Tal y como están los tiempos y con lo monográfico que está todo, pues mira, paso. Voy a hablar de la sonrisa.

Me mola eso de sonreír, es una gran carta de presentación. La sonrisa: ese gesto que moviliza, al parecer, 17 músculos cerca de la boca y los ojos. Porque sonreír sólo con la boca te deja claramente cara de sociópata, de foto de fotomatón a las 8:00 de la mañana, de no sonreír, vaya.

Sonríen hasta los que no quieren sonreír. Mola esa sonrisa falsa que nos encontramos con alguien que tiene pinta de tener más esclavos en el sótano de su casa que paquetes haya en Amazon. Pero da igual, se agradece el gesto.

La sonrisa también es la respuesta ante un miedo aceptable. El miedo a lo desconocido, a no saber si lo estamos haciendo bien, a meter la pata. Es una sonrisa que anuncia la catástrofe o que pide disculpas antes de empezar o que intenta convencer a lo que sepa dios que haya al otro lado de que eres fuego amigo. También es extraordinaria la sonrisa que ejercitamos cuando asumimos que nos han pillado. Esa sonrisa que siempre es de niño, que siempre es infantil, que siempre pide un abrazo en lugar de un escarmiento.

Otros parecen sonreír pero sólo quieren mostrarte sus dientes. Gente que lleva el bruxismo más allá de los sueños nocturnos y los momentos de solitaria tensión frente al ordenador y no para de mostrarte las piezas dentales bien presionadas unas contra otras mientras, casi al modo ventrílocuo, te cuenta cualquier sandez. Que lo mismo está tenso porque estás mostrando con tu lenguaje no verbal que te importa una mierda lo que está diciendo, también puede ser; y entonces el responsable de esa SDP “Sonrisa Dientes Prensados” eres tú. Vaya…

La sonrisa forzada tampoco queda tan mal. Esas fotos en grupo en las que el entusiasta fotógrafo te pide decir “patata”, “cheese”, “whisky” o simplemente “mirad al pajarito” mientras que, moviendo un dedo por la zona del nido, simula que el pito está fuera del calzón. Todos reímos, unos más que otros, y la foto queda graciosa aunque movida. Qué más da. Y al ver la foto sabes perfectamente el grado de afinidad de cada miembro del grupo con el ejecutor de la instantánea. Desde la sonrisa abierta y franca a la sonrisa pícara pasando por la media sonrisa del que directamente le odia.

Tampoco es necesaria la sonrisa constante. Como las que usan en algún telediario, que les da igual que te estén contando un tiroteo o el último desfile de Karl Lagerfeld: todo te lo cuentan con el gesto sonriente y el entusiasmo de un farlopero un martes cualquiera. Y eso que las dos noticias eran trágicas.

La “sonrisa claroclaro” es de las que más me gustan. Suele usarse en sitios con música o ambientazo alrededor que te dificultan escuchar a tu interlocutor. La “sonrisa claroclaro” combinada con cabeceos afirmativos y parpadeos de ojos es lo que viene siendo “un asentir” completo. No te estás enterando de nada y rezas para que no haya preguntas y sólo sea una chapa más.

En la misma línea está la sonrisa del “no entiendo nada”. Cuando te explican algo y, bien por su complejidad, bien por su contexto, te viene grande. Esta sonrisa suele ir acompañada de una repetición bien despacio de lo que te acaban de decir a ver si por el camino te ilumina un alien protector y acabas alcanzando la noesis platónica. Mientras estamos en este trance (nadie sabe aún por qué) solemos girar los ojos hacia la izquierda o hacia la derecha, y no los movemos de ahí hasta salir del embrollo.

La sonrisa. Todas las sonrisas me parecen buenas, mucho mejores que cualquier síntoma de pena. Necesito ver al otro risueño. Será por eso que me dedico al humor. Y sonrío mientras escribo, aunque sea para adentro, al descubrir que la sonrisa hasta tiene un “día mundial”. Bueno, era de esperar, ahora todo tiene “un día mundial”. Existe el Día Mundial del Pony, de las Papas Fritas y el Día Mundial del Soltero. Así que cómo no iba a haber un #DíaMundialdelaSonrisa. Es el primer viernes de octubre. O sea que fue hace nada. ¿Será por eso que hoy tocaba escribir sobre la sonrisa? ¿será casualidad? ¿será que necesitaba un baño de sonrisa? Será que necesitaba sonreír…por rutina.

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Cómico, guionista y productor. Como cómico lleva años integrado en el circuito nacional de Comedia con su espectáculo “Dicen que soy jebi…” Actualmente colabora como guionista para el canal Flooxer de Atresmedia en el programa de humor “Lo del Floox Show”. Colabora como productor con la asociación cultural La Jarota Producciones. www.lajarota.es

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