La elección de Sevilla como ‘Best in travel 2018’ por Lonely Planet, famosa editora de guías para trotamundos, consolida la ciudad de la Giralda con un plus de destino turístico. La avalancha de viajeros será acogida por una renovada planta hotelera, multiplicándose apartamentos y casas compartidas que añade oferta para cualquier bolsillo. Siempre acompaña la hospitalidad de los sevillanos, orgullosos de vivir en un lugar importante.

Sevilla no es sólo visitarla y sentirla. Es una experiencia que traspasa sentidos. Sus primeros vecinos son prehistóricos. Se congregaron en orillas del lago Ligustinus, antesala del Atlántico, que conecta al Atlántico con el caudaloso Guadalquivir, siglos atrás navegable hasta más allá de Córdoba.

Las leyendas sobre Sevilla arrancan con su historia. Argantonio, el último y longevo rey tartésico, eligió el tramo bajo del Valle del Guadalquivir para asentar a su pueblo, cuyas huellas son tan invisibles como las del mito de la Atlántida, sumergida en el Ligustinus. Los fenicios bautizaron Sevilla como ‘Ispal’ desde Gadir y se dispersaron por el Aljarafe. Ubicaron en el Carambolo el templo de Astarté, cuyos favores encarnaban prostitutas sagradas. Esta diosa bella, sedente y fértil es el primer fetiche sevillano.

La historia de letra más grande entra en Sevilla por el río Betis, como llamaron los romanos al Guadalquivir. La renombraron Híspalis y construyeron en Itálica un dotado ‘resort’ que alumbró hasta dos emperadores, Adriano y Trajano. Así incrementó deidades y paganos en la Hispania más dinámica. Se comunicó con el mar, la meseta, Atlántico y Cantábrico con vías por donde fluían personas y mercaderías.

La Sevilla más sublime llegó de Arabia con el resplandor de Al Ándalus. Casi siete siglos se sucedieron reyes y califas que reinventaron el pasado respetando credos no musulmanes. Las murallas de Sevilla se abrieron a más mercaderes, sabios, médicos y artesanos cuyas huellas las vemos en la Judería (Barrio de Santa Cruz) y un casco histórico que se completó cuando San Fernando entregó Isbiliya al cristianismo.

La obra civil que derribó las murallas de Sevilla y la abrió más al Río construyó palacios de nobles y burgueses con el brillo que trajo ser Capital de Indias. Marinos y aventureros de toda Europa crearon en Sevilla una urbe cosmopolita, viva, pícara y ferviente que siguió adorando imágenes, banderas e iconos. La Sevilla más provinciana y rancia llegó con el declive indiano. El medievo se despidió de Serba la Bari, como llaman a Sevilla los gitanos, con plagas, inquisiciones y más sombras que luces.

Esta corta historia de una Sevilla imperecedera configuró hechuras en el sevillano. Recibe al visitante con sonrisas que estrechan manos y besos amistosos. El siglo XX reinventó la hospitalidad lúdica con casetas feriales, devoción cofrade e una inmigración que huía del hambre. La religiosidad católica se implantó sobre el izquierdismo social que intentó alejar desigualdades en una metrópolis que hoy supera el millón de habitantes.

Las dos exposiciones universales (1929 y 1992) añadieron sustancia al provincianismo. Reinventaron una ciudad dormida en fetiches y barrocas expresiones. Intelectuales y artistas han centrado en Sevilla su inspiración hasta nuestros días para reabrirla a vanguardias, aunque el conservadurismo reparte entre faldas y pantalones con paradojas de sonrojo, a veces.

El siglo XXI llena el centro sevillano de demasiados turistas y pocos viajeros sin billete de vuelta. Pero son ya más los que disfrutan de la eterna primavera de un lugar, Sevilla, que tiene un calor y color especial. El tórrido verano quita mantas y abrigos en invierno. El azahar, la expresividad del andaluz, la mirada que escruta, el perenne azul celestial, el silencio del intelecto ante una Giralda magna y esbelta impregna la experiencia de la que hablamos. Vale la pena vivirla.

 

VISITAS IMPRESCINDIBLES

Tras aterrizar el cuerpo en Sevilla, la mente del viajero debe estar abierta a una experiencia inolvidable. En la ciudad hay para todo, y para cualquiera que precise relajarse unos días navegando por muchos litorales. Quienes pasan temporadas saben que hay muchas asignaturas que aprobar. Y los sevillanos siempre descubren algo que alimenta un espíritu de lugareño que mezcla lo árabe, romano, barroco, mudéjar, gótico, innovación, diseño, rancio, belleza, luz, colores, clásico….

