He acudido a la presentación de los tres candidatos a las primarias del PSOE y puedo decir que muchos y muchas se encuentran sin un candidato realmente favorito. Salvo los muy fieles, los interesados o los perfileros, creo que existe dentro del PSOE una masa ingente de militantes que se encuentran sin un referente claro. Ninguno de los tres candidatos es una maravilla. Este fin de semana ya han comentado Manuel Domínguez y José Antonio Gómez en las páginas de Diario 16 que casi se va a elegir por descarte. Seguramente ese descarte sea para muchos y muchas Susana Díaz por tener un discurso más clásico. Para otros será Pedro Sánchez por su No es No (tan simple como eso). Y algún despistado se acercará a Patxi López… No a Patxi no se le acerca nadie, sólo aquellos que quieren una posición de negociación posterior.

Sin embargo, ¿despiertan ilusión los candidatos a las primarias? Si les diesen a elegir ¿votarían por ellos o por otros? Entiendo que gran parte de la militancia si pudiese elegir lo haría por otras personas. Y con razón porque ninguno de los tres candidatos tiene el poso político suficiente para enfrentarse al reto que se les viene encima. Esto no quiere decir que con la victoria de uno u otra el PSOE no saque la cabeza del agujero en el que le metió Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba. Pero generar ilusión y confianza será difícil. Sánchez no lo logró en sus dos oportunidades. López nunca lo conseguiría. Y Díaz puede generar verbena y alegría pero no la veo capacitada para lo que le viene.

Todos ellos son producto del aparato del partido. Su vida política, personal y laboral ha transcurrido entre las cuatro paredes del PSOE desde que entraron en las Juventudes Socialistas. Eso, ya de por sí, es un indicativo de falta de visión más allá del discurso interno. Corren con anteojeras los tres. Siguen enredados en un pasado que, en este caso, sí fue mejor. López quiere recuperar la socialdemocracia clásica. La misma que se ha visto incapaz de dar respuesta a lo que nos rodea. Sigue anclado en lo de libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa. Suelen cambiar lo de fraternidad por Justicia Social, aunque no sea lo mismo. Sánchez pretende recuperar el Programa 2000 que resultó un fracaso en su momento. Y Díaz pretende nacionalizar el PSOE. Nada nuevo bajo el sol.

Los tres son la derecha del partido, si lo vemos desde una perspectiva histórica. No se pueden reclamar de ninguna rama (guerrismo, sector crítico, sindicalismo…), salvo ser hijos de la renovación como mucho. Sánchez, que no hay que olvidar pasaba por encima de la voluntad de los militantes como cuando fulminó la federación madrileña, proviene de lo más infecto que haya dado el PSOE, los renovadores de la base de Balbás. Sí, el del tamayazo. Luego se pasó a adorar a Pepe Blanco (otro gran destructor) y por eso apoyó a Trinidad Jiménez con todas sus fuerzas. Había que ganarse el cargo. Y ganó la secretaría general con el apoyo de aparato contra el que ahora lanza sus andanadas. A eso habría que añadir que intentó un golpe de mano convocando sin tiempo un congreso extraordinario que supuso el contragolpe de las baronías. Se puso a llorar y decidió irse (no llegaron a presentar moción de censura contra él).

Patxi López no sabe lo que es no estar en el partido. Fue el niño bonito del PSE durante años hasta que llegó a Lehendakari y reventó los esfuerzos que habían hecho sus antecesores. Especialmente Txiqui Benegas. La colaboración del PSOE con el PNV y apostando por un regionalismo incluyente, que tan buenos resultados dio al PSE y a la sociedad vasca, fue laminado con su llegada a la Lehendakaritza. Se apoyó en el PP más conservador para ejercer su gobierno (suerte que las marcas del entorno abertzale no se podían presentar). Que sí, que haría cosas sociales (¡qué menos!) pero dejó al PSE a las ruedas de los caballos como se ha demostrado en las últimas elecciones. Un PSE de personas mayores y que cada vez es menos referente en la sociedad vasca. Impuso un españolismo contra las locuras de Ibarretxe que arrasó con numerosos proyectos del socialismo de corte regional. El euskera cultural fue machacado por López. Y eso lo paga su amiga Idoia Mendía en estos momentos.

Susana Díaz tampoco puede decir que no haya sido la niña bonita del PSOE andaluz. Se sabe mover como nadie en las cloacas del partido y se ha ganado a base de mucho machacar y batallar contra otros compañeros el puesto en el que está. Es curioso que casi no encontrarán declaraciones suyas de su etapa como concejala, como diputada en las Cortes o de consejera de Igualdad. Sin embargo, ha hecho una labor sorda y de bajo perfil hasta lograr ser lo que es. Políticamente su pensamiento no da para mucho más que lo que es clásico en el PSOE. No hay innovación, ni intentos de ir más allá. Sigue las recetas de sus mayores y poco más. Tiene desparpajo eso sí, pero no sale de la derecha del partido tampoco. No es un Eduardo Madina, con el que se peleaba en las Juventudes haces años, que se pueda decir que representa una izquierda más moderna (que no mejor, por cierto). No, ella es felipista, zapaterista, rubalcabista, chavista y de su Triana.

En las anteriores primarias el PSOE sí ofreció una variedad intelectual e ideológica. La derecha de Sánchez, lo moderado de Madina y la izquierda de Pérez Tapias. A día de hoy todos están en el mismo lado. ¿No hay más gente en el PSOE? Haberlas haylas. Otra cosa es que entiendan que su compromiso en estos momentos es con su tierra (caso García Page) o que no es su momento por inexperiencia. Cuando un partido político crea un sistema oligárquico tan fuerte como el que tiene el PSOE tiende a expulsar a las personas que, pudiendo ser válidas, no quieren entrar en las constantes peleas internas. Esto es algo que aún no nos han contado los tres candidatos.

¿Qué PSOE quieren a nivel interno? Más allá del plebiscitarismo totalitario de Sánchez, no tenemos más noticias. El PSOE ha de cambiar sus estructuras para regenerarse. La autopóiesis del mundo natural no se produce en el PSOE. Aquí se elige por descarte. El menos malo. Por eso numerosos militantes siguen sin referente real dentro del partido. La ilusión que despertaron las primarias con Almunia y Borrell no se ha vuelto a vivir. El aparato machacó al ganador y desde entonces gran parte de la militancia mira con recelo este tipo de elecciones. Incluso Sánchez y Luena, a través de sus abogados, admitieron que las primarias eran un engañabobos para tener entretenida a la militancia.

El PSOE elegirá en breve nueva dirigencia y saldrá adelante, pero muchos militantes seguirán sin tener a nadie en el que realmente confíen y les ilusione. Y si no ganan elecciones, que parece ser la tónica de esta campaña, pues acabarán marchándose a su casa.

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