Shangay Lily en la Feria del Libro 2015 firmando Plasma Virago.

Decir que Shangay no está sería reducirle a su forma física, a su presencia corporal, cuando en realidad lo que hay que recordar es que su legado forma parte de lo que es, y mantenerlo vivo es nuestra responsabilidad. Un legado de lucha por la libertad, por el ser cómo queramos ser y no dejarnos llevar por la cómoda vida de la corriente, de lo corriente.

Recuerdo la primera vez que fui consciente de la existencia de Shangay Lily. Fue viéndole por televisión, sus apariciones como reportera del corazón ya me encantaban. Yo estaba en un momento de redescubrimiento personal y Shangay en plena ebullición de su vida.

No fue hasta tiempo después cuando, con la llegada de internet, la posibilidad de empezar a descubrir a Shangay de una manera más profunda se hizo una realidad. Fue a través de su Divario, un blog personal en plena eclosión de los blogs personales. Sus reflexiones me gustaban, me ayudaban, me empujaban, me daban fuerza para ir abriendo poco a poco en mi nueva vida en Madrid mi pequeño agujero de libertad individual. Cada artículo suyo, cada texto, cada nueva idea iba desgarrando diferentes brechas en ese cada vez más grande espacio de libertad personal. Shangay era y es popper para el cerebro, un auténtico dilatador de mentes.

Porque sobre todo Shangay tenía una de las capacidades que más admiro en las personas, la capacidad de hacerte pensar, de hacer que tiemblen los mimbres de tus construcciones mentales y cambiar de sitio pilares, reafirmar otros y tejer nuevas estructuras sobre las que crear algo nuevo y más bonito todavía que lo anterior.

Tuve la suerte de intercambiar teléfonos con ella. No recuerdo el momento, no recuerdo el motivo, pero nos dimos nuestros números y hablamos varias veces por teléfono. Yo le relataba mi vida y ella la suya. Recuerdo su voz, dulce, atenta… escuchando los duros momentos por los que mediados los 2000 atravesaba mi vida. Faltaba conocernos en persona, cara a cara… tuve varias ocasiones pero siempre me venció la timidez, la absurda timidez que te arrebata muchas veces maravillosas oportunidades.

Finalmente le conocí en persona, sólo una tarde, sólo un rato, sólo un momento en la Feria del Libro de 2015, cuando me firmó su poemario “Plasma Virago”. Me impuso, lo recuerdo. Su figura era y es imponente por todo lo que conlleva para mí.

Por eso insisto, su legado es él y su legado sigue vivo. Pero no se alimenta sólo, no vive del aire o del recuerdo, vive en todas y cada una de las personas que en algún momento de sus vidas han tenido contacto teatral, literario… vital con Shangay Lily y su obra, su forma de ver el mundo. Alguien valiente, sin cortapisas, sin temor al qué dirán que tanto mal causa en much@s y tanto beneficio reporta a otros tantos.

Hace ya dos años que nos falta su voz, su grito, su protesta, su apoyo, su militancia, sus rupturas de esquemas prestablecidos, sus voces de alarma ante tantos y tantos temas… no dejemos que el machismo, la homofobia, el patriarcado, el gaypitalismo se salgan con la suya porque no esté el guardián. Todos, los que queramos, debemos estar ojo avizor ante esos peligros, heredando un legado, el de Shangay, que debería ser el de mucha gente.

Ciertamente es duro, se echa de menos su fuerza, pero el mejor homenaje que se le puede hacer al recordarle es mantener vivo su legado. Luchar por nuestra libertad individual de ser como queramos ser, que nadie nos calle.

Que no venza el silencio.

P.D.: Tengo todos los libros que publicó Shangay Lily. He leído todos pero conservo Plasma Virago sin leer. Es mi tonta manera de sentir que sigue vivo, que aún hay material suyo nuevo por descubrir.

 

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