Un año más, y este 2018 especialmente, la mujer tiene motivos para la esperanza, para lograr un mundo más justo, igualitario y acorde con los tiempos que corren en pleno siglo veintiuno. De una vez por todas, este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, debe constituirse al fin como un verdadero punto de inflexión para quienes deben al fin implicarse de lleno en el movimiento feminista y aún no lo han hecho. Y qué duda cabe que definitivamente ha llegado el momento para esa mitad potencial de la población que aún se resiste a perder los privilegios que el patriarcado trasnochado y sumamente injusto ha mantenido indemne en la estructura social durante siglos, milenios, desde la noche de los tiempos en definitiva.

Ha llegado la hora de los hombres de verdad, no de los machos, la de los hombres con mayúsculas que saben que la causa feminista es hoy más cosa de hombres que nunca lo ha sido. El hombre, el varón, debe no sólo parecerlo y serlo sino también demostrarlo. A la revolución femenina en marcha de forma imparable debe sumarse sin más dilación la revolución masculina, aletargada pasivamente de forma consciente por una concatenación de circunstancias insostenibles en la actualidad. Como concluye en su libro El hombre que no deberíamos ser el experto constitucionalista Óscar Salazar, implicado personal y profesionalmente en la lucha por la igualdad de género, “los hombres no deberíamos seguir legitimando y prorrogando el orden patriarcal y el machismo como ideología que lo sustenta; deberíamos convertirnos en hombres feministas”.

Sí, sin duda, “su tiempo ha terminado”, subrayando las ya míticas palabras de Oprah Winfrey en alusión a los que han abusado del patriarcado de manera cómplice durante milenios. El machismo aún vigente no puede continuar un minuto más en nuestras vidas. El feminismo es cosa de todas y de todos, de toda la ciudadanía en general que lucha por un nuevo orden mundial en el que la igualdad entre sexos se extienda a todos los órdenes de la vida diaria sin complejos, ni pautas ni cuotas, en un discurrir natural y sin imposiciones. Porque, como recuerda Nuria Varela en su libro Feminismo para principiantes, “el feminismo es para todo el mundo”. Por tanto, a los hombres nos debemos dirigir para gritarles bien alto: ¡Sean hombres de una vez por todas! Pero hombres de verdad, como el feminismo exige que sean, no caricaturas políticamente correctas de palabras huecas y discursos enlatados que perpetúan el machismo patriarcal mirando hacia otro lado cuando llega la hora de arrimar el hombro de verdad en la causa feminista.

Sólo de este modo activo y plenamente consciente y participativo se podrán derribar esos muros y ese aún inalcanzable techo de cristal que perpetúa un mundo desigual, desequilibrado y sumamente injusto. Ya está bien, su tiempo terminó.

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