El líder del PP-A, en una intervención muy acalorada en el Parlamento de Andalucía y aplaudida en la bancada popular, amenazó a la presidenta andaluza con hablar de la relación de su marido con los cursos de formación. Díaz no respondió a la provocación, pero tomó nota.

Los andaluces interesados por nuestro momento político tuvimos que optar este miércoles, obligatoriamente, sí o sí, bien por lo que sucedía en el Congreso en Madrid o en el Hospital de las Cinco Llagas en Sevilla. No había otra opción.

En ambos escenarios se discutían cuestiones de gran interés para la ciudadanía. Al mismo tiempo que se desarrollaban los debates de la sesión de Investidura de Pedro Sánchez en el Congreso, en Sevilla Susana Díaz acaparaba la atención durante más de una hora desde la tribuna del Parlamento andaluz para analizar el momento político andaluz. Todo ello para narrar en un discurso, denso en datos y porcentajes, lo mucho y bueno que ha hecho su gobierno en estos nueve meses de legislatura.

“Uno de cada cuatro empleos creados en España es andaluz” proclamó varias veces la señora presidenta con cierto orgullo maternal. Barajó con tal habilidad las estadísticas más variadas que la audiencia acabó sacando la sensación de que Andalucía es una de las regiones que más prospera en la Europa comunitaria. Y eso –se encargó de dejar sentado la lideresa socialista– que el gobierno de Madrid le debe a Andalucía miles de millones de euros, cuyas partidas aprovechó para restregárselas a la bancada del PP. La eterna reivindicación socialista andaluza cuando en Madrid gobierna el PP, no cuando lo ha hecho el PSOE.

Uno de cada cuatro empleos creados en España es andaluz

Por mucho que Díaz y su entorno juren que la coincidencia de ambos debates era pura casualidad –tesis que comparto– el resultado final percibido por la opinión pública se inclina más por la causalidad. Será porque en política nada es casual y menos tratándose de doña Susana, una de las estrategas más reconocidas del socialismo español.

Susana Díaz intentó con su comparecencia realizar una puesta a punto del contenido de su discurso de investidura, no dándose cuenta de la reiteración de compromisos, promesas y que, a estas alturas, sólo puede presentar proyectos y escasas realidades. Un 30% de paro, bailando sobre la cifra fatídica del millón de almas apuntadas al SAE, sigue siendo un dato que destroza discursos triunfalistas o esperanzadores, se mire por donde se mire. Díaz, pese a reconocer que siguen ahí los problemas estructurales desde la época del 28F, recordó machaconamente que Andalucía es la comunidad donde más empleo se crea y, para colmo, soportando duros castigos presupuestarios desde el gobierno central.

El PSOE no quiso retrasar el debate

Amparada en el compromiso de comparecer cada seis meses para informar al Parlamento sobre la marcha de su gobierno (al margen del debate sobre el estado de la comunidad), Susana Díaz y el PSOE-A, tras conocerse la coincidencia con la Investidura de Pedro Sánchez, se negó a modificar las fechas y retrasar así la comparecencia presidencial, a petición propia, solo una semana, tal y como se ha pedido sin éxito desde la oposición. De tal forma que la afición andaluza tuvo que optar, obligatoriamente entre Pedro o Susana.

La negativa del PSOE-A a aparcar unos días el mini debate andaluz sobre política general –sin resoluciones que votar, solo debatir– invita a analizar las posibles razones ocultas para mantener solapado el pleno andaluz con el de Madrid. Algo que para el grueso de la oposición es algo más que evidente.

Las fuentes socialistas consultadas coinciden todas en “la casualidad” de la coincidencia, no obstante reconocen que el partido podría haber retrasado el debate. “Pero era a Susana a quien le interesaba aprovechar el momento, este preciso momento” asegura un ex alto cargo de la Junta y veterano militante del PSOE. “Susana ha querido ofrecer la imagen de que su gobierno funciona, que hace cosas que generan empleo, intentando demostrar que la oposición no tiene razón cuando la acusa de estar más en las cuestiones del partido en Madrid que en la gobernación de Andalucía”.