 

CATEDRAL Y GIRALDA. Junto al Alcázar es patrimonio de la Humanidad. Es la más grande de las góticas cristianas. Aloja a la patrona local, Virgen de los Reyes, la tumba de San Fernando, Pedro I el Cruel, Alfonso X el sabio y Cristóbal Colón. Su tesoro, cubiertas, Altar Mayor y criptas son excelentes. Las bóvedas, el órgano, coro y cristaleras impresionan al igual que los estilos arquitectónicos que atesoran sus exteriores. Subir a la Giralda, icono de la ciudad, emula al muecín a caballo que llama al rezo musulmán por sinuosas rampas. El viaje compensa con vista magnífica, especialmente los días claros. La Giralda, junto al patio de los naranjos y puerta del Perdón son los restos de la Mezquita de Isbiliya.

ALCÁZAR. Este palacio fortificado de reyes acumula patios, jardines, salones y estancias que se construyeron en diferentes siglos. Su recinto inicial estaba en Puerta de Ab el Aziz (Avenida de la Constitución). Alojó al legendario rey poeta Al Mutamid, cuya corte mezclaba efebos y la bella Rumayquiya y fue remodelado por reyes cristianos. Pasear por los jardines e imaginar el esplendor del pasado amortiza la visita tras admirar las geometrías de azulejos, cúpulas y artesonados del interior.

 

MUSEO DE BELLAS ARTES. La segunda pinacoteca española es rica en obra de artistas de la ‘Escuela sevillana’ y su variante barroca (Zurbarán, Murillo y Valdés Leal), más contemporáneas. El convento mercedario que aloja el Museo y sus espaciosos patios no puede ser mejor sede de un lugar donde se añora al mejor artista local, Velázquez, aunque sí hay saga.

 

IGLESIA DE LA CARIDAD. La magna obra de Mañara entusiasma con el mejor Valdés Leal que interroga sobre la vida.

 

ARCHIVO DE INDIAS. Espléndida obra de Herrera que alberga la aventura americana de los españoles en América siendo Sevilla su capital.

 

IGLESIA DEL SALVADOR. La segunda catedral sevillana impresiona, exige visita.

 

ATARAZANAS. Antiguos astilleros.

 

AYUNTAMIENTO. Magnífica obra en Plaza Nueva que marida barrocos y clásico. Por dentro es imprescindible el salón Colón y la primera sala capitular.

 

CASA DE LA MONEDA. Aunque derruida por el olvido y en perenne obra, aquí se acuñaron monedas cuando Sevilla fue Capital de Indias.

 

CASA DE LA PROVINCIA. En Plaza del Triunfo se repiten exposiciones y actos todo el año.

PLAZA DE ESPAÑA. Obra cumbre de Aníbal González que deja huella al visitante. Está representada cada provincia española, tiene un canal central que deben remar los enamorados para consolidarse y escalinatas –puertas de Navarra y Aragón– espectaculares).

 

AÑO MURILLO. 2018 celebra los 400 años del nacimiento del excelente pintor que resucitará para el gran público mediante exposiciones y actos en Catedral, Hospital de la Caridad, Facultad der Bellas Artes, etc…

 

MÁS MUSEOS

NAVAL. Torre del Oro, antigua torre-vigía con excelentes vista en su cubierta.

BAILE FLAMENCO. La imprescindible Cristina Hoyos invita al arte en un paseo inolvidable.

ARQUEOLÓGICO. Excelente colección romana, árabe, copia del Tesoro del Carambolo y prehistoria.

ARTES Y COSTUMBRES POPULARES. Frente al Arqueológico, acerca al cotidiano andaluz por el tiempo.

PINTOR AMALIO. Colección de Giraldas que pintó con el corazón.

TAURINO. En la misma Plaza de la Maestranza recorre nexos de Sevilla con el toro.

CASTILLO DE SAN JORGE. La Inquisición historiada para que no resucite.

CENTRO INTERPRETACIÓN DE LA JUDERÍA. Excelente espacio donde se destapa del barrio hebrero sus activos.

ANTIQUARIUM. Los bajos de Plaza Encarnación escondeN un tesoro casi intacto romano y árabe.

