba sobre la mesa la posibilidad que dejaran de existir los abortos. Las mujeres que así lo deseen, o necesiten, seguirán abortando, y quienes tengan dinero lo harán en lugares cuidados, limpios y seguros, y quienes no lo tengan, lo harán en lugares ocultos, sucios y peligrosos. Porque en un país que no suele tener discusiones político-ideológicas de clases sociales, aunque sean pocos lo que lo planteen en esos términos, el aborto es una cuestión de clase, porque sobrevivir a un aborto es una cuestión de clase.

En este contexto, entonces, los senadores de la Nación discutieron el proyecto de LIVE, y el intercambio de ideas no estuvo cruzado por la pertenencia partidaria sino, fundamentalmente, por la pertenencia geográfica, con un evidente quiebre donde Cuyo y NOA son las zonas que proporcionalmente más votos aportaron al rechazo del proyecto (NOA el 87% de los votos de la región y Cuyo 82% del mismo universo), con números sólo comparables a los de la Patagonia, que aportó al sí el 72% de sus votos. Estos números están en absoluta correlación con los intereses de la población, que según encuestas realizadas por la Universidad de San Andrés, en NOA el 39% y en Cuyo el 37% de los encuestados creen que ‘la mujer no tiene el derecho y la libertad para decidir sobre la continuidad de un embarazo no deseado o involuntario’, números que no se alcanzan en ninguna otra zona del país. En estas mismas regiones, sólo el 32% en NOA y 34% en Cuyo creen que ‘la mujer debe tener el derecho y la libertad para decidir sobre la continuidad de un embarazo no deseado o involuntario’. Curiosamente en la Ciudad de Buenos Aires la mayor cantidad de encuestados apoyan la LIVE y sin embargo la mayor cantidad de Senadores la rechazaron.

El argumento mayoritario para fundamentar sus votos y las críticas a los mismos fue que ésto no se podía apegar a las creencias y valores personales, lo cual a mi juicio es un error, puesto que todas nuestras acciones en la vida se guían por valores y creencias, y es lógico que los senadores también lo hagan, y en el mismo sentido que en línea con el imperativo categórico kantiano procuren para el resto de la sociedad sus propios valores. Decía Kant ‘Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal. Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza’, y eso es lo que intentaron los legisladores, todos.

Incluso creo oportuno que estos se basen en criterios religiosos, pese a mi ateísmo y a creer que la religión no debiera tener ninguna injerencia en el Estado, puesto que son cuestiones centrales de la construcción de sus creencias personales.

Ahora bien, lo que no comparto en absoluto es que estas creencias y valores se centren en relación al proyecto de LIVE, puesto que tras su rechazo las mujeres seguirán muriendo como consecuencias de abortos clandestinos. De hecho mientras el Congreso debatía el proyecto, se conocieron las muertes de dos mujeres como consecuencias derivadas de abortos clandestinos. En este sentido son lamentables muchos de los pronunciamientos emitidos por senadores opuestos al proyecto durante el transcurso de la sesión.

Por ejemplo uno de los opositores al proyecto en análisis fue el Senador por la provincia de Salta Rodolfo Urtubey, quien entre otras cosas afirmó que ‘la violación está clara en su formulación, aunque habría que ver algunos casos, porque hay algunos casos en los que la violación no tiene un componente de violencia sobre la mujer’, o el senador sanjuanino Rodolfo Basualdo quien sostuvo que ‘mañana vamos a trabajar en un buen programa de prevención y si logramos hacer eso bien vamos a evitar los embarazos no deseados’, o el senador bonaerense Esteban Bullrich, para quien ‘este proyecto de ley es malo, no apunta a reducir el aborto, no apunta a reducir la tragedia, la legaliza’. Pero no fueron los únicos. La senadora catamarqueña Inés Blas afirmó que ‘el derecho de decidir sobre mi cuerpo no me otorga el derecho a poner fin, a interrumpir el desarrollo evolutivo de un ser’, frase que sintetiza quizás como ninguna otra la posición de quienes están en contra de la ampliación de derechos, los antiderechos, y en favor de los abortos clandestinos.

