De nuevo la iglesia. De nuevo montamos en cólera y nos indignamos por las declaraciones vertidas desde el púlpito eclesiástico en contra del colectivo gay. De nuevo nos rasgamos las vestiduras al escuchar a un insigne hombre de la católica, apostólica y romana arremeter contra los homosexuales.

Y yo me pregunto: ¿Tanto alboroto sirve de algo? Lo normal es que los prohombres del Vaticano lancen estas proclamas fascistoides a las que, por desgracia, ya estamos acostumbrados. Lo extraño sería que una institución tan anclada en el pasado, tan defensora de ciertas élites, tan cargada de hipocresía de sepulcro blanqueado, saliera ahora a cambiar el discurso que lleva manteniendo durante siglos en torno a la homosexualidad.

El odio hacia este tipo de amor, para ellos “antinatura”, el rechazo a ese sentimiento que ellos catalogan como desviación y a veces como enfermedad, no es más que el producto del miedo de mirarse al propio espejo y verse reflejado. Porque una cosa tengo clara. Siempre hubo maricones debajo de una sotana.

Hace algunos días celebrábamos el aniversario del nacimiento de Federico García Lorca, asesinado por rojo y maricón. Y parece que en todos estos años la iglesia sigue con su inmovilismo pétreo, con su caza de brujas hacia aquellas personas que como Federico, profundamente cristiano, se sienten “asesinados por el cielo”, estigmatizados desde su nacimiento, condenados desde el mismo día en que nacieron por amar a un ser de su mismo sexo.

El propio Lorca dejó clara su postura frente a la iglesia en su monumental poema ‘Grito hacia Roma’, de Poeta en Nueva York, en unos versos que definen a la perfección la actitud neofascista de gente como el cardenal arzobispo Antonio Cañizares. Decía Federico: “Los maestros enseñan a los niños/  una luz maravillosa que viene del monte;/ pero lo que llega es una reunión de cloacas/ donde gritan las oscuras ninfas del cólera”.

Federico lo vio claro y lo denunció como un grito desesperado al ser él mismo víctima de esa barbarie. Precisamente esas “oscuras ninfas del cólera” de las que nos habla el poeta granadino, son las miles de “locas” que desde el púlpito rechazan su propio miedo. Esos que propagan el odio a lo que ellos mismos esconden en lo más profundo de su alma. Los que tras buscar los servicios de chaperos o bien abusar de menores inocentes propalan su odio hacia a un colectivo cuyo único “delito” es amar.

Por más que la iglesia trate de denunciar y dar “un tirón de orejas” a estos impresentables que desde el púlpito sueltan estos improperios, nunca lo hace con la contundencia que debiera. De este avance del sector más duro de la iglesia católica es responsable únicamente la propia iglesia católica. Así de claro. Porque para defender la familia no hace falta atacar a los gays y las lesbianas, a las feministas y a todo aquel colectivo que no comparta tus postulados. No se hace ninguna valiente defensa de la familia cristiana impregnando tu discurso de una ideología insidiosa y destructora hacia los que tienen un concepto de familia distinto al tuyo. No todo vale.

Por desgracia no será la primera vez ni la última vez que veamos usar las homilías de las misas para hablar de la unión de España, del ataque del imperio gay y ciertas ideologías feministas a los valores de la familia tradicional, etc. Siempre ha habido, y seguirá habiendo, quien sibilinamente trate de mezclar política y religión. Lo mejor. Seguir adelante y tratar de ser libre. Vivir y dejar vivir.

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2 Comentarios

  1. Excelente visión. En general la Iglesia se olvida que Jesús perdonó a los pecadores y condenó al establishment…pero claro el poder corrompe y son muchos siglos.

    • Tienes toda la razón. Estamos frente a una institución anquilosada y que se ha convertido en un nido de fariseos, de sepulcros blanqueados, limpios y perfectos por fuera pero.podridos y hediondos por dentro.

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