Por otra parte, una ex diputada socialista reflexiona sobre otras motivaciones: Susana hace semanas se ha dado cuenta que se ha pasado de frenada con Pedro Sánchez. Ha dado un paso al lado y se recoloca en su sitio de siempre. Su imagen como devoradora del Secretario General se ha diluido, aunque no ha desaparecido. Ella tiene suficiente experiencia política como para detectar con tiempo que la gestión de los pactos por parte de Sánchez y su equipo le iban a reforzar al frente del partido. Susana, por tanto, lo que ha pretendido comunicar con su discurso es que su compromiso es –sigue siendo, como siempre ha sostenido en público– con Andalucía, que se aparta formalmente de la contienda federal.

Precisamente la intervención que más irritó a la presidenta fue la de Juanma Moreno Bonilla. El líder de la derecha andaluza pareció más interesado en saber si Susana “se va o no se va” a Madrid que por los problemas de los andaluces. Prácticamente toda su intervención estuvo volcada en provocar a la presidenta, lográndolo con algún que otro tema sensible como las necesidades sociales de niños enfermos.

Bonilla le mienta al marido a Susana

Moreno, que se transformó al final del debate en una especie de ‘niña del exorcista’, sin ni siquiera usar el vaso de agua, aprovechó su última intervención para sacar toda la artillería pesada y viscosa contra Díaz en tono faltón y agresivo. Todo ello tras defenderse Bonilla, como pudo, de la acusación de ser un mal alumno de Arenas, de huir a Madrid al Senado y de no enseñar lo que gana su mujer. “Mi mujer está en el paro” proclamó en tono de mosqueo el presidente del PP andaluz.

Bonilla, en su alegato, llegó a cruzar una línea roja que, posteriormente, pasaría aparentemente desapercibida. Fue cuando se refirió al marido de Susana Díaz, José Mª Moriche, dando a entender que ha tenido algún tipo de relación por clarificar con el escándalo de los cursos de formación. Que Susana Díaz, en su intervención final, no contestase a esta cuestión se interpreta como el encaje de un golpe bajo que no olvidará fácilmente la Presidenta. Que tome nota el señor Bonilla, a Susana dicen que no le hará falta.

Quitando al político malagueño, los otros intervinientes tanto de IU, Ciudadanos y Podemos, no supusieron graves contratiempos para el gobierno. Nada nuevo en el debate andaluz que ya no se supiese. Elena Cortés, de IU, se enzarzó nuevamente en las realizaciones del ejecutivo cuando ellos tomaban parte del mismo. Juan Marín, en nombre de Ciudadanos, les lanzó una especie de educado ultimátum para que se ejecuten los acuerdos del pacto de Investidura, especialmente en dotaciones presupuestarias. Quizás sin pretenderlo, Marín, estaba dando la razón a quienes sostienen que en estos meses el gobierno de la Junta ha estado casi paralizado. Un gobierno, todo sea dicho de paso, que el grupo de Ciudadanos ha salvado en todos los escollos parlamentarios.

Teresa Rodríguez tiene un estilo muy personal, fresco, llegado de las calles y plazas del 15M. Desde la dulzura de su tono a la acerada palabra que usa como estilete. Mujer de carácter que altera a otra mujer de carácter, Susana Díaz. En esta ocasión Rodríguez hizo una faena de aliño, se le notaba cansada, hastiada, quizás en algún momento impotente, como cuando explicó que por culpa de Endesa (la de las puertas giratorias) en Cádiz muchas familias no pueden conectar la luz en sus casas.

Una vez más, escuchando el discurso parlamentario de Podemos en Andalucía, se tiene la sensación de que aún no han entendido que su electorado lo integra fundamentalmente el “precariado” –antiguamente proletariado– y que la transversalidad del fenómeno social generado tras años de crisis y de Rajoy liquidando las clases medias, abarca a un amplio espectro social que va más allá de los territorios de Cañamero o Sánchez Gordillo.

Así el minidebate andaluz, coincidente con el de investidura de Pedro Sánchez, ha servido para reforzar la imagen de Susana como líder indiscutida e indiscutible de Andalucía. “Si te fijas bien el debate sobre política general era la guinda final que han planificado para los festejos institucionales del 28F”.

Con lo que no contaba Susana Díaz es con un Moreno Bonilla desatado, aprovechando cualquier resquicio para demostrar capacidad de liderazgo entre los suyos, algo que a la vista de los largos aplausos de su bancada consiguió, al menos entre los diputados populares.

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