Incluso algunos incurrieron en descaradas mentiras para fundamentar su posición. La senadora fueguina Miriam Boyadjian afirmó sin ruborizarse que ‘el proyecto tiene muchos vicios. ¿Dejaremos que sea ley que se practique un aborto durante los 9 meses, hasta incluso un día antes de dar a luz?’ lo cual es una mentira absoluta, e incluso le pidió a la gobernadora de su provincia que convenciera a los legisladores que no pensaban como ella, pretendiendo ‘bajar línea’ sobre qué hacer o el senador formoseño José Mayans quien en acto fallido y de cara a la elección de senadores del año próximo en su provincia afirmó que ‘Ahora viene tiempo electoral y cada uno va a tener que decir claramente lo que piensa. El único partido que lo hizo sacó 3% de los votos y los felicito. Porque ellos serán ateos, comunistas, creerán en la dictadura del proletariado y en todas esas cosas pero igual lo dijeron’, mezclando temas sin criterio alguno.

En contraste, algunos de los argumentos de quienes estaban en favor de la LIVE fueron contundentes. Dijo la senadora por Tucumán Beatriz Mirkin que ‘tenemos que ampliar posibilidades, no restringirlas. La ley no obliga a ninguna mujer a abortar, en todo caso obliga al Estado a hacer lo que deba hacer para que no haya abortos clandestinos’, dejando en claro cuál era el eje del debate, o el chubutense Mario Pais que sostuvo que ‘hoy la ley rechaza a estas mujeres que están en dificultades y las deja en el oprobio, en el anonimato y en el miedo a ser procesadas. Si hoy este proyecto no es ley vamos a seguir trabajando para que se convierta en ley’, y focalizando en las objeciones económicas planteadas, la bonaerense Gladys González afirmó que ‘el sistema de salud público atiende 50 mil intervenciones al año y tenemos un presupuesto público de 1.000 millones. Si aprobamos esta ley el presupuesto disminuiría un 43% y si tuviéramos la producción pública del misoprostol disminuiría en un 55%’.

Pero quienes se oponían a la LIVE, en ningún caso, propusieron una alternativa para ver cómo hacemos como sociedad para que dejen de morir mujeres por la práctica de abortos, realidad que se consigue si se legaliza la interrupción voluntaria del embarazo, tal como lo demuestran las estadísticas de aquellos países que avanzaron en este sentido.

Ese es el meollo de la discusión. No hay proyecto alternativo. Tienen razón aquellos legisladores que entienden que esta realidad es producto de un fracaso como sociedad. Fracasamos penalizando a la mujer. Fracasamos en no aplicar la ley de salud reproductiva. Fracasamos porque no se consiguen los anticonceptivos que la ley dice que se deben entregar gratuitamente. Fracasamos porque pasaron 6 años y solo 10 circunscripciones adhirieron al Protocolo Nacional o cuentan con protocolos que se ajustan a los criterios estipulados por la Corte Suprema de Justicia para llevar adelante las interrupciones legales de embarazos de manera rápida, accesible y segura. Fracasamos porque las mujeres siguen muriendo. Y nadie propone una alternativa. La única propuesta es el no por el no. Dicen defender las dos vidas, y al intentar hacerlo no salvan ninguna, porque las mujeres siguen abortando y como los abortos son clandestinos muchas de quienes se los practican mueren.

Entonces lo que queda claro es que en la sesión de ayer perdimos una oportunidad. Perdimos la oportunidad de dotar de más salud a las mujeres. Perdimos la oportunidad de dar más derechos a las mujeres. Perdimos la oportunidad de ser una sociedad mejor.

Pero no todo está perdido. Hoy el tema está instalado y hay una base sobre la cual volver a trabajar en un Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Porque más tarde que temprano será ley, y aunque tarde en llegar, habrá recompensa.

 

NOTA: El gráfico que ilustra la nota es obra de @RoFerrerIlustra en cuyo perfil de Twitter se pueden ver otras obras maestras con las cuales explicó las históricas sesiones de debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Parlamento argentino.

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Licenciado en Ciencia Política

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