MILITAR. En la misma Plaza de España excelente propuesta para los afines a lo bélico y el uniforme, donde hay colección.

CERÁMICA. En el corazón de Triana se recuerda lo que fue un barrio artesano.

PABELLÓN DE LA NAVEGACIÓN. En la Cartuja se recuerda el pasado marinero sevillano.

ARTE CONTEMPORANEO. Dentro de la antigua fábrica de La Cartuja hay obra y exposiciones temporales muy recomendables.

 

PROPUESTAS

CAIXAFORUM (Interesantes actos y exposiciones de arte contemporáneo a los pies de la Torre de Sevilla, más alta que la Giralda), CASA DE LA MEMORIA (baile, arte y recuerdos del pasado de Al Ándalus), PALACIO DE LA CONDESA DE LEBRIJA (colección imprescindible de una noble que acumuló tesoros compartidos con el público en calle Cuna), FUNDACIÓN FOCUS (interesantes exposiciones y actos en el antiguo Hospital de los Venerables sacerdotes), INSTITUTO HISPANO CUBANO (En plaza de Cuba, institución que atesora archivos del país caribeño y es sede de actos), FUNDACIÓN CAJASOL (en antigua Audiencia, Plaza San Francisco, se repiten exposiciones y actos interesantes), PALACIO MONTPESIER (la actual sede de Presidencia de Junta de Andalucía aloja el barroco exterior e interior remozado por Vázquez Consuegra), LAS SETAS (la obra del berlinés Jürgen Mayer renueva el paisaje sevillano en pleno centro, plaza de la Encarnación), PALACIO DE DUEÑAS (la casa de la fallecida Duquesa de Alba se abre mostrando las joyas palaciegas y jardines que inspiraron los primeros años de Antonio Machado), PALACIO DE PILATOS (sede de fiestas, películas y desfiles de moda, el esplendor de la aristocracia se conserva en la casa Medinaceli), CEMENTERIO DE SAN FERNANDO (lleno de panteones de ilustres artistas, aristócratas, toreros y donde reposa el sevillano que llegó más alto en política, Diego Martínez Barrio; recomendables el cementerio civil, musulmán y hebreo, aunque raramente abren al público), UNIVERSIDAD DE SEVILLA (antigua fábrica de tabacos es un estético monumento que aloja el rectorado y varias facultades), PANTEÓN DE SEVILLANOS ILUSTRES (en los bajos de Facultad de Bellas Artes descansan Condesa de Lebrija, Bécquer y un largo etcétera en frías catacumbas), LONJA (estructura metálica diseñada por Auguste Eiffiel que acoge mercado gourmet colindante al Puente de Triana).

 

PASEAR SEVILLA

La ciudad es cómoda para andar, muy llana y arbolada. El centro histórico es de imposible aparcamiento con auto privado. El transporte público está bien configurado pero es lento. Los taxis son casi los más caros de los españoles. Lo suyo es disfrutar la excelente red de carril-bici con las dos ruedas o coger la única línea de metro existente.

Más razonable y saludable es recorrer el centro andando ideando rutas, disfrutar del Guadalquivir desde el Acuario hasta el Alamillo o enfrente por el paseo de la O y calle Betis. O contemplar las maravillas del Parque de María Luisa, donde los románticos tienen la glorieta de Bécquer, los botánicos especies endémicas y los deportistas tienen espacio para mantenerse. El parque del Alamillo, bajo el puente de Calatrava del mismo nombre, es extenso jardín arbolado donde el paso y la mirada se pierden hasta el huevo de Colón, al otro lado del río.

 

TAPEO Y MÁS

La costumbre sevillana de ‘tapear’ al mediodía y por la noche puede disfrutarse con recetas locales (espinacas con garbanzos, pescaíto frito, chacinas, quesos, pavías, pringás, etc.) en el centro histórico y Triana, pero también en Macarena, Nervión o más al sur de la ciudad en el triángulo Reina Mercedes-Porvenir/Bami-Bermejales. Las marcas cerveceras y de vino compiten por acompañar tan excelsa gastronomía a precios asequibles.

 

ALTERNATIVAS

Alameda: La zona más interesante para conocer el colorido humano de la ciudad es la Alameda, enorme plaza presidida por columnas de Hércules. Cócteles de nota, ambiente LGTB, friki, rockero, guiri así llaman los sevillanos a los turistas), gótico y comida casera se dan cita en una ensalada humana que sustituye a lo cutre de su pasado cuando allí se refugiaban prostitutas y travestis de pago.

