Plaza-Mirador del Portillo, lugar de los hechos en 1985. Foto: Ayuntamiento de Huétor-Santillán.

Define la RAE el término ‘justicia’ en sus dos primeras acepciones como “principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece” y también como “derecho, razón, equidad”. Entre la ley del talión y la que impone el Código Penal hay milenios de historia y mucha sangre derramada entre una y otra norma. El pasado jueves 12 de abril ambas se cruzaron de nuevo en una céntrica calle de la capital granadina.

Un 24 de mayo del ya lejano 1985 la pequeña Ana Isabel Fernández Sánchez, de cuatro años, iba a vivir sus últimas horas. En su camino se interpuso su tío segundo Enrique Sánchez Madrid, un jornalero en paro de 22 años. Intentó violarla después de engatusarla prometiéndole que le iba a comprar chucherías. La trasladó a la conocida huerta del tío Jacinto, propiedad de la familia, en la pequeña localidad de Huétor Santillán, un pueblo donde todos los vecinos se conocen de menos de 2.000 habitantes situada a unos 20 kilómetros de la capital, donde ambos residían. Tras resistirse a la agresión sexual, el joven intentó asfixiarla. Tampoco lo logró. Entonces optó por tirarla al pozo de la finca. La pequeña Anabel aún seguía con vida.

Dos días después, los agentes de la Guardia Civil hallaron su cuerpo ya sin vida, “hundida en el agua y el fango” de un pozo con apenas 70 centímetros de diámetro y tres metros de fondo. Poco antes de aquel domingo, el asesino acudió al cuartel de la Guardia Civil con su hermano mayor Anastasio para confesar el crimen y el intento de agresión sexual. El día anterior ambos habían participado en la búsqueda de la pequeña por los alrededores del pueblo. Anastasio fue exculpado totalmente de los hechos.

Este pasado viernes 13 de abril, una escueta y aséptica nota de prensa de la Policía Local granadina informaba de la detención de un hombre de unos 70 años como supuesto autor del apuñalamiento de otro varón, de 54 años, durante una reyerta en la céntrica calle Pedro Antonio de Alarcón de la capital granadina. La nota oficial de la Policía Local añadía que el agredido presentaba heridas, golpes y cortes profundos en ambas manos y en el tabique nasal, por lo que necesitó intervención médica urgente tras los hechos, que tuvieron lugar un día antes, el pasado jueves 12 de abril. Los agentes fueron testigos del forcejeo que estaban protagonizando dos varones en pleno centro de Granada a plena luz del día. “Una navaja abierta y ensangrentada tirada en el suelo” indicaba que había habido un intento de homicidio. El agresor amenazaba al herido diciéndole “te voy a matar” y los agentes aseguran que añadía que el agredido “le había intentado robar momentos antes”.

Plaza-Mirador del Portillo, lugar de los hechos en 1985. Foto: Ayuntamiento de Huétor-Santillán.

Pero lo que a priori parecía una simple reyerta causada por un intento de robo tenía un trasfondo mucho más profundo entre ambos protagonistas del altercado que se remontaba precisamente a aquel fatídico viernes 24 de mayo de 1985. Este septuagenario que protagonizó el apuñalamiento el pasado jueves era Juan José Fernández, padre de la pequeña Anabel, y carnicero de profesión. Su víctima, Enrique Sánchez Madrid, es el asesino confeso de su hija y primo de la madre de la niña. Goza de libertad en la actualidad después de haber cumplido una pena de más de dos décadas de prisión.

El tío segundo de la pequeña Anabel fue condenado a 40 años de prisión por los delitos de violación frustrada, abusos deshonestos y asesinato

La sentencia de la Audiencia Provincial de Granada llegó menos de un año después del brutal crimen, en febrero de 1986. Enrique Sánchez Madrid fue condenado a 40 años de cárcel por los delitos de violación frustrada, abusos deshonestos y asesinato. En el fallo judicial se constataba que el condenado arrojó al pozo “de cabeza a la niña, tapándolo a continuación… dando lugar a que falleciera a causa de asfixia por inmersión, por ingreso de agua y barro en las vías pulmonares”.

El lugar donde se cometió el crimen aquel 24 de mayo de 1985 es hoy una plaza pública llamada Mirador del Portillo. En un extremo, aún permanece la losa con la que Enrique Sánchez Madrid tapó el lugar donde Anabel fue asesinada. Desde su detención, el criminal nunca más volvió a pisar el pueblo. Allí quedó la pena perenne para una familia que jamás se repuso del mazazo, como relata El Independiente de Granada. Anabel era la cuarta hija, a la que le precedían tres hermanos. Después de ella nacieron otros dos varones.

Aquel suceso sigue hoy muy presente, casi 33 años después. El pasado jueves 12 de abril se vivió el último episodio, de momento, de una historia en la que dos justicias aún siguen pugnando por acaparar todo el protagonismo.

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