El próximo 19 de Enero a las 24 horas de la noche, se celebrará un año más en Donostia-San Sebastián la famosa tamborrada en la víspera de su festividad patronal que transcurrirá durante todo el día 20. Al igual que todos los años, se otorgará el prestigioso y máximo galardón “Tambor de oro” a una o varias personas físicas o jurídicas que podrán ser oriundos o no, distinguidos por su promoción de la imagen de la ciudad. El galardón fue creado en 1.967.

Dicho premio ya ha sido otorgado a personas de relieve como el periodista Iñaki Gabilondo, Victor Ruiz Iriarte, Alfonso Sanchez, Julio Caro Baroja, federación inglesa de Atletismo, Alfredo Landa, Pilar Miró, Gabriel Celaya, Emil Zatopek, Tour de France, Antonio Mercero, Di Stéfano, Ainoha Arteta, Martín Berasategui, Cristina Garmendia, Doctor Joaquin Fuentes, Pedro subijana, etc.

En esta ocasión el nadador medallista paraolímpico Richard Orive se proclamará ganador en pugna con cuatro mujeres candidatas más: La bailarina Alicia Amatriain, la escritora Dolores Redondo, la artista Esther Ferrer y la piragüista Maialen Chourraut y así ha sucedido en la votación popular organizada por el Ayuntamiento de la Ciudad. Un total de 6.135 donostiarras han participado en este proceso. Son 101 personas las propuestas por EITB la radio televisión vasca.

Cuando escucho esta noticia en mi casa de Berango (Bizkaia), me apercibo de pronto en la proximidad de la fiesta donostiarra a la que este año no podré asistir aunque espero podamos celebrarla en familia.

No faltará el besugo, ni las gulas bien picantes (antiguamente eran las angulas, pero desde hace años con su escasez se han puesto por las nubes) y las Kokotxas en salsa verde.

Como tampoco escuchar emocionado la izada de la bandera desde la “Plaza de la Constitución” con la marcha del maestro Sarriegui y celebrar al mismo tiempo los 200 años de antigüedad de la “Consti” inaugurada en 1.917, que fue plaza de toros de la ciudad – de ahí la preciosa y original numeración en sus balcones- sede del ayuntamiento donostiarra, de la feria de Santo Tomás y de las Euskal Jaiak – fiestas vascas-.

E inexorablemente me vienen a la memoria recuerdos de algún tiempo pasado. Uno se hace a la idea de que estábamos todavía en el 2017 celebrándolo, pero ya han pasado doce meses y ¡A que velocidad¡ Hemos inaugurado ya un nuevo año de 2018, que por ser positivo, me gusta decir con esperanza y espíritu renovado.

Uno aprovecha para tomarse un respiro respecto a las pesadas noticias que surcan nuestra sociedad actual, con tanta corrupción, altísimo paro todavía, con un agotador escenario de nuestras pensiones, con un presidente catalán en exilio voluntario, con otro actualmente en el poder que preside –según se dice- el partido político más corrupto de Europa –con total desconocimiento del idioma inglés-, con tantas y tantas declaraciones políticas que lo único que provocan es desmoralización y apatía ciudadana, con los bancos ganando dinero a espuertas, con declaraciones alarmantes de cómo y en qué circunstancias –con alevosía y premeditación- se ha dejado caer a una entidad bancaria como el Popular que ha dejado a miles de familias arruinadas. Con nuestra educación cuestionada en sus bajos niveles de calificación por los organismos europeos competentes y por apercibimientos como el de Naciones Unidas al Gobierno del Partido Popular, para que apoye y no entorpezca -como ha sucedido hasta la fecha- todos los procesos legales en favor de los represaliados, asesinados de nuestra guerra civil, muchos de ellos todavía enterrados en las cunetas de nuestra geografía. Con gente arruinada por el caso Foro Filatélico, Rumasa, por las fraudulentas participaciones, etc.

Aparcar, que no olvidarse, un poco de todo esto aunque sea por una noche fugaz probablemente aliviará mi espíritu perturbado. Prosigamos..

