El poder plenipotenciario lo tiene una vez más Susana Díaz para adelantar las elecciones a los intereses de Andalucía o de su partido.

A quien el PSOE andaluz le echa la mano por el lomo sale escaldado para mucho tiempo. Es una máxima irrefutable en Andalucía que certifica que los hechos de la historia reciente de la autonomía son tozudos y pueden volver a repetirse por enésima vez. Ciudadanos no quiere ser el siguiente en una ya larga lista de damnificados, pero sus últimos movimientos demuestran que no las tiene todas consigo en evitar el achicharramiento.

Los andalucistas pasaron al olvido en los 90 tras gobernar con Chaves e IU salvó los muebles gracias a su apoyo en Podemos tras gobernar en 2012 con los socialistas

En los 90, con Manuel Chaves como líder plenipotenciario de los socialistas andaluces, fue el hoy por hoy desaparecido Partido Andalucista quien ayudó a la gobernabilidad de un socialismo en horas bajas y lejos del rodillo de sus inicios en los ochenta. Mucho tiempo después, en este 2018, el PSOE sigue impartiendo cátedra en Andalucía, su granero de votos por antonomasia, y los andalucistas buscan un norte al que asirse para no evaporarse definitivamente.

Después tuvo que ser la Izquierda Unida de Diego Valderas quien, ya en 2012 con el hoy imputado por la justicia José Antonio Griñán, la que sacara del enorme susto a un PSOE que por primera vez en la historia de la autonomía andaluza se veía superado en votos, nada menos que por el Partido Popular de Javier Arenas, el eterno perdedor. PSOE e IU sellaron un ejecutivo de coalición y la maquinaria socialista se puso a trabajar a destajo de nuevo. Hasta que llegó el escándalo de los ERE irregulares.

Griñán se vio obligado a dimitir y tuvo ser relevado con urgencia por Susana Díaz, quien asumió el mando tanto del Gobierno andaluz como del partido a nivel autonómico con un desparpajo que a nadie asombró. Desde ese preciso momento, IU sabía que tenía las horas contadas a la vera del PSOE en el gobierno. Así fue. Sólo se hizo necesario desde los cuarteles de invierno socialistas ponerle el nombre a la excusa oficial para romper el acuerdo y buscar de nuevo el apoyo de los andaluces en las urnas, previa exacerbación del victimismo más complaciente. Ese nombre fue “estabilidad”.

Un año antes de los previsto, en 2015, y con Podemos aún sin estructura asentada en Andalucía aunque pujando a nivel nacional, Susana Díaz adelantó las elecciones tras dejar caer sin contemplaciones a sus socios de IU. Tenía un puñado de excusas bien vistas por su electorado para dar el paso adelante. El resto vino dado por sí solo: la lideresa socialista planteó con éxito una campaña personalista al máximo en la que las siglas del PSOE eran camufladas conscientemente para no relucir en pleno estallido del escándalo ERE.

El líder andaluz de Ciudadanos, Juan Marín, aún no es consciente del inevitable peso de la historia reciente de Andalucía.

Ganó Susana Díaz, pero muy lejos de una mayoría aplastante, aunque sí logró otro de sus cometidos primordiales: que Podemos se quedara lejos de sus expectativas iniciales. Y por supuesto, ni que decir tiene que sus hasta entonces socios de IU sufrieron un severo castigo electoral, tras pasar de 12 diputados autonómicos en 2012 a sólo cinco en 2015. Otro que salía churruscado tras su avenencia con el PSOE.

Y llegamos al presente 2018 con la misma dinámica de antaño, apenas unos meses antes de que la legislatura finalice oficialmente en marzo próximo. El runrún del adelanto electoral se viene explotando alevosamente por todas las formaciones políticas mientras la inactividad parlamentaria se convierte en una lacerante realidad. Tras la vuelta de las vacaciones, el paso adelante lo ha dado Ciudadanos, todo hace que pensar que perfectamente orquestado y medido con sus hasta ahora socios de gobierno, los socialistas. Parece llegada la hora de que cada uno busque su espacio político y sus nichos de votantes.

A nadie escapa que el líder nacional de la formación naranja, Albert Rivera, también ilusionado por unas encuestas euforizantes para sus intereses, tiene urgencia por pedir el voto de los andaluces, sobre todo después de que la moción de censura de Pedro Sánchez los dejara completamente descolocados en la esfera política nacional.

Qué duda cabe que Susana Díaz se nota más cómoda gobernando con un Ciudadanos supuestamente centrado y centrista que con una izquierda a la que ella siempre antepone el apelativo de “radical”, una estrategia que no le ha ido mal hasta ahora. Pero con la llegada de un nuevo líder claramente derechizado al Partido Popular, Ciudadanos sabe que tendrá que partirse el cobre por no dejarse un solo voto por esa orilla ultraconservadora.

En este nuevo espacio electoral es donde Susana Díaz se moverá como pez en el agua: la derecha ya empieza a nadar en su caladero por antonomasia, la derecha más derechizada que nunca; la izquierda del proyecto Andalucía Adelante, una amalgama de sentires aún inescrutables que ella tildará de nuevo de “radicales”; y el PSOE de Andalucía, una maquinaria de captación de votos perfectamente engrasada que nunca falla en su cometido desde los comienzos de la autonomía andaluza. Y al frente de esta maquinaria, la lideresa indiscutible: Susana Díaz, máster en abortar legislaturas. Achicharrando a todo el que le pasa la mano por el lomo, que no lo olvide ni Juan Marín ni tampoco Albert Rivera.

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