La intelectualidad española es una isla hondureña: desierta, aburrida, oxidada; sometida a la voluntad de la bombilla- barata e impertinente- bicolor: roja y azul.

Estas vertientes, en el pensamiento español contemporáneo, niegan la realidad (guionizada, interrumpe un orteguiano que no entiende a Adorno) sociológica de las masas: millones de ojos elevados a dos, millones de riñones sobre el sofá (es un hábito negativo, pero es la realidad: un hecho que debe tomar el intelectual, junto al bolígrafo; el mando y la honestidad. La honestidad científica de la filosofía y sus distintas ramas, más allá de la posmetafísica) entre los flujos sanguíneos renales de la moral: el intelectual debe tomar la última cena o el mando travestido de voluntad: analizar, criticar, descubrir, caminar– con la linterna de la cienciasobre el laberinto de los realities. Sí, esa meta-realidad o ese espectáculo posmarxista-capitalista; donde los espectadores y los personajes de ese laberinto isleño- en el caso de Supervivientes-; morboso (¡eres un inculto, José Luis!, frente a “voy a llegar a la final, en tu cara”) reflejan una audiencia, los deseos maquiavélicos o complementarios a la cena o la ansiedad del individuo: ante el helado o la pizza o el curro. O no, fíjate”, interrumpe la productora: presa del share y el morbo y el “la gente no quiere cultura”. ¿Acaso no es cultura lo que hacemos?, interrumpe el pequeño dictador de las cinco puntas: dueño de los mares hispano-italianos de ciertas tardes- en Remo- o las noches- entre la falta de criterio y el talento fácil-.

Pero, ¿a qué cultura nos referimos? Fíjate, como diría aquella productora; me refiero a combinar show y cultura. ¿Acaso no puede existir un morbo televisivo-humano-primitivo, en la biografía y el pensamiento heideggeriano? Morbo y cultura. <<Ála, hijo; las llevas claras>>, interrumpe la obesidad del académico: teoriza sobre Dionisio y Hegel, pero se limita a ser el príncipe-¡egoísta!- de doble discurso.

Millones de espectadores-de distintas clases sociales; diferentes colores éticos, ideológicos: J , dibuja Aghata Bratlle en el corazón estético de Insta-: gente distinta, que se pone de acuerdo: ver Telecinco, disfrutar o gastar pasta en el televoto: ¡Debe ganar Alba Carrillo!, afirma la Astarté televisiva.

Pó-no, fíjate:

  • El ganador de Supervivientes 2017, es… José Luis- vaciló el presentador, mientras Gustavo Bueno invita a los intelectuales leales, al pensamiento universal: a bajar a la caverna (en un camino descendente, como los programas culturales de España, hacia todas las cadenas: triángulos y estrellas italianas y obeliscos públicos). Gustavo está acompañado, por una azafata- de sonrisa vitalista, ¿será del 1, 2, 3 celestial?- ; explotada por el rey de los ángeles- en el Edén- y, en la tierra, está siendo explotada por la tele. La azafata señala dos caminos:

 

  • Los intelectuales que crean en el carácter leproso de la cloaca televisiva: diríjanse al fondo de la caverna: a las sombras, a la pequeña hoguera que juega con los títeres. (La azafata se aparta un pelo de sus hermosos labios plásticos). Y sigan criticando, sin analizar la psicología y la esencia del asunto. Y los que crean, en la filosofía y el progreso y la adrenalina culturalo morbo, sin eufemismos– para las masas; sigan leyendo este artículo.

 

La televisión es el juego político, psicológico, inocente y tirano de esta era: intelectuales, jugad con vuestras ideas; analizad la sociedad: ¡educad a los de la caverna!, grita un kantiano neoplatónico. Pero, ser dinámicos; plantad árboles en el Ser televisivo, y pensad- – y atreveos a erotizar o seducir con las tetas MILF, o pornográficas, del pensar- : no pasará nada.

¿Acaso no somos herederos de Diógenes?, escribe la jurista televisiva Yasmina Zaroui Gammad.

 

 

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