No voy a referirme a la copla de Imperio Argentina, con letra de Quintero y música de Mostazo «el día que nací yo». Me refiero a otro nacimiento muy cercano a mi. Aquella mañana amaneció lluviosa. Doña Enriqueta, la comadrona, tenía trabajo por delante; atendía un parto y en esas estaba yo, sin saber que hacer ni a qué atenerme ni lo que me esperaba. Pero nací, seguí adelante y en esas estamos, mientras tenga que dejar de ser, que será irremediable. Desde entonces protagonista y comparsa a mi aire y casi siempre bien acompañado. Todo partió un 22 de julio hace sesenta y siete años. ¡Qué tiempos!

Históricamente el día no ha dado mucho de sí, aunque algún acontecimiento hay para señalar. La primera referencia que encuentro en las efemérides, se refiere a las inundaciones que tuvieron lugar en el norte de Italia, Creta y el tsunami en la ciudad de Alejandría, allá por el 365 de nuestra era. La última es de 2011, en Oslo y Utoya, Noruega. Murieron 77 personas, víctimas del terrorismo fascista. Fue el desastre más importante en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial. No es cuestión de comparar, porque la tragedia humana es siempre una y terrible. Muy cerca tenemos el atentado de Niza; aunque no es menor el dolor producido por las guerras declaradas o no entre países, supuestamente racionales, por intereses alejados de las necesidades de la gente. En estos días he visto una viñeta en la que los simios se plantean dejar de evolucionar hacia el Hombre, exigiendo alternativas mejores que el homo sapiens. Y tienen razones.

En Bailen, el 22 de julio de 1808, se consumo la rendición de las tropas napoleónicas en la batalla de Bailén. Otro gallo nos cantara si las fuerzas napoleónicas hubieran ganado. Pero la historia es como es y lo que trasciende es lo que queda. Napoleón perdió la batalla, con sus 21.000 soldados, al mando del general Dupont, frente a unos 27.000 soldado españoles a las órdenes del madrileño general Francisco Javier Castaños Aragorri Urioste y Olavide, duque de Bailén, que falleció a los 94 años de edad, en la más absoluta penuria económica. Fernando el VII, como buen Borbón, no le reconoció debidamente sus servicios; es cuestión de casta. Sin aquella derrota, la bandera sería roja, blanca y azul y el eslogan patrio «Liberté, Égalité, Fraternité». Mi lema: igualdad, justicia social y solidaridad; algo queda.

En 1931, con la declaración del estado de sitio por la huelga revolucionaria convocada por los sindicatos en Sevilla, comienzan los años convulsos, que llevarán al golpe de Estado de la derecha contra la democracia encarnada en la República. El 22 de julio de 1936, fuerzas republicanas sofocan la sublevación en Guadalajara, mientras fuerzas fascistas toman el Alto de los Leones, paso obligado entre Segovia y Madrid. Las ciudades de San Roque, Algeciras y La Línea de la Concepción, son bombardeadas por barcos leales a la República: Jaime I, Cervantes y Libertad. Uno de los proyectiles hizo blanco en el Morro de Gibraltar, lo que estuvo a punto de crear un conflicto internacional, pero no lo creó; como no lo va a provocar ni el Brexit, por mucho que el ministro en funciones Margallo declare que «es la mayor oportunidad para España en Gibraltar desde Utrecht». Tampoco se creará un conflicto diplomático por la colisión del submarino nuclear británico, con un buque en la costa del Peñón de Gibraltar. Siguen gritando Gibraltar español, que lo es, pero que no será, mientras los intereses geoestratégicos apunten hacia las latitudes que apuntan. Ahora la base de Morón es plenamente estadounidense, tras la venta del territorio por el gobierno español y tampoco volverá a ser española, mientras los intereses norteamericanos, sigan apuntando hacia el norte de África, Oriente Próximo y el Mediterráneo Occidental.

