En esta campaña electoral nos estamos encontrando con un aspecto que no habíamos visto jamás en nuestra corta historia democrática: la presentación a los españoles de los comicios como si fueran un referéndum o un plebiscito, hecho éste que nos está llevando a unos niveles de absurdo y de falta de respeto a los ciudadanos que sólo pueden ser comparados a situaciones surrealistas propias de la mente de un enfermo. La polarización del voto vista en las elecciones del veinte de diciembre, la incapacidad de los cuatro principales partidos para cerrar un acuerdo de gobierno en los meses posteriores, los errores de algunos de ellos a la hora de poner en la cara de la gente su indefinición ideológica y las actitudes obstruccionistas han hecho que las cuatro formaciones con fondo electoral suficiente como para ser importantes tras el 26-J hayan planteado la campaña como un referéndum: votarme a mí es votar en contra del resto. Eso no es positivo para nuestra democracia.

votarme a mí es votar en contra del resto

Quien está llevando más lejos esta tendencia es el PSOE de Pedro Sánchez, incluyendo el pronombre personal «SÍ» en el lema de campaña. Los constantes fracasos del Secretario General socialista le han llevado a postularse ante los españoles como la única solución a sus problemas y, por ende, autoconferirse una superioridad moral respecto al resto.

Este carácter plebiscitario es un nuevo error de estrategia del PSOE de Pedro Sánchez, uno más de los muchos que lleva cometidos desde las pasadas elecciones. Ya hizo una mala campaña en diciembre presentándose ante los españoles como el garante de los éxitos del pasado respecto a los desmanes perpetrados por el Partido Popular y a la inexperiencia de Podemos y Ciudadanos. Basó todo su mensaje en eso y dar preponderancia a éste respecto a las nuevas medidas que tomaría si era elegido presidente del Gobierno hizo que un programa electoral bastante completo pero sin concreción quedara nublado por lo que hicieron los gobiernos socialistas en el pasado, unos éxitos que, por cierto, la ciudadanía ya tiene asumidos como un patrimonio propio y no como algo que es propiedad sólo del PSOE.

Sin embargo, el mayor error lo cometió con el vergonzoso pacto que firmó con Ciudadanos. Unirse a la derecha neoliberal, a los administradoras de la franquicia del tea party en España. Este acuerdo echó más leña al fuego a quienes acusan a los socialistas de indefinición ideológica, tanto a los que lo denuncian desde fuera como quienes lo hacen desde dentro del partido. Lo peor fue, no obstante, el mantenimiento del pacto tras haber sido rechazado por el Congreso en las dos sesiones de investidura, lo que imposibilitó cualquier otro pacto con las fuerzas progresistas. A esto ayudó también, evidentemente, el obstruccionismo de Podemos al poner unas condiciones que sabían de antemano que el PSOE no podía aceptar como, por ejemplo, el referéndum en Catalunya.

Ahora Pedro Sánchez se presenta ante los españoles con la imagen de que sólo votándole a él se puede producir el cambio que el país tanto necesita. Ponerse como adalid del cambio en la situación actual del Partido Socialista es osado y, a la vez, de una irresponsabilidad suprema. La indefinición ideológica que está sufriendo el PSOE, al menos en su dirigencia, hace que muchos cientos de miles de votantes socialistas se sientan desconcertados y decepcionados. Y si a eso le sumamos la fuga de apoyos por el flanco izquierdo hacia la coalición Unidos Podemos, el futuro no es muy alentador como para presentarse ante la ciudadanía como el paladín del cambio, sobre todo después de haber pactado con quien quiere profundizar en las reformas impuestas por Mariano Rajoy.

Ponerse como adalid del cambio en la situación actual del Partido Socialista es osado

La situación del mapa electoral debería hacer reflexionar a quienes han diseñado esta campaña excluyente en un momento en el que, precisamente, lo que deberá primar es el diálogo abierto, sin líneas rojas y sin traicionar principios ideológicos que deberían ser irrenunciables. Todo parece indicar que el PSOE de Pedro Sánchez va a cambiar su situación: de ser un partido de gobierno se va a convertir en un partido bisagra y eso es algo que no parece que esté siendo bien digerido en Ferraz.