Gastronomía: Otra sugerencia es degustar la amplia oferta de comida japonesa, asiática, mexicana, árabe, latina e italiana que oferta Sevilla al visitante. Los fogones del arroz y del bacalao son omnipresentes en las cartas del tapeo sevillano. Las cervecerías especializadas, temáticas y artesanas son fáciles de localizar en una ciudad que adora a la rubia espumosa fermentada.

 

LUNITA PLATEADA, COLOR ESPECIAL

Lo que más cala al viajero o transeúnte, lo que queda, no lo reflejan guías ni artículos sobre Sevilla. La canción hablaba que Sevilla “tuvo que ser…. con su lunita plateada” describiendo noches del amor. Otra canción más actual corrobora que Sevilla “tiene un color especial”. Todo es verdad. Los poetas que pasean sus versos en Puerta Jerez reescriben rimas de Bécquer en el Parque de María Luisa, la princesa que donó su jardín a la ciudad que le enamoró. Vicente Aleixandre, el único Nobel de Literatura sevillano, también deja huella en el Palacio Yanduri, donde vivió. El corazón de la ciudad palpita con el olor del azahar en primavera del naranjo amargo y las esencias del alma entregada a un sitio que acoge al visitante.

 

TERRAZAS Y PASEOS FLUVIALES

Sevilla desde arriba y desde abajo vale más la pena. Numerosas propuestas de terrazas para copear, oir música y disfrutar de la compañía con vistas magníficas vespertinas y nocturnas de la ciudad: HOTEL LOS SEISES (c/ Segovias-Pura Vida), HOTEL INGLATERRA (Plaza Nueva), EME (calle Alemanes), y antigua Galería FULTON (Plaza Alianza) más incontables terrazas privadas con vistas monumentales incomparables.                      Para navegar el Guadalquivir hay posibilidades de cruceros por la dársena de Sevilla y hasta donde desemboca el Guadalquivir, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), alquilar hidropedales, barcas o inscribirse en algún club de remo o piragua. La visión desde el agua de puentes y la ciudad que le acompaña es todavía más genuina.

 

CUARESMA, FERIA Y TOROS

Lo lúdico en Sevilla tiene credos en Abril, cuando concluye la Cuaresma. Los más devotos admiran y rezan a sus imágenes en la ‘Semana Santa’. Los barrios esparcen cofradías que fortifican hermandades de nazarenos y costaleros. En fútbol y remo Betis y Sevilla son rivales que cenan juntos. Entre Macarena, Trianera, Gran Poder o Cachorro y tantas cofradías compiten por ortodoxias, cultos, devociones… Todos dan la ‘levantá’ a una emoción popular que prosigue con las cruces de Mayo.

En la feria abrileña vanidades del ego, belleza femenina, porte masculino, estética equina y del carruaje maridan con hogares efímeros (casetas) que reciben al visitante, siempre invitado, a un Real donde la vida es intensa acompañada de caldos, quesos, frutos de mar y viandas de gula. Los toros, de su parte, funden las pasiones humanas con el astado. La Maestranza es sede del superlativo donde riesgo, valor y temple humano capotean al animal. La ‘fiesta nacional’ empieza a finales de abril y prosigue con la Feria de San Miguel, a finales de septiembre. Definitivamente, en Sevilla no hay carnaval, ni hace falta. Sus fiestas mayores tienen careta, maquillaje: desinhiben a cualquiera.

 

LEGADOS DEL SIGLO XX

Decíamos que las Expos universales en Sevilla dejaron huella. La del 1929 enriqueció los alrededores del Parque de María Luisa con pabellones de arquitectura notable. De los cuatro hoteles de lujo que dejó el 29 sólo perviven dos, Colón (antes Majestic) y Alfonso XIII, que vale la pena visitarlo. Eritaña acoge sede de la Guardia Civil y Andalucía Palace un bloque de pisos al lado de la antigua naviera Ybarra.

En 1992 Sevilla creció con nuevos puentes sobre el Guadalquivir, estaciones de tren, autobús y aeropuerto más autovías que la interconectan con toda Andalucía (A92). La Isla de la Cartuja floreció con pabellones que ahora acogen usos universitarios, tecnológicos, institucionales y empresariales. Aquella Expo resucitó una Sevilla que dormía en laureles aunque después casi muere de éxito pues deslocalizó industria local para adaptarse como capital de servicios.

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