Durante la dictadura franquista, el 22 de julio de 1941, comenzó a emitir para España, desde Moscú y más tarde desde Bucarest, La Pirenaica, Radio España independiente, que hasta el 14 de julio de 1977 siguió emitiendo como radio libre. Por ejercer la libertad de expresión, en 1967, Fernando Arrabal fue juzgado y encarcelado por el delito de blasfemia. ¡Qué tiempos aquellos de la dictadura! Hoy podemos ser detenidos, no solo por blasfemos, sino por llevar un bolso con la cara de un gato y unas siglas. También por informar «sin permiso» imágenes de una operación policial, todo por obra de la ley popular Ley Mordaza del Partido Popular.

En 1975, meses antes de la muerte del dictador, se produjo en la localidad sevillana de Paradas el Crimen de Los Galindos, cortijo donde fueron asesinadas 5 personas. En mi tiempo, conocí hasta cuatro crímenes que violentaron mi vida y los recuerdo como si hubiera sido protagonista. Me refiero al famoso «caso de Jarabo», que fue detenido el 22 de julio, «el crimen del baúl», en la calle Hermosilla y «las 17 puñaladas» en San Blas. También el «asesinato del torero». Todos ocurrieron en mi barrio.

Con veinte años cumplidos, el 22 de julio de 1969, supe que Franco había designado a Juan Carlos de Borbón y Borbón su sucesor a título de rey, con el título de príncipe de España, saltándose la norma sucesoria de la historia de la monarquía. Bien es cierto que se encargó de aclarar que se trataba de una «instauración», una nueva monarquía y no una restauración. «Juro lealtad al Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento y a las Leyes Fundamentales del Reino», pronunció el heredero del franquismo. «Si así lo hiciereis, que Dios y la Patria os lo premien sino que os lo demanden». Sentenció el Claudillo.

Entre 1969 y 1977 el escenario era el mismo. El 22 de julio, se celebró la solemne apertura de las Cortes Constituyentes. El rey Juan Carlos, reconoce la soberanía del pueblo español, sin cedérsela. Hasta entonces a la justicia no se la conocía, a partir de aquí tampoco, siguiendo sin ser igual para todos. El rey, que reinó, pero no gobernó, medró y borboneó, estando por encima de la ley. La persona del rey es irresponsable según la Constitución. Cosas que no se entienden, salvo porque en España, con el franquismo, todo quedó atado y bien atado, encarnado ahora en Felipe VI.

Otro acontecimiento que tendría repercusiones históricas ocurre el 22 de julio de 1478, con el nacimiento en la ciudad belga de Brujas de Felipe I el Hermoso, rey de Castilla y archiduque de Austria, quien se casara con Juan I de Castilla «la Loca». ¿locura de amor o de intrigas palaciegas? Fue reina de Castilla, Aragón y Navarra. Murió encerrada en Tordesillas, primero por orden de su padre Fernando el Católico y después por orden de su hijo el rey Carlos I de España y V de Alemania. Nada fue igual desde la muerte de Felipe. «Psss… el rey está durmiendo y nadie debe molestarle». Los cronistas cuentan que el féretro va en un carro tirado por cuatro caballos. Los conductores encapuchados. El cortejo fúnebre acompañado de clérigos, multitud de soldados, nobles y villanos se unen a la comitiva según pasa y el rostro de Juana cubierto siempre por un velo.

Por último, en el año 2000, José Luis Rodríguez Zapatero, se convirtió en el nuevo secretario general del Partido Socialista Obrero Español, con el 41,69% de los votos de los delegados socialistas reunidos en el 35 Congreso. Momento en el que mi declive como militante en el partido llegó a su límite y abandoné por prescripción ideológica.

No soy menos socialista por no estar en sus filas. Defiendo la igualdad real y efectiva entre las personas, la justicia social y la solidaridad; soy republicano, por decencia y dignidad y en ello sigo. Imperio Argentina se preguntaba: «El día que nací yo, que planeta reinaría». Eso me pregunto yo también.

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