¿Por qué, de repente, ha aumentado el número de comunistas en España? ¿Por qué las clases trabajadoras, tanto de rentas medias como de rentas bajas, están abandonando al partido en el que depositaron su confianza durante varias décadas? Nuestro país no es comunista, neocomunista, eurocomunista, populista, o como queramos llamarlo. Sin embargo, está ocurriendo lo que ya pasó en otros países de nuestro entorno: los ciudadanos abandonan a los partidos socialistas porque no confían en ellos debido a la indefinición ideológica y a las constantes traiciones a su ideario que han ido perpetrando. Este hecho lo estamos viendo en Francia donde el presunto socialista Manuel Valls ha aprobado una Reforma Laboral que podría haber firmado sin que le temblara un músculo el propio Mariano Rajoy o que quiere limitar el derecho de huelga de los trabajadores obligándoles a ir a trabajar. Estas traiciones hacen que la ciudadanía progresista busque otras opciones. Lo hemos visto en Reino Unido donde el Partido Laborista está sufriendo ahora las consecuencias de la Tercera Vía de Toni Blair y de Gordon Brown y se está recuperando muy poco a poco gracias a Jeremy Corbyn y su vuelta a los valores tradicionales del socialismo. España no es Alemania o Suecia donde se ve normal que los socialdemócratas pacten con los conservadores. Aquí eso es visto como una traición y Pedro Sánchez lo hizo al firmar el «Pacto de la Vergüenza». Muchos de los votantes socialistas vieron en este pacto la principal causa de bloqueo de las negociaciones, sobre todo después de la negativa a la investidura y perdieron la poca confianza que tenían en el proyecto del PSOE, por más de que sea un buen proyecto, y cambiaron el sentido de su voto hacia la coalición Iglesias-Garzón. No es que en España hayan empezado a nacer los comunistas, no, lo que ocurre es que son muchos millones de españoles que jamás apoyarán a un partido de la derecha que se sintieron decepcionados en el pasado con el PSOE aunque lo siguieran apoyando pero que, tras la errática senda que ha cogido la actual Ejecutiva y varios de sus barones, han dicho basta y prefieren dar su voto a otras opciones. No es que haya millones de nuevos comunistas es que hay millones de socialistas decepcionados. Este hecho debería mover a los socialistas a reflexionar más allá del 26-J.

Ante esta situación a los estrategas de Ferraz no se les ha ocurrido más que la genial idea de presentarse ante los españoles como los únicos que pueden traer el cambio y de hacer una campaña marcada por el ataque constante a Podemos  por no haber apoyado a Pedro Sánchez en la investidura. Esa negativa de Pablo Manuel Iglesias es lo único coherente que ha hecho el vallecano desde que entró en política y una de las pocas cosas que le aplaudo porque no se rebajó a pactar con la derecha ultraliberal por mucho que desde el PSOE se intentara. Da la sensación de que se ha querido adoptar la actitud del amante despechado que pasa del amor a la injuria en los segundos posteriores al rechazo. De ahí los vídeos y los discursos en los que se quiere asemejar a Iglesias y a Rajoy porque los dos votaron «No» a la investidura de Sánchez olvidándose de presentar a los españoles los matices de esa negativa.

si quieres vender más no hay que denostar a la competencia, más bien hay que alabarla

Esa estrategia excluyente y cuasi plebiscitaria no está dando resultados porque las encuestas, hasta la ultracocinada del CIS, dan una mayor ventaja a Unidos Podemos respecto del Partido Socialista. ¿Qué hará Pedro Sánchez para revertir lo que parece inevitable? ¿Dará por perdido el voto de izquierda y se irá a buscar apoyos en nichos que no le corresponden? Esto sería un verdadero desastre. ¿Luchará por recuperar lo que por su culpa se está perdiendo sin entrar en la descalificación del contrario o en el pataleo del niño pequeño? Hay una máxima del marketing que debería ser tomada en cuenta por los estrategas de Ferraz: si quieres vender más no hay que denostar a la competencia, más bien hay que alabarla. Si en vez de descalificar a Unidos Podemos Pedro Sánchez se presentara ante los españoles exponiendo su proyecto y anteponiéndolo al de Iglesias-Garzón para hacerlo más atractivo tendría un mejor resultado y daría una mejor imagen que la que se está dando en estos primeros días de campaña. ¿Se darán cuenta de ello o seguirán con la exclusión del referéndum han querido plantear a los españoles? Mucho me temo que ni hay ganas ni talante ni carisma para hacerlo y eso será una desgracia para todos.

¿Qué postura tomará Pedro Sánchez si la estrategia le sale mal y se confirma que Unidos Podemos supera al PSOE en votos y escaños? ¿Tendrá una pataleta de niño enfurruñado y actuará del mismo modo en que lo hizo Iglesias cuando Sánchez se postuló como candidato a la Presidencia del Gobierno? ¿Hará lo que tuvo que hacer tras el 20-D y se quedará en la oposición? ¿Se abstendrá para hacer lo que ahora está criticando a Iglesias, es decir, para mantener a Rajoy en la Moncloa? ¿Apoyará la investidura de Iglesias? Ese es el peligro de plantear una campaña como si fuera un referéndum que las consecuencias si no se logra la victoria son brutales para los perdedores. Por otro lado, también se genera un ambiente de sectarismo que se está viendo en los movimientos dialécticos de algunos sectores de la militancia que son afines al secretario general y que afirman que antes prefieren a Rajoy de presidente que a Iglesias, es decir, que están dispuestos a hacer lo mismo que están criticando en la campaña. Como pueden ver, todo muy coherente y todo consecuencia de una estrategia errónea.

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