GARRAPATEANDO sí, porque estos garabatos ni son nuevos ni son míos. Atesoro recuerdos enmarcados en los mismos lugares y escenarios ya mencionados por quienes, antes y mejor, han pasado por aquí recordando todes a un amigo, a Shangay Lily. Al menos, los recuerdos sí son particulares. Cada une los vestimos del color y el calor preferidos. Cada une los situamos en las elegidas estanterías de nuestras vidas de la forma que mejor nos cuadren y combinen con nuestras propias “medallas”.

Yo también estuve contigo –mirándote siempre desde abajo, con igual dosis de fascinación que de atracción– en el mágico Teatro de las Aguas, en el Berlín Cabaret, en La Gloria, en esas noches de Madrid cuando las noches eran deliciosamente canallas y nosotres nos pensábamos libres y diferentes. AHORA canallas, noche y MADRID tienen otras, menos felices aunque más “transparentes” y “participadas”, connotaciones.

Coleccionaba ejemplares y eventos de esa revista a la que diste tanto y tanto te quitó.

Rastreaba imposibles canales televisivos para merendarme tus intervenciones.

Puse distancia, una de esas distancias que crecen solas, cuando sentí que pluma(s), lentejuelas y una exposición mediática tal vez sobreexplotada me alejaban de ti y te alejaban de lo “auténtico” capturado en las redes de la popularidad catódica.

Me tropecé contigo en las aceras de la disidencia de un Orgullo que ya empezaba a dejarnos fuera a muches, inmerso en negocios e historias que no eran las nuestras, que nos negaba la entrada a garitos, igual que a momentos. Que nos señalaba por distintes dentro de la diversidad y presionaba, inútilmente, para uniformarnos. Que silenciaba a nuestros muertos y premiaba a quienes emprendían con voracidad desde las “vías de servicio” de la sociedad rutas ya transitadas por quienes vivían en su nada inclusiva normalidad.

Eran aceras estrechas proporcionadas al número de quienes decidimos subirnos a ellas para revolver los almacenes y escaparates de los que, siendo de los nuestros querían volver a ser de los de ellos, diferenciados en el nombre, asimilados en apellidos.

Te reencontré, años más tarde, en la calle, en muchas calles, en las comisarías, en los juzgados, detrás de pancartas, ante los medios, frente a los miedos.

Te vi del brazo de Elena, de Amparo, de Ali, de Juan Carlos, de Elsa, de Sergio, de Paloma, de Luis, de Alfon…, del mío.

Te oí desabrido y áspero vomitar palabras gordas e incómodas que irritaban esas finas sensibilidades de aquellos crueles especímenes.

Te oí cómo con consoladoras y tiernas palabras hacías sentir a quienes luchan que no están soles.

Hoy… te sueño, en estas luchas de ahora, pequeñas, múltiples, sin sindicatos, sin cúpulas. Telepizza, Deliveroo, Bicing, Tommy Mel´s, las Kellys,… tan segura de que te habría gustado este contagioso “sarampión”…

Hoy… te leo. “Plasma Virago” me dice cosas a las que no consigo poner tu voz. Creo que es una cuestión de pudor, pudor post mortem extraño, ¿no?

“Adiós, Chueca” donde viven otros amigos, también devorados por ”la fiebre del sábado Chueca” me irrita, porque asistí y celebré, como una más, la creación del monstruo y me apena, porque congela indefinidamente tu decepción y tu derrota.

Hoy también hemeroteco buscando columnas tuyas que archivo compulsivamente, para tener un lugar dónde ir cuando quiera encontrarte y propongo:

Qué os parece si procesionamos muy ateos y sin mordazas a un Shangay discrepante y dejamos lo de llorar su ausencia a la soledad de nuestras celdas, FIES, CIES o FAES?

A ello vamos.

 

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