“Solo hace falta prestar atención para sacar algo importante de la nada”

La escritora barcelonesa Marta Orriols presenta en ‘Anatomía de las distancias cortas’ un puñado de relatos aprehendidos de la intangible cercanía

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Foto de Rafel Grafo.

En los 19 relatos de Anatomía de las distancias cortas (Lumen) encontramos de todo, desde una familia enfadada con el trabajo de un “mozo francés de origen africano” o dos vecinas que tienden la ropa en una azotea, pasando por aquella mujer que no encuentra a su hijo perdido en el metro. Lo cercano aprehendido al vuelo por una escritora que recibe la inspiración de una simple frase cazada al vuelo a la vuelta de la esquina. Literatura de aproximación para un mundo en descomposición.


 

 

Sus relatos son como soplos cargados de visceralidad. Te llegan y te noquean. ¿Objetivo conseguido?

Han sido escritos de forma muy visceral, así que me gusta pensar que esa sensación incontrolada y emocional llega inacta al lector, que la distancia es muy corta, incluso un punto incómoda de tan cercana.

 

Su cita elegida para encabezar su libro de relatos, de James Salter, es toda una declaración de intenciones: Nada pasa supuestamente mientras está pasando todo. ¿Así es la vida o así es su literatura?

Así es la vida, seguro. Solo hace falta prestar atención para sacar algo importante de la nada. Irónicamente, la nada está repleta de historias humanamente relevantes para ser contadas. Todo lo que escribo parte de una observación mínima de mi entorno donde, por cierto, nada pasa supuestamente. Pero allí está la calle, el trabajo, la familia, las conversaciones pilladas al vuelo, las imágenes, las relaciones, etc… Allí está todo. La vida tal y como la conocemos, contiene material interesantísimo al que no hay que disfrazar mucho para convertir en literatura.

 

Lo cotidiano, lo más cercano e insignificante en apariencia pueden ser la chispa que despiertan el desarrollo de sus relatos. ¿Todo está en lo cotidiano o la vida es mucho más complicada que su reflejo en la literatura?

Creo que la cotidianidad contiene un lenguaje bellísimo para la literatura y me apetecía narrar historias que se encendieran precisamente a partir de esos espacios ínitmos, mínimos. La vida es compleja y el momento actual da mucho miedo. En este pedacito afortunado de nuestro mundo occidental que es el que reflejan los cuentos, nos gobiernan la comodidad y el progreso, pero hemos fracasado a la hora de conservar la parte más humana, el contacto, el trabajo lento, las tradiciones, el mirarnos a los ojos y saber disfrutar de ello. Estos cuentos son una muestra de esta sociedad que se deja mecer por el hastío vital y la seguridad de tenerlo todo.

 

¿Su conocimiento de la técnica del guión de cine guarda algún paralelismo con sus historias narrativas?

Estudié guión cinematográfico como divertimento, por amor al cine, a la ficción. Es un lenguaje formalmente distinto al literairo. En un guión solo puedes escribir lo que podrás filmar, lo que el espectador podrá ver. El género del cuento tiene mucho de omisión, de subtexto. A menudo pienso que las palabras me limitan a la hora de narrar emociones y por eso recorro al lenguaje corporal. Los cuentos están repletos de gestos porque casi siempre es suficiente un solo gesto para dar a entender mucho. En el cine pasa lo mismo, una mirada, una sonrisa, un silencio pueden conducir toda la acción. Cuando escribo tengo las imágenes en mi mente. Todo el atrezo está allí, aunque luego no aparezcan ciertos detalles. Pero sí, primero tengo la imagen cinematográfica definida en mi cabeza, veo las escenas y luego las transformo en literatura.

“Cuando hay dolor, amar es lo más parecido a respirar bajo el agua”

 

El éxito de su libro en catalán ha traído esta publicación en castellano. ¿Satisfecha con el resultado?

Sí, muy satisfecha. Lumen tiene un catálogo deslumbrante, coherente, elegante donde los autores dialogan los unos con los otros y publica nombres que admiro como Tony Morrisson, Alice Munro o Jeanette Winterson. Formar parte de ello es una sopresa muy agradable. Además, los cuentos han sido traducidos por Eugenia Vázquez Nacarino, que ha hecho un trabajo excelente adaptándose a mi voz como un guante de seda. Ha sido una experiencia muy bonita y satisfactoria.

 

En sus relatos hay renuncias, hay silencios delatores, hay dolor, olvido o pérdida, pero sobre todo hay mucho amor. ¿Es esto, el amor, sobre lo que gravita todo lo demás?

En sentido estricto, el amor no existe. Existe la necesidad humana de compartir, de proteger, de admirar, de acoger, de cuidar, de poseer, y sí, creo que esa necesidad junto al deseo de convertirla en algo físico —lo que conocemos como ‘amor’— es lo que nos hace resistentes al dolor, al olvido o a la pérdida. Sin amor no se vive, simplemente se sobrevive. Cuando hay dolor, amar es lo más parecido a respirar bajo el agua.

“La cotidianidad contiene un lenguaje bellísimo para la literatura”

 

En la solapa promocional del libro se la cataloga como heredera de Alice Munro o Margaret Atwood. ¿Palabras mayores?

Palabras enormes. Más allá de tener una visión personal de la condición humana parecida a la de estas dos autoras, creo que la maestría de ambas es algo que está muy arriba, en un lugar donde solo se puede llegar tras una trayectoria como la suya y con esa mochila llena de experiencia y trabajo duro a las espaldas.

¿Hasta qué punto ellas u otros escritores o escritoras han influido en su estilo literario?

Si hay una influencia estilísitca de estas u otras escritoras o escritores yo no soy consciente de ello. Está claro que uno escribe tras haber leído todo lo posible y que todas esas lecturas imprimen algo en la voz narrativa que uno acaba construyendo, o simplemente contagian el deseo de querer escribir de una forma similar. Yo me decanto casi siempre hacia esas lecturas que estilísitcamente se mueven por el realismo moderno, por un estilo claro y natural desde el que es mucho más fácil indagar en lo afectivo, donde el peso de la historia recae sobre todo en los personajes que transmiten una emoción muy intensa. Escribo buscando esa emoción.

 

Prepara una novela. ¿Tendrá más de Salter, de Munro o del propio Raymond Carver?

Tendrá mucho de mí, pero ya que menciona estos tres nombres y puestos a imaginar, espero que de Alice Munro tenga esa capacidad de volcar en la literatura la experiencia de la vida cotidiana, de Salter su manera explícita y elegante de exponer la sensualidad y de Carver esa sensación tan contundente de vivencia real.

 

¿Guarda el suficiente respeto al desafío o se tirará al vacío sin paracaídas?

Tengo muchas ganas de seguir escribiendo. Estoy convencida que la literatura, junto el cine y las series, es una de las mejores maneras de poder contarnos historias. Aunque hables desde la verdad, la ficción es algo imaginado, una mentira, y para mentir hace falta el valor de tirarse al vacío. El reto es que tras ese salto, la caída no sea mortal.

 

Anatomía de las distancias cortas
Marta Orriols
Lumen
144 páginas
19,90 €

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