Y me llegan escenas de mi niñez. Recuerdo que hacía los recados que mi ama me pedía. Casi siempre era llevar los bordados a las casas de sus clientes de Donostia. Gentes de buena posición dispuestas a pagar el dinero que fuera trabajados por la seguramente mejor bordadora de Gipuzkoa.

Las más de las veces me lo agradecían con dos a tres pesetas de propina. Para mí era todo un capital y me hacía sentir el más feliz de los humanos. Me servían para leer al “Capitan Trueno”, al “Guerrero del Antifaz”, a las “Azañas bélicas”, al “Tigre de Mompracem” o a los “Piratas de la Malasia” de Emilio Salgari.

Son demasiado fuertes los sonidos de los redobles del “Tatiago” y de la marcha de San Sebastián del maestro Sarriegui que suenan en mis neuronas y laten en mis venas a través de mi torrente sanguíneo.

Demasiado arraigados los recuerdos de aquel chaval que vió la luz en la calle Urbieta, junto al antiguo cine Bellas Artes, posteriormente sede del Orfeón Donostiarra. La entrada al cine costaba 2 pesetas, la localidad de “gallito” la más barata. Había parejas que se aprovechaban de esa situación en el gallinero para meterse mano en lo que podían, hasta que llegaba el acomodador después de ruidosos pitidos para expulsarles a la “Rue”. Siempre terminaban pisándote los pies en plena obscuridad. Había que pagar el Auxilio Social que iba a parar a la sección femenina de las “FET y de las JONS”. Eso decían en pleno franquismo.

Me pusieron Félix- felisín igual que a mi aita –padre en Euskera- como era costumbre.

Veía desfilar emocionado a Sociedades culturales que tenían mucho más de gastronómicas –dado la enorme afición por la cocina en el País Vasco- como la “Unión Artesana”, “Euskal Billera” y tantas otras que atronaban con sus tambores, Casco Viejo y barrios aledaños de la ciudad, incluso los más alejados.

Brillantes sus uniformes como los del ejército francés – con bastantes simpatías en la ciudadanía a la que trataron con mucho respeto- que ocupó unos años San Sebastián y el inglés que asedió la ciudad para liberarla de aquellos, que más que liberación fue dramática para sus habitantes por el furor combativo y las ganas de revancha, dejando la ciudad achicharrada, sucedió a las órdenes del General Sir Thomas Graham quien dependía del Duque de Wellington.

El 31 de Agosto de 1.813 (nombre dado a una importante arteria del Casco Viejo) las tropas anglo-portuguesas sitiaron   la ciudad, la saquearon, violaron a sus mujeres, asesinaron a cientos de donostiarras y finalmente la incendiaron, al mismo tiempo José Bonaparte hermano de Napoleón fue derrotado en la batalla de Vitoria. Los franceses ocupaban San Sebastián desde 1.808. Los uniformes de la tamborrada recuerdan estos tiempos.

Chorreras de color oro intenso y plumas al viento de los gorros militares, muy costosos en su elaboración por artesanos donostiarras. Un estruendoso redoble de tambores por los apuestos “granaderos”, el chocar de tenedores y cuchillos en las compañías de cocineros y “barrileras” hacían temblar las paredes de la parte vieja en dirección a la plaza de la Constitución corazón de la ciudad.

También había que romper la tradición de mujeres fuera de las sociedades gastronómicas.

En Julio del 2012 el Ayuntamiento publicó las bases de una beca de investigación para un mejor conocimiento del papel de la mujer en la fiesta más importante de la ciudad. Se publicó el libro “Paso a paso hacia una tamborrada en igualdad”.

Inicialmente la mujer se limitaba a participar como “cantinera”, era mero adorno.

La celebración de esta fiesta ha tenido un amplio recorrido, primero hacia 1597 como agradecimiento religioso por la salida de la peste se acudía en peregrinación a la iglesia de San Sebastián en extramuros en el actual barrio del Antiguo, se tomó a San Sebastián por patrón de la ciudad.

El 31 de Agosto de 1.813 se perdieron las reliquias del santo durante la toma y quema de la ciudad por los ingleses y se procesionó por lo viejo hasta la basílica actual de Santa María. Hoy todavía se celebra la famosa salve interpretada por el Orfeón Donostiarra, que servía de reivindicación durante el franquismo, con sonados disparos de pelotas de la policía “los grises”.

Finalmente la tamborrada además de hacer gala de los uniformes y desfiles de los ejércitos contendientes celebra ya el advenimiento de los carnavales, su sana lujuria y su bienvenido gozo, desenfreno prohibido durante toda la época del dictador Franco, cuestión que apoyaba todo el clero.

La Sociedad Gastronómica “Kresala” fue la iniciadora, con muchas críticas al permitir en sus filas la presencia de la mujer en la tamborrada de 1.980. Recuerdo la gran polémica que hubo, otorgando el tambor de oro a una mujer, Pilar Miró. Desde hace algunos años la mujer ha ocupado puestos igualitarios respecto a los hombres en ella. Lo mismo ha sucedido en las sociedades gastronómicas, reductos de una tradición que se ha visto desbordada por la sociedad actual, todavía con la opinión en contra de algunos.

La ciudad se viste de colores blancos y azules, colores de su bandera.

Me acuerdo de la famosa “Pantxika” en el puerto y sus apreciadas sardinas, los puestitos de Karrakelas – caracolillas-, pasatiempo en muchos paseos de verano, “Txantxillo” su pobreza y nobleza andante, las regatas de setiembre con las eternas peleas Orio contra Kaiku de Sestao. Casa Alcalde y su famoso jamón de pata negra lugar de peregrinación de miles de ciudadanos y después turistas, sobre todo de franceses que quedaba inmortalizado en canciones “koskeras” populares.

El Acuarium y sus miles de peces de colores y ese gran esqueleto de una ballena en el hall que nos producía de niños, una gran impresión, nos hechizaba y sorprendía, dándonos la sensación que se podría desarmar en cualquier momento.

El Buen Pastor con su torre erguida dominando cual vigía la bonita y recoleta ciudad, siempre atento y vigilante, el reloj del Banco Gipuzkoano lugar de citas y desengaños, la feria de Santo Tomás con su apreciada “Txistorra”, las olas en el Paseo Nuevo fotografiadas en el mundo entero, la Real Sociedad de Futbol con su sede social a las orillas del Río Urumea en la que tuve el orgullo de jugar mi última temporada de juveniles, todavía con balón de cuerdas, los Caldereros que anuncian la llegada del carnaval a través del Rey Momo para decirnos que qué pronto vendrán ¡Hay cuanta dicha vamos a gozar ¡

También la visión en la Bahía del yate AZOR de su excelencia el dictador y Generalísimo Franco, residente de los veranos en su palacio de Ayete. San Sebastián se convertía en contra de loss deseos de sus ciudadanos en el lugar de encuentro de fachas y nazis. Prohibido el euskera como lengua castigada y maligna. Y tantas familias sufriendo..

Seguro que en la lejanía podré oír este año los redobles de los tambores y rememorar muchos recuerdos, tantos que ya casi no me caben en mi baúl viajero.

Mis raíces y mi juventud han estado ligados a Donostia. Al describirla ¿cómo intentar hacerlo sin vehemencia? El humor, el talante, eso que solemos llamar “Koshkerismo”, divulgado en obras como las de Cobreros Uranga, Dunixi y Berruezo acerca de las sociedades populares de cuyas expresiones participaba toda la ciudad.

Donostia, ciudad surgida como por un milagro de la Providencia sobre los arenales de San Martín y la Zurriola.

Hasta mis oídos llegan las estrofas del “Kaia Barrenian”, “estoy en el muelle y es de noche, hay un silencio expectante y la mar está en calma. En el muelle hay un bote –barca- blanco que se balancea silenciosamente. La mujer despierta con su marido –arrantzale-, esboza una lágrima. Está recién casada. Su marido se va a la pesca, ella no está acostumbrada y llora”.

Porqué llorar?

Si hay una estrella en el cielo, mirando al mar

Zergaitiz, zergatiz / Negar egin / Zeruan izarra dago/ Itxaso aldetik

¡¡ Gora Donostia-Viva San Sebastián ¡¡

¡¡¡ Gora Tamborrada ¡¡¡

 

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