Los ataques absolutamente injustos e inaceptables que ha recibido el nuevo President de la Generalitat Quim Torra esta semana pasada, basados en la manipulación, la mentira y la tergiversación y el odio, sin embargo, me han servido para ver más claramente cual es el motivo que lleva al unionismo a actuar como lo hacen.

Aunque las acusaciones que ha recibido el President son injustas (solo hace falta leer los artículos), se aprovechan y atizan cierto resentimiento residente en el subconsciente del colectivo de un grupo importante de catalanes descendientes de la inmigración española venida entre finales de los años 50 hasta mediados de los 70 por el hecho de que la sociedad que les recibió, no lo hizo con los brazos abiertos. Vinieron pobres, con nada encima, y en el mejor de los casos, para vivir en guetos preparados para ellos por el Poder franquista establecido. Llegaron y fueron segregados en grandes barrios construidos con edificios de mala calidad y a toda velocidad, en terrenos sin urbanizar con calles de tierra y sin apenas servicios. El régimen franquista no hizo nada para integrarles en la sociedad de acogida que y como sucede en cualquier lugar del mundo cuando se dan oleadas migratorias de este volumen (que casi dobló la población catalana) el rechazo inicial estaba servido. Aún y así, no hubo grandes fricciones ya que el pueblo catalán se ha constituido a base de oleadas inmigratorias (desde los fenicios hasta las que hubo a finales del siglo XIX (Exposición Internacional 1888) y principios del XX (Exposición Internacional 1929). Este rechazo se notaba en una cierta xenofobia de baja intensidad basado en el nivel cultural y económico de los recién llegados, en muchos casos analfabetos porqué venían del campo, de los latifundios andaluces o extremeños (sin reparar que en esa época también los había en Catalunya, aunque en menor número). Veinte años de vivir de espaldas los unos de los otros, generaron prejuicios mutuos. La base trabajadora en Catalunya la conformaban los catalanes venidos de fuera que se enfrentaban a clases medias y altas que o dirigían empresas o eran las propietarias de estas, formadas por catalanes. La lucha de clases se mezcló también de forma soterrada con la de pertenencia. Existía un resquemor no verbalizado por el trato recibido, por una discriminación entre “ellos” y “nosotros” de dónde se desprendía el mensaje de que “ellos” eran menos que “nosotros”. El epíteto “charnego” era habitual en Catalunya para referirse despectivamente a “ellos”.

Entonces, murió Franco y se estableció el régimen de pseudodemocracia del 78. Y en 1980 gana las elecciones a la Generalitat, Jordi Pujol, contra pronóstico. De él se podrán decir muchas cosas. Seguramente, la corrupción que conllevó su paso por el poder mancillará su obra de gobierno para la Historia. Pero él siempre tubo claro que la situación de la inmigración podía poner en peligro la convivencia en Catalunya. Entonces fue cuando acuñó la frase “català és tot aquell qui viu i treballa a Catalunya” y estableció, con el apoyo de la inmensa mayoría del Parlament de Catalunya, la INMERSIÓN LINGÜÍSTICA, que iba a producir años después, buenos frutos en lo que se refiere a la integración de parte de la inmigración en la sociedad catalana, así como proporcionó el ascensor social de muchos de ellos. La lucha que desde el nacionalismo catalán se hizo para la integración de aquella inmigración también tubo una derivada en el propio seno del nacionalismo, ya que parte de la burguesía (centrada sobre todo en Barcelona capital y en zonas más rurales), que tenía menos contacto con la población de origen inmigrante, no acababa de superar del todo un aire de superioridad. En el otro sentido, también había quien no creía necesario hacer ningún paso para integrarse: a pesar de haber estudiado catalán en la escuela, de ninguna manera estaban dispuestos a hablarlo, ya sea por vergüenza, por falta de necesidad (a pesar de lo que mientan muchos en España, en Catalunya es perfectamente viable vivir sin decir una palabra en catalán), o por convicción españolista. Y esto hecho es un reproche que muchos catalanes de habla hacían algunos catalanes de habla castellana.

Las políticas de integración que ha llevado a cabo la Generalitat han funcionado. En menos de tres generaciones se ha hecho un trabajo ingente si nos damos cuenta de dónde venimos. La inmersión lingüística y el modelo de escuela catalana abierta en valores y laica junto con la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (TV3 y Catalunya Radio) y muchas otras políticas de normalización lingüística, de becas universitarias, etc. han sido las armas principales. Pero no menos importante fue, sobretodo en los inicios del régimen del 78, el trabajo que hizo el PSUC por un lado y la iglesia catalana progresista y catalanista por otro (en este último caso incluso en época del Dictador). Y aún con todo esto, el trabajo no esta terminado.

Y justamente el Procés ha ayudado a avanzar en este sentido. En la primera gran manifestación del 10 de julio de 2010 contra la sentencia del TC nos dimos cuenta de dos cosas: que éramos muchos los que estábamos hartos del menosprecio y la falta de respeto con que nos trataba el Estado Español y que entre una parte nada despreciable de los que estábamos allí, eran de “los otros catalanes” (en expresión de Paco Candel). Este hecho, junto con la aparición de la asociación SUMATE y la necesidad de conseguir más apoyos para la república, ha llevado a tonar consciencia que el sueño de ser “un sol poble” (un solo pueblo), es posible y que los “catalanes de siempre” no son mejores que “los otros catalanes” pero tampoco peores que cualquier otro pueblo europeo. Nos necesitamos todos para conseguir una Catalunya más próspera. Éste es un gran paso que ha hecho el nacionalismo catalán durante el Procés. En esto no hay fisuras. No queremos renunciar al castellano, como no queremos renunciar al catalán, lengua propia de Catalunya y mucho menos a nuestra idiosincrasia, que no es ni mejor ni peor que cualquier otra, pero es la nuestra, la propia de Catalunya.

Desgraciadamente, existen unos partidos políticos que no desean la integración y tratan de avivar y atizar el fuego de los resquemores históricos y anticuados basados en apriorismos, complejos, odios escondidos transmitidos por herencia familiar. Aquellos que se han mantenido encerrados en sus barrios, que menos oportunidades han disfrutado, que menos se han podido integrar, son sus víctimas propiciatorias, porqué también son quienes menos contrastan las “informaciones” que reciben. Se aprovechan de un sentimiento de arraigo extraño, de una identidad difusa (no acaban de sentirse plenamente catalanes, pero tampoco se acaban de sentir andaluces o extremeños o de donde quiera que sean sus ancestros) que les deja como única opción clara de pertenencia la de ser españoles sin plantearse nada más, si esto les beneficia o no. Cuenta solo tener una identidad. Otros que si han podido salir pero mantienen un nivel de odio heredado al país que les acogió (que de hecho es auto-odio), lo camuflan este sentimiento en una impostada y supuestamente racional consciencia de “ciudadanía mundial”. Cuando les preguntas por qué razón quieren seguir siendo españoles, no tienen argumentos de peso, más allá del cumplimiento de la Ley y de que España no se rompe.

El Estado Español los usa como arma arrojadiza contra el independentismo. Atizan todos estos sentimientos negativos porque creen que pueden controlarlos (¿podrán mantener su mentira siempre?) y nunca se darán cuenta que los republicanos catalanes quieren ser un solo pueblo, que no quieren obligarlos a nada, a renunciar a nada. Ni a renunciar a ser españoles, ni a la lengua que hablan. Que es tan sólo una cuestión de cómo se administra el resultado de su esfuerzo. La independencia no es un objetivo en sí mismo, es un medio para conseguir mejorar la sociedad para todos, también para ellos, quitándose de encima un lastre que Catalunya lleva tres siglos soportando y que les perjudica a ellos. Lastre que España soporta desde su propia concepción. Y aquí va el último apunte: el “Procés” también ha servido al republicanismo catalán, para tener claro que una cosa son los españoles y una muy distinta es el Estado Español entendido como corte española: los tres poderes entremezclados, las organizaciones empresariales, las sindicales, la Iglesia, y sobre todo la oligarquía que usa los medios de comunicación para controlar la consciencia de los españoles. A los únicos que no controlan son a los catalanes y vascos porqué hablamos otra lengua, tenemos otra idiosincrasia y otros medios de comunicación que permiten contrastar informaciones. ¡¡SOLIDARIDAD CON LOS ESPAÑOLES!! (Los republicanos porqué son conscientes de los atropellos a que están sometidos y los que no lo son (la inmensa mayoría), porque no son conscientes de ello).

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1 Comentario

  1. Muito bom texto mas como sempre (A los únicos que no controlan son a los catalanes y vascos porqué hablamos otra lengua, tenemos otra idiosincrasia) por que os galegos nem temos lingua nem idiosincrasia.
    Que goberne o pp nom quer dicer que na Galiza nom haja consciencia Nacional simplesmente quer dicer que nom houve burguesia propria como em Euskadi ou Catalunha. Questions históricas particulares.

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