Es el título de una novela célebre, gracias a la cual la editorial Anagrama consiguió evitar el naufragio durante muchos años: El talento de Ripley, The talented Mister Ripley, en el título original de Patricia Higsmith.

La genial, rápida y sorprendentemente eficaz jugada de Sánchez, el del PSOE, ahora mismo no me acuerdo de su nombre pero enseguida me vendrá, se ha convertido en una hazaña digna de hacer un parafraseo con el título de Higsmith, como ahora mismo estamos haciendo.

Es brutal, es increíble, es maravilloso, es divertidísimo. Llevo días encantado, viendo como Zidane se retira del ring de las patadas bajo la mesa que es el mundo del fútbol, y disfrutando con el derechazo que ha lanzado Sánchez desde la nada, cuando ya nadie contaba con él, sin que nadie se lo esperase. España entera, Europa entero, Occidente entero, con los calzones bajados y de repente -como caída del cielo- una mano del socialista cuyo nombre no recuerdo ahora mismo pero que seguro muy pronto ya no podré olvidar porque es el nuevo presidente del gobierno.

Magistral. Estoy boquiabierto, ojiplático, extasiado. Ante todo por la jugada, por el movimiento, por el magnífico e incontestable puñetazo, pero también porque creo que será para bien, que el burdel estercolero -aunque no se va a convertir en un vergel- al menos recibirá una manita de agua y jabón, se recolocarán los muebles… y también las cortinas de Moncloa, porque al parecer se cambian siempre cuando aparece un nuevo inquilino.

Pedro Sánchez, ya me ha venido el nombre: Pedro. Mis felicitaciones, Pedro. Ojalá en el futuro sigas mostrando más muestras de genio e ingenio.

Otro burbon, por favor. O mejor aún: una ronda para todos los lectores de este periódico, que nos la merecemos.

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