En los próximos días se jugarán los partidos entre Boca y River y entre River y Boca para definir cuál de los dos clubes más grandes de Argentina se alza con el mayor título continental, y esto mantiene atento a gran parte del país, pero en paralelo de lo deportivo, está dejando a su paso una serie de enseñanzas que pueden hacer de nuestra sociedad una sociedad mejor, todo depende si sabemos aprender de la experiencia.

Para comenzar, River pasó después de haber sorteado una presentación del club Gremio de Brasil ante el Comité de Disciplina de la CONMEBOL, argumentando que el técnico de River, Marcelo Gallardo violó la sanción a la que había sido sometido. Y no sólo eso sino que inicialmente se vanaglorió de haberlo hecho, y gran parte de la sociedad entendía lo mismo, dejando en claro que el fin justificaba los medios. Las consecuencias las deberá afrontar en estos partidos, en los cuales no podrá guiar a su equipo desde el banco de suplentes por haber sido suspendido una vez más.

Una vez confirmado que la final sería entre los equipos argentinos, el presidente Macri afirmó en las redes sociales, en principio contradiciendo lo resuelto por el Ministerio de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, que ‘le pedí a la Ministra de Seguridad que trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir.’

Argentina lleva más de 5 años sin contar con hinchas visitantes en partidos de Primera División jugados en la ciudad de Buenos Aires por el alto grado de conflictividad y violencia entre las facciones de los diferentes clubes, que incluso se citaban fuera de los estadios para resolver, en una lucha cuerpo a cuerpo, quién era el más ‘guapo’, quién tenía ‘más aguante’. Y en ese contexto, el Presidente profundizó su mensaje y en una entrevista radial sostuvo que ‘Hoy me levanté y dije vamos a hacer que esta final tenga el condimento del fútbol argentino […] Acordamos que sí vamos a permitir que vaya público visitante […] Esta es una decisión que hemos tomado con el Gobierno Nacional y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires’, decisión que desconocieron las autoridades locales. Es claro que el Presidente no actuó como tal sino como hincha y de una manera que no se espera que actúe un Presidente, aun recordando que durante doce años y antes de dedicarse a la política Mauricio Macri fue Presidente de Boca Juniors.

No puede ser que las decisiones se tomen por un pensamiento al levantarse, deberían tener más maduración y reflexión. Este tipo de impulsos del Presidente lo que hace es minar la credibilidad de sus anuncios, puesto que horas más tarde debió matizar su anuncio y afirmar que en realidad lo que podía hacer es brindar garantías pero la decisión la tomarían los Presidentes de los clubes, dejando en sus manos el desagradable anuncio de deshacer la ilusión en que se habían sumido muchos hinchas. Y el antecedente inmediato es que el clásico rosarino entre Newell’s y Rosario Central se debió jugar fuera de Rosario y a puertas cerradas por una cuestión de seguridad.

Pero no terminaron allí las desventuras. También hubo idas y vueltas en el día en que se jugaría el primer ‘clásico’. Inicialmente se pasó, por razones de seguridad porque en la fecha inicial se realizará la cumbre del G20 en Buenos Aires, para el fin de semana y Boca solicitó que se juegue el sábado, como se había resuelto, por respeto a la comunidad judía. Incluso hubo desavenencias respecto a la posibilidad de festejar en el obelisco, que es donde se celebran los grandes títulos futbolísticos, el triunfo de quien se corone como campeón de la Copa Libertadores. Inicialmente se prohibió hacerlo allí dado los desmanes y destrozos ocurridos en algunos de los últimos festejos xeneizes, pero el gobierno también dio marcha atrás en esto y finalmente permitió que se pueda realizar el festejo en pleno centro porteño.

Y por raro y curioso que parezca, la realidad del futbol no hace más que reflejar la realidad del país. Como River y Boca, un clásico, porque lo tradicional es la improvisación frente a la planificación, lo intempestivo frente a lo madurado, los arrestos individuales frente al trabajo en equipo.

Contradiciendo el lema de su gobierno, Mauricio Macri no está haciendo lo que hay que hacer. ¿Los argentinos, sabremos aprender lo que debemos